GAMINES: DE BARRIGA AL SOL

GAMINES: DE BARRIGA AL SOL

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Para llegar a Santa Marta, Alci Aldemar Vargas subió a muchos buses y luego al tren. La costa es chévere porque, fíjese, aquí la gente no lo trata a uno tan mal, si uno pide le dan comida, la Policía no jode tanto y el bóxer es más barato. Entonces, para qué más papito... . Alci tiene 16 años y viene de Medellín. Aquí agrega hasta se turistea, porque es que uno también se da sus baños de vez en cuando y se tira al sol y todo . Jairo, así simplemente, otro de los muchachos que llega a rebuscarse en época de vacaciones, es la segunda vez que llega a Santa Marta. Yo ya había estado aquí hace como un año. Me vine por tren desde Medellín con un amigo que no sé ahora dónde está. Cuando eso, estuve como dos meses, después me pillé para Barranquilla y luego a Cartagena.

Lo que más me gustó fue el mar. Esa vaina es increíble. Yo sólo lo conocía por televisión, pero qué va... uno llega aquí y ve eso tan grande... .

Según John James, un niño de 13 años, lo que más le llamó la atención del mar fue el sabor del agua. Sabía que era salada, pero no tan barro... Me hizo vomitar y hasta le cogí bronca , dice.

El mar es el mayor atractivo de estos aventureros y el tren, el principal medio de transporte para quienes vienen del interior. No les cuesta nada y es fácil embarcarse. Uno está pendiente de cuando salga el tren cuenta Jairo se esconde detrás de cualquier cosa y espera para aprovechar el menor descuido de los vigilantes para saltar. Ya uno adentro, busca dónde meterse para que lo vean. Es fácil pues hay cajas y carpas, mucho espacio.

Uno en el tren puede ir mirando el paisaje y como a uno no le interesa el tiempo que transcurra, pues resulta hasta bueno el viaje. Por ahí en las estaciones comemos algo. Algunos se quedan antes de llegar a Santa Marta. Ahí uno tiene es que estar pilas porque hay unos chandosos que buscan bronca por cualquier vaina y tiene que meterles su parón .

Alci Aldemar huyó de su casa hace ya cinco años. Cinco años durante los cuales ha vagado por el país: Bogotá, Villavicencio, Bucaramanga, Medellín, Cartagena, Barranquilla, Cali, Buenaventura y Vichada, entre otras, han sido sus estaciones. Nunca permanece mucho tiempo en un mismo sitio, porque es jarto. Uno tiene que estar pilas de aquí para allá viendo dónde es que están mejor las cosas. Y por ahora Santa Marta está bien .

En esta época crece el número de gamines por ser temporada alta. Imagínese dice Alcia ahora vienen los turistas y nosotros también turisteamos. Esa gente se porta chévere con uno, hasta nos regalan zapatos y comida.

El primer día que llegué aquí, yo no sabía qué hacer, porque como no conocía, pues hasta me robaron los zapatos. Al día siguiente, sí fui como tanteando el terreno y un gringo me regaló un jugo. Después me hice amigos, averigé dónde conseguía el bóxer y de resto pare de contar .

El Filósofo , un gamín un tanto mayor que los otros, asegura que para nosotros lo más importante es nuestra libertad. Nuestro fin es andar y por eso no nos gustan las ataduras, ni conocemos de responsabilidades, ni nada de eso. Cuando uno decide irse a un lugar lo hace de un momento a otro. Sí me entiende? Simplemente nos vamos y ya, después, vemos cómo nos petacamos .

Ya instalados en Santa Marta, su zona de influencia es El Polvorín , muy cerca de la Zona Franca y el Terminal Marítimo, donde se congregan gamines, indigentes, prostitutas y toda clase de malhechores.

También hacen suya la carrera primera, el parque Bolívar y la catedral, donde duermen sobre el asfalto hasta altas horas de la tarde y luego, en la noche, hay que estar despierto para no perder la vida , asegura John, a quien le apodan El Nene .

Durante la jornada del censo, el 24 de octubre, nada más en Santa Marta, punto de partida hacia otras ciudades costeras, fueron contados 85 gamines y 71 indigentes. Las historias son infinitas pero repetitivas. Todos proceden de hogares donde la principal característica son problemas familiares y de tipo económico. También, según los estudios realizados por El Bienestar Familiar, un 80 por ciento de los niños de la calle ha sufrido traumas y han sido víctimas de abuso sexual por parte de padrastros, madrastras y parientes.

Un sueño amurallado A diferencia de la mayoría de sus colegas, la vida de gamín de Luis Angel o San Buche le llaman así porque come mucho no ha sido producto del maltrato de su madre o de algún otro adulto, sino de curiosidad ante las historias de sus amigos de barriada que le hablaban del mar, las murallas de Cartagena y la buena plata que dan los turistas. No valieron consejos ni advertencias de su madre, cuyo nombre no quiso citar porque después se lo pillaban . Quería estar como a él siempre le ha gustado: libre y sin ley.

Fue Lunar de puta quien me dijo que esto era una bacanidad y que a uno los turistas le daban verdes (dólares), y un día me vine pirateando. No me arrepiento porque un man como yo da un paso adelante y ninguno atrás. Mi mamá no sabe en qué sitio estoy, sólo que es en la Costa. Huuuy! cuando llegué y vi el mar ahí mismo me tiré con todo y ropa, jugue un rato con las olas y después ya esa vaina no me llamó más la atención, nada más para bañarme para no oler maluco... pero no lo consigo... .

Tiene 13 años pero aparenta menos, unos ocho. Una dentadura perfecta, cabellos negros lacios y una mirada vivaz, que contrastan con su vestimenta raída de pantaloneta roja, camiseta blanca y azul, y zapatos negros.

Pedir plata es su vida. Lo hace sin ruegos ni caras de niño desamparado porque un varón no se arrodilla . Y es en ese recorrido por calles, playas y sector turístico que se topa con miles de personas que reaccionan de diferentes maneras ante él.

Los más jodones son los cachacos. Tuercen la olorosa (nariz). Me ponen mala cara y si paso por su lado tratan de recoger la comida como para que no me la robe. A una señora yo le dije tranquila mi doña que yo no le voy a robar y más bien ojalá que le alimente .

En cambio, los monitos (extranjeros) son unos bacanes. A ellos les pido y me dan de los verdes. Hay días más buenos, como el día que ganó Colombia a Argentina. Ese fue día de fiesta para los gamines, ah! es que la mínima que nos regalaron fue de cinco mil pesos. Una parte me la encaleté y la otra me la tiré encima .

San Buche tararea una salsa (explica que es lo que más le gusta, pues con ella es con la que mejor se identifica): La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes, cómo no. Ya no hay quién salga loco de contento, donde quiera le espera lo peor. Juanito Alimaña si tiene maña, llega al mostrador... . Y luego retoma su biografía: Hace cinco años comenzó esta aventura. Desde entonces, he ido y venido a Cartagena nueve veces. He visitado a Barranquilla, pero no me gusta; es que allá hay unos morochos que joden mucho a los paisas. Pienso irme pronto para Santa Marta pero en el tren desde Medallo .

Comenta que la travesía de viajar a Cartagena o ir de esta ciudad a Medellín le representa dos días de viaje. De camión en camión, de bus en bus. Se pide el favor y si no quieren llevarlo allá uno se les cuela. A mí me gusta viajar solo para que sea más fácil conseguir el chance, pero cuando uno entra en un camión se encuentra con un poco de pelaos que se vienen para acá. Allí uno habla y en grupo terminamos viajando todos para un mismo sitio .

Muchos conductores que lo han pillado en cualquier punto entre Antioquia y la Costa lo han dejado abandonado. Pero él no se pone cutupete (miedoso) y ahí mismo se arma de valor y pide un nuevo aventón.

Los últimos tres viajes los ha realizado en buses thermoking, con la complicidad de algunos pasajeros, que lo han camuflado debajo de las sillas.

Promete que regresará a Medellín a pasar Navidad y Año Nuevo con su familia. Pero él no estará de vuelta al hogar para esperar ansioso los regalos del Niño Dios, porque no cree en esas pendejadas . No, a ese mancito no lo conocemos por la casa . Vuelve para ver a su madre y a sus tres hermanos, dos menores y una mayor, pero por poco tiempo porque en enero se devuelve a Cartagena.

Ahh! ahoritica que regrese a Medallo , vea, llego con nueve mil pesotes en el bolsillo. Los cojo y los coloco sobre la mesa y le digo entonces qué mamita, aquí estoy de vuelta , con eso la tramo. Claro pues que antes me compro unos buenos pisos (zapatos), unos bombachos (sudadera) y un loro (radio) pa cuando me tenga que volver .

OPINAN LOS TURISTAS Un turista paisa asegura que los gamines sí son un tanto molestos, pero ellos no tienen la culpa de la vida que llevan. Por eso, uno simplemente les da algo a sabiendas de que no va a ser una solución a sus problemas . Gustavo De Luca, turista argentino, expresa que para quienes no somos de aquí es deprimente ver a estos chiquillos vagando sin rumbo fijo, sucios, con hambre, con los rostros desencajados por consumir droga. A uno le da lástima y termina por brindarles comida, o dinero, o alguna prenda de vestir .

Los visitantes del interior no opinan lo mismo. Para ellos, el niño de la calle sigue siendo un hampón, como lo consideran en las grandes ciudades. Los rechazan y los evitan a toda costa.

El secretario de Desarrollo de la Comunidad del Distrito de Santa Marta, Alirio Lobo, explica que, aparte de lo que significa que unos menores de edad crezcan en un medio tan agresivo como la calle, afean la ciudad, quitándole la cara amable que se brinda a los visitantes y exponiéndolos a situaciones de inseguridad.

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