UNA TARDE DE DOS OREJAS EL CORDOBÉS AGRADÓ.

UNA TARDE DE DOS OREJAS EL CORDOBÉS AGRADÓ.

Un sol radiante, los tendidos llenos. Ambiente de optimismo. A las 3:15 de la tarde taurina ayer en la plaza de Santamaría de Bogotá comenzó la fiesta con un sabor de patria, pues hubo una emotiva presentación de la Banda de la Policía Nacional, que fue muy aplaudida. Sin reservas, el público en general demostró un implícito respaldo a la Institución. Vino el ritual del paseíllo. Los alguacilillos por delante, como corresponde. Manzanares a la izquierda, vestido de champaña y oro; a la derecha César Rincón, de verde botella y oro, y al centro el debutante Manuel Díaz El Cordobés , seguidos por sus cuadrillas y los demás integrantes de la escuadra toreril.

13 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Se lidió un encierro de Ernesto González Caicedo, con un promedio de 519 kilos. Tres toros sirvieron y tres francamente no fueron lidiables. Su presentación fue muy al estilo Santa Coloma. Cómodos para los toreros, pero eso sí, con peso y edad.

Cal y arena Manzanares saludó a su primero, un cárdeno lucero, con suaves lances de capa, rematados con media. Al primer empujón en el caballo, el toro produjo un tumbo. Alfonso Barroso volvió a montar en su jaca y le propinó otro picotazo. El diestro alicantino intentó torear a media altura y así el toro se tragó algunos pases. No había materia prima, pero tampoco hubo muchas ganas y por eso el público silbó con fuerza al diestro cuando lo mató de estocada entera.

En su segundo, de 510 kilos, Manzanares estaba picado . El diestro sorprendió a la concurrencia, al recibir al toro con una larga cambiada, para luego ejecutarle, en los medios, lances a la verónica, tres de ellos de gran calidad. Buena vara de Abel Morales. Con la muleta Manzanares logró pases con suavidad y dominio. La afición vio algo de lo que espera de este diestro, pero no todo. Estocada entera, aguantando. Palmas a toro y torero.

El que cambió el ambiente Salió Rincón, y esto quiere decir que cambia el ambiente. Recibió con cino verónicas largas y templadas a su primero, rematadas con media de gran belleza. La pica de Félix López fue medida. Gran par de Monaguillo . Luego se escuchó un Viva Colombia! y Rincón brindó al público, para iniciar con pases de rodilla en tierra y llevar al toro al centro, donde le ejecutó una tanda de derechazos templados y ligados. Otra más, pasándose cada vez más cerca de su humanidad los cuernos, pequeños eso sí, de su enemigo. Pero eso no es culpa del diestro. Ejecutó una serie al natural y continuó su faena con la diestra, rematando bien las series con el forzado de pecho. Al intentar ejecutar uno de ellos fue volteado, por suerte sin consecuencias. Mató de una estocada entera, en buen sitio, y cortó una muy justa oreja.

Su segundo fue un animal de una embestida más incierta que el futuro de la Edis en Bogotá. Parecía tener un defecto visual, pero esto se suple con inteligencia, y Rincón la tiene. Lo sacó a los medios y lo citó de largo y así le sacó algunos muletazos. Pero definitivamente nada se podía hacer. Hasta para matarlo tuvo que echarle habilidad, porque el animal se tornó peligrosísimo.

Un torero diferente Manuel Díaz El Cordobés , combina la agilidad de su juventud con el toreo, valor y mucha gracia. Definitivamente, es un torero muy distinto de los que estamos acostumbrados a ver. Es alegre, recursivo y se gana al público con mucha facilidad. Bastante envidia, de la buena, le debió sentir por eso el candidato Ernesto Samper que estaba en una barrera.

Con la capa no se queda muy quieto, pero es muy valiente y decidido. En su primero, de 493 kilos, hizo un bonito quite por chicuelinas, que arrancó gran ovación. Pero lo mejor fueron cuatro estatuarios, sembrado en la arena, que causaron algarabía general. Ejecutó series por derecha y al natural, mejor los naturales que los derechazos. Pero como hay que darle a todos, también realizó sus alardes de valor: topes en la testuz del toro, manoletinas mirando a los tendidos, el salto de la rana , y eso que hace emocionar a las mujeres, como es arrodillarse sin engaños y dar el pecho. Por si algo faltara, se fue sobre el toro y le metió un estoconazo fulminante. Era lógico: una oreja, con fuerte petición de otra. Y el loquito , Cordobés , se arrodilló, se santiguó y besó la arena. Lo hizo como un santo , dijo una señora. Todo esto, porque había estado frente al mejor toro de la tarde. Un animal muy representativo de los colombianos. Es decir, que muchas veces nos hacen de todo sin que hagamos ningún extraño.

Ya en su segundo, poco pudo hacer. Con el capote El Cordobés volvió a mostrar lo que nos hizo falta el año pasado: electricidad. El toro se tornó difícil, frente al cual no le quedó más remedio que exponer, y de vez en cuando cogerle el pitón para obligarlo a pasar. Pinchazo y estocada.

La tarde, que comenzó con gran calor, terminó fría en la piel y en el alma.

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