GATT: LOS POBRES PIDEN CAMPO

GATT: LOS POBRES PIDEN CAMPO

Los países ricos quieren que las naciones pobres reciban su producción, pero ellos no aceptan comprar los bienes agrícolas provenientes de los menos desarrollados. Aunque este aparenta ser el principal problema de la Ronda Uruguay del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio), los países industrializados saben que el problema real es entre ellos. De todas formas existen grandes presiones políticas que los obligan a dar alguna importancia a las aspiraciones de las naciones en desarrollo.

13 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sin embargo, desde 1948, cuando nació el GATT, las discusiones y los acuerdos se han centralizado en los aspectos que les interesan a las naciones industrializadas. Por eso, la agricultura se encuentra en los últimos lugares dentro del orden de prioridades que se le ha dado al proceso de negociación.

Aunque el GATT nació con el objetivo de organizar el comercio mundial, las ocho rondas que se han realizado demuestran que en los únicos aspectos en que ha habido acuerdo es en aquellos que traen algún beneficio para los países ricos.

Prueba de ello está en que la discusión que se cerrará el próximo miércoles tiene en la agenda temas como el audiovisual, el aeronático y el de servicios.

En el caso de la agricultura, la Comunidad Económica y los Estados Unidos llegaron recientemente a un acuerdo para desmontar de manera gradual el 21 por ciento de los subsidios que se torgan actualmente al sector. Esta labor se cumpliría a partir de 1994 y hasta el año 2000.

El Grupo Cairns (nombre correspondiente a una ciudad de Australia), conformado por Brasil, Argentina, Colombia, Hungría, Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Indonesia, Fiji, Filipinas, Malasia, Tailandia, Uruguay y Chile, no está de acuerdo con lo convenido en materia de agricultura, entre la Comunidad Económica y Estados Unidos.

Por ahora, este grupo de países en desarrollo anunció que no se prestará para formar el consenso frente a lo que acuerden las naciones desarrolladas acerca de otros temas, hasta tanto ellos acepten un plan más agresivo de desmonte de subsidios al agro, los cuales en 1992 ascendieron a 300.000 millones de dólares.

En vísperas de terminar la Ronda Uruguay hay plazo hasta el próximo miércoles, los países desarrollados siguen negociando sobre los temas de su interés, pero se han olvidado de que las naciones en desarrollo no están de acuerdo con los avances en el tema agrícola. Esto indica que todo podría echarse a perder, excepto si una de las partes cede en sus pretensiones.

La reducción de la ayuda directa a los agricultores, si no su eliminación total, ha sido la principal aspiración de los países en vías de desarrollo en estos años.

La razón: los subsidios, dicen los especialistas, distorsionan el mercado agrícola mundial perjudicando a los países pobres, cuyas economías son básicamente agrarias.

Latinoamérica, por ejemplo, no puede exportar cereales al mercado mundial porque está en desventaja frente a los cultivadores de estos productos de Estados Unidos y la Comunidad Europea (CE), que reciben desde altos precios de sustentación hasta apoyo en dinero por sus exportaciones.

Expertos estiman que si el mercado mundial de productos agrícolas fuera liberado de subsidios, los precios en el mercado mundial subirían alrededor de 30 por ciento. Si el Gatt fracasa? Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), una entidad dependiente de los países industrializados, calcula que de ser un éxito la Ronda Uruguay, se redistribuirían en la economía mundial alrededor de 274.000 millones de dólares, mas o menos lo mismo que los países ricos les dan en subsidios a sus agricultores.

Esos millones irían a incrementar el bienestar del mundo para el año 2002, época en que se aspira a que todas las medidas liberalizadoras y los convenientes ajustes estarán en pie , como resultado de la apertura comercial y de la reducción arancelaria en bienes y servicios.

A punto de culminar la Ronda Uruguay, los 114 países que integran el GATT quieren que concluya con éxito, por ser lo más deseable. Sin embargo, si llegara a fracasar, en el comercio mundial se restablecería la ley de la selva , es decir, todos contra todos, señaló recientemente el secretario general de la OCDE, Jean Claude Paye.

Otros sostienen que pese a que los resultados de la Ronda no sean tan satisfactorios, especialmente para los países pobres, es mejor aceptar eso que nada. Mejor dicho, del ahogado el sombrero.

Según la OCDE, el costo de un fracaso en las negociaciones, dice la OCDE, sería muy superior a la pérdida de las ventajas potenciales que supondrá su éxito. Quedarían comprometidos los avances obtenidos desde la Segunda Guerra Mundial en la paulatina liberalización de intercambios , indica el estudio de la entidad.

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