ECONOMISTAS: PROYECTANDO PASADO Y FUTURO

ECONOMISTAS: PROYECTANDO PASADO Y FUTURO

Para los analistas económicos del exterior que siguen con atención nuestra economía, y ahora los hay muchos a raíz de la apertura, no debe existir tarea más compleja que la de descifrar qué ocurre en la coyuntura económica colombiana. Si dichos analistas recurren a informarse a través de ciertos centros de seguimiento macroeconómico de carácter gremial o inclusive académico, y de estos últimos quedan muy pocos, tendrán serias dificultades para saber si Colombia está hoy en una profunda recesión debido a la aplicación de políticas neoliberales o en una fase de estímulo del gasto de corte neokeynesiano.

13 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

En efecto, hace unos pocos meses, Fedesarrollo, ANIF y otros centros de reconocida trayectoria generaron, repentinamente, un debate que no ha debido tener lugar en un país. Se dijo que la economía se encontraba en vías de una seria recesión y que, adicionalmente, el gasto público estaba desbocado.

También se aseveró en varios foros públicos que el estado de postración del sector real de nuestra economía sería aún más grave en años venideros, pues los supuestos desastres de la apertura se verían agravados por el efecto de la revaluación que causaría la enfermedad holandesa.

Al iniciarse el último trimestre de este año, el amarillismo económico se ha tenido que desplazar a otros tópicos, pues se ha podido constatar que las cifras de crecimiento son bastante satisfactorias: 4,75 por ciento de crecimiento anual durante el primer semestre de este año y, con las últimas cifras disponibles de 5,2 por ciento de crecimiento industrial (sin incluir la trilla) y de ciertos sectores del área agropecuaria (especialmente la avicultura, la soya y el pecuario), la cifra de crecimiento del PIB de 4,5 por ciento para 1993 puede resultar ahora algo conservadora.

Aún más, las cifras de desempleo de solo 7,9 por ciento en los principales centros urbanos es la más baja de los últimos doce años, logro consistente con el ritmo de actividad económica hasta ahora registrada, aunque no faltan quienes ahora quieran demeritar este tipo de logros.

Recientemente ANIF, con mejor información a mano, no ha tenido reparos en aceptar que la economía atraviesa un buen momento y que, probablemente, el crecimiento continuará así durante 1993. Sin embargo, ahora desplaza sus reservas para el año siguiente afirmando que en dicho año predominarán los factores desfavorables .

Fedesarrollo, por su parte, continúa con su difícil tarea de querer orientar la opinión pública en materia económica, pero sin renovar sus instrumentos de navegación económica.

Por ejemplo, en el mes de julio decía sobre Cusiana y sobre los efectos de la enfermedad holandesa que no había razones para alarmarse y que la situación era perfectamente manejable. Pues bien, cuatro meses más tarde, anuncia a la opinión pública que la enfermedad holandesa ya está aquí y que se encuentra haciendo estragos en nuestra economía.

Ahora, con un inusitado ímpetu de ortodoxia, Fedesarrollo viene haciendo llamados para contener el déficit fiscal, que en realidad no superará el 1,0 por ciento del PIB en 1993 o el 1,2 por ciento en 1994, y se da a la tarea de explicar cómo es que sin el gasto público adicional el crecimiento económico no hubiera (de verdad, verdad) superado el 2,5 por ciento en 1992 o en 1993 y cómo, supuestamente, la inflación podría estar ya en niveles inferiores al 19 por ciento por año.

Para complementar estas absurdas composiciones de lugar sobre lo que hubiese podido ser y no fue, escudándose en la odiosa armadura de andar siempre proyectando el pasado e inventando el futuro sin la seriedad que una y otra tarea deben encerrar, actualmente se viene ventilando la hipótesis de que en realidad los déficits como tales no importan, sino que lo preocupante es el nivel de gasto público.

Este último viraje en el diagnóstico de nuestra economía tiene a más de una analista desconcertado, pues la mayoría de ellos habían entendido que era perfectamente legítimo en ortodoxia económica financiar las necesidades de gasto público si el Estado había logrado asegurar por vía democrática los recursos impositivos necesarios.

En síntesis, el llamado es a realizar análisis de coyuntura más serios y responsables que puedan resistir por lo menos el transcurso de los hechos durante el trimestre, para evitar así desconcertar a inversionistas nacionales y extranjeros que hoy miran a nuestro país con un potencial que nunca antes se había manifestado tan claramente. El debate económico debe continuar, pero sobre bases empíricas sólidas o por lo menos fundamentado en una intuición económica educada sobre la base de la prudencia y la ausencia de sensacionalismo que tanto daño le hacen al inversionista.

(*) Asesor cafetero.

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