DESPACIO Y CON NIEVE VOTARON LOS RUSOS

DESPACIO Y CON NIEVE VOTARON LOS RUSOS

Rusia votó con mucha nieve y poco entusiasmo en la fría jornada electoral decembrina de ayer en la que se decidía por primera vez no solo cuales de los 13 partidos y movimientos inscritos serán los más fuertes en el primer parlamento postsoviético, sino si el inmenso país tendrá vacío constitucional o nueva carta magna. Cuando en la escuelita de la calle Malii Palashevski de Moscú el señor Pankov daba vuelta a las diez de la noche a la urna de la mesa electoral que presidió desde la ocho de la mañana, hacía seis horas que en Vladivostok y otras regiones del Lejano Oriente ya se había cerrado la trascendental votación que tiene al mundo en vilo.

13 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

En esa zona de Rusia, a 9 mil kilómetros de Moscú, la votación apenas sí pasó del 50 por ciento.

En la capital, las cosas no eran mucho más alentadoras. Hacia el final de la tarde, los cálculos más optimistas daban una participacion del 60 por ciento, cifra inferior a la de las elecciones anteriores. En la república de Chechnia, se consideraba una elección en un país extranjero y ni siquiera se votó.

En la de Tatarstán, los asistentes no pasaban del 10 por ciento del total, porque la nueva constitución no les garantiza la soberanía que demandan.

En las principales regiones del Extremo Oriente, industriales y pobladas, la votación pasaba rayando por encima del 50 por ciento. En la región de Primor, no llegaba ni a esa cifra y, aun más preocupante, en las primeras nueve mesas escrutadas, ganaba el fascista Vladimir Zhirinovski.

Datos, sin embargo, parciales y sujetos a severos cambios, pues el conteo comenzaba en una parte de este gigantesco país cuando en la zona europea apenas se cerraban las mesas.

Parece, eso sí, que los rusos han ido a las urnas con menos entusiasmo que en ocasiones anteriores. Las elecciones para Parlamento, sin duda, serán válidas, pues solo demandan la asistencia del 25 por ciento de los electores. Y el referéndum sobre la nueva constitución, para cuya validez es indispensable que vote mínimo el 50 por ciento del electorado, alcanzará justo el promedio necesario.

Los rusos votaron como votaban en tiempos comunistas. Las urnas no se abrieron a las 6 de la mañana, como antes, sino a las ocho. Pero, como antes, trabajan hasta las 10 de la noche.

Hay, también como en el pasado, un bufete. Frente a los dulces de chocolate que valen 159 rublos la unidad, los viejitos comentan indignados o nostálgicos: Hace cinco años con eso comprábamos diez kilos de confites, te acuerdas? .

En Moscú cayó nieve todo el día. Los presidentes de mesas electorales, después de anotar ceremoniosamente el nombre de este corresponsal, decían que el día había transcurrido tranquilo. Con casi 1.000 observadores y una cifra aún mayor de periodistas extranjeros, ya están acostumbrados.

En una mesa, la gente, sin preocuparse del secreto del voto, llena los boletines. Ante las listas de candidatos, grupos de viejitas discuten en voz alta, criticándolos a todos. Se oyen partidarios de Opción de Rusia, el partido de gobierno, de Zhirinovski, el fascista que se teme saque una alta votación, y hasta de Artiom Tarasov, uno de los primeros millonarios perseguidos por su riqueza en tiempos de Gorbachov y que volvió a esta campaña amparado en la intocabilidad del estatus de candidato.

Votos extranjeros Se votó en toda Rusia y fuera de ella. Votaron por segunda vez en su vida, los 30 mil Bomzh (personas sin registro de vivienda) de San Petersburgo.

Votaron cerca de 70 mil rusos en los países Bálticos, y miles en las otras ex repúblicas soviéticas. En Kazajstan se daba por hecho que ganaba Zhirinovski.

Votaron los soldados del XIV ejército ruso en Moldavia, de la Division Motorizada 201 en la frontera tadjiko-afgana y los 11 mil marinos de la Flota del Mar Negro en disputa con Ucrania. Se votó en Chukotka, cerca de Alaska, con un frío de 50 grados bajo cero, y en las repúblicas del Cáucaso del Norte donde en algunos sitios aún parece primavera.

Aun es temprano para cualquier pronóstico. Si la constitución se aprueba, parece que sólo será raspando y con el desacuerdo de no pocas regiones.

El bloque de gobierno no apunta a una mayoría contundente. El fascista Zhirinovski, los comunistas y el conservador Partido Agrario pueden lograr una buena fracción en el nuevo legislativo. Y más de un partido se ahogará por no pasar la barrera mínima del 5 por ciento.

El show montado por primera vez por la televisión se preparaba para dar resultados parciales.

Los medios de prensa extranjeros, a los cuales se pidió pagar 800 dólares por asistir, se negaron en masa a hacerlo. Pero la televisión de todas maneras iba a transmitir toda la noche. Y para hoy, el mundo ya sabrá, aproxidamente, que pasó en Rusia. Otra jornada crucial para la ex potencia comunista.

La nueva Carta rusa El proyecto de nueva Constitución rusa, que según fuentes oficiales fue aprobado en el referéndum de ayer, se compone de 137 artículos, prevé la división de los poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo y la separación de este último en dos cámaras: la Duma de Estado y el Consejo de la Federación.

Es un texto fuertemente presidencialista. El capítulo 4, dedicado a los poderes del Presidente ruso, atribuye al mandatario el rol de garante de la Constitución y de los derechos de los ciudadanos, del funcionamiento y de la cooperación entre los órganos del poder estatal y el papel de comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Es el presidente quien propone al parlamento un candidato para guiar el gobierno, y si este fuera rechazado por tres veces, el jefe del Estado puede disolver las cámaras y convocar nuevas elecciones.

Además, el presidente mantiene el poder de nominar a sus ministros y colaboradores. También puede convocar a referéndum, emanar decretos, firmar o rechazar las leyes aprobadas por el parlamento. En caso de devolución de una ley al Congreso, el presidente deberá firmarla si es aprobada por dos tercios del Legislativo.

El jefe del Estado propone a la Duma el nombre del presidente del Banco Central y le puede pedir la renuncia. Propone al Consejo de la Federación los jueces de la Corte Constitucional y del Tribunal Supremo y el procurador general.

Otra característica del proyecto es la desaparición del concepto, presente en la Constitución brezneviana de 1978, de la soberanía de las repúblicas. Las regiones y los territorios de la Federación Rusa, aun cuando se les reconoce un cierto grado de autonomía local, no pueden decidir la secesión de la federación.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.