MIENTRAS TANTO, QUÉ HACE ALVARO GÓMEZ

MIENTRAS TANTO, QUÉ HACE ALVARO GÓMEZ

Si de Andrés Pastrana se dice que habla poco, de Alvaro Gómez Hurtado se puede asegurar que no ha dicho ni pío. Y tiene tantas cosas de qué hablar: la candidatura de Pastrana, quién manda en el partido conservador, los quíntuples, qué piensa de Gaviria, qué es ahora lo fundamental, cuál es el futuro de los partidos políticos, se va a lanzar como candidato a la presidencia? Mejor dicho...

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Lo llamé para proponerle un reportaje. Dijo que sí. Pero con la condición de no hablar de política. Acepté ese pacto. Es preferible Alvaro Gómez hablando del imperio persa, que Alvaro Gómez callado por ahí.

Entrevistarlo es un reto. Como periodista, es maestro de maestros. Hueso duro de roer. El pacto de no hablar de política hacía más atractivo el encuentro. Al entrevistador le correspondería el papel de comadreja.

Me recibe en un estudio tapizado de libros (tiene cuatro estancias con la misma función). Impecable. Es un hombre elegante. Está un poco agripado. Eso hace que su voz, tan apreciada por los imitadores cómicos, se vuelva indescifrable por momentos. Es como si se tragara lo que dice o le hablara a un ser que está dentro de él.

El 8 de mayo de 1994 cumplirá 75 años (Rafael Caldera tiene 77 y volvió a la presidencia, aunque proponga que si elegimos a Andrés van a mejorar las relaciones con Venezuela). Sigue siendo un hombre que ama las ideas, las degusta, las acaricia. Pero, como el amante, también entiende el valor del rechazo, de la prueba.

Sus lecturas recientes van desde Engels (fue su dosis bibliográfica durante el secuestro) hasta la última encíclica del Papa Juan Pablo II. Lee El último hombre, de Fukuyama, en compañía de su esposa Margarita. Insiste en que Enrique, su hermano, es más inteligente que él, y no cesa de alabar su discurso hace pocos días, en el lanzamiento del libro El final de la grandeza, escrito por su padre Laureano Gómez.

Dice que su gran pasión en el periodismo fue ser armador. Pero cuando había plomo , aclara.

Lo veo tenso, doctor Gómez, como a la defensiva...

No me quiero meter en política. Estoy defensivo, ahí, en ese punto. Estoy dedicado a estudiar.

Algo en especial? Mucho sobre historia. Para saber qué está quedando. Porque aquí se están liquidando cosas y no está bien preciso qué es lo que están haciendo. Hay una gran inquietud. No por el milenio. Que es una manera inocua de medir el tiempo. Por el fenómeno real de unas cosas que ya se cumplieron, unas que estamos viviendo sin entenderlas y algunos elementos para ir planeando el futuro. Es una ocupación de tiempo completo.

Se liquidó el comunismo...

Lo que todos conocemos destruyó la hipótesis comunista de que pudiera organizarse una sociedad sin propiedad privada. Y eso era una utopía. Y probablemente era linda... La utopía más grande de la historia. Eso se derrumbó y la gente está muy desconcertada. Porque antes la utopía les servía a unos para estar a favor y a otros para estar en contra. Y creíamos que no debíamos pensar en nada más. Pero se derrumbó ese punto de referencia.

Y los partidos políticos como punto de referencia? La gente dice que los partidos se acabaron. Y pues sí. Porque los partidos se simplificaron tanto, que lo único que tenían eran puntos de referencia frente al comunismo. Había una derecha y una izquierda. Una anti y la otra procomunista. Y unas zonas intermedias que navegaban en un conflicto de no saber qué tan procomunistas debían ser para no perder el hilo de la historia. Porque tenían el supuesto de que el comunismo iba a ser el resultado final de todas las cosas.

Usted habla de la simplificación de los partidos. Explíqueme eso... porque otros dicen que es la desaparición de los partidos...

La simplificación de la política. Porque la política era compleja antes, cuando había ideologías. Y ahora resulta que como han dicho que no hay ideologías, desde hace unos años no quedó otra política que hacer sino medir el grado de afiliación y oposición al comunismo. La política es una cosa mucho más seria.

Lo dice por la falta de ideas? A ver, mire... Yo creo que hay ideologías. Me ha sorprendido que inclusive dentro de los conservadores se han dedicado a demostrar que no hay ideologías. Que se acabaron. Eso es una simplificación también. Porque la ideología es un conjunto de ideas que entrañan para el hombre una obligación de actuar. De pronto, por facilitar la vida, por no tener ideas nuevas o por querer actuar sin ningún inconveniente, dicen que no hay ideologías. Entonces la persona que dice eso puede hacer lo que se le dé la gana. Es el gran pecado de la política contemporánea.

A usted lo cambió el secuestro? Usted es una persona diferente desde entonces? Yo no creo. A mí no me pasó nada. Considero que tuvieron respeto por mi dignidad. El resultado de un secuestro es siempre una aproximación a los motivos básicos de las crisis. Qué está pasando en el país? Pero son dos cosas las que importan en un secuestro: la impotencia; es decir, no poder hacer nada, y solicitar que nadie haga nada. Lo otro es la sensación, muy punzante, de los elementos de decadencia. De las costumbres, de la justicia. Pero la decadencia suscita una obligación política. De intervenir en política. Es una responsabilidad común.

Pero entonces no entiendo: usted me habla de que no hay ideologías, ni partidos, y de que la decadencia percibida durante su secuestro suscitó una obligación política... Y no quiere que hablemos de política... Usted me dijo que quería hacerme un reportaje. Y yo le dije que no estaba haciendo política. Usted me dijo que no hablaríamos de política y por eso acepté y no voy a contrariar ese propósito. Por qué? Porque una cosa es retirarse de la política. Cosa que yo no voy a poder hacer nunca. Y otra cosa es no hacer política. No hago política en este momento porque no tengo propuesta. No se me ha ocurrido. Tengo muchas ideas, pero una propuesta global que saque al país de la situación actual, no. Soy honesto al decir que para que yo haga política, como siempre, hay que proponer algo, y uno sale a hacer política para que ese algo se convierta en una realidad. Ahora la situación es tan crítica que no se puede hacer sino una propuesta global. Una propuesta a favor o en contra del gobierno o del partido liberal eso es muy chico. Aquí lo que hay que hacer es una gran propuesta para transformar el establecimiento, el régimen... Pero ahí me estoy metiendo en política...

Usted dice que no hace política sino cuando tiene una propuesta. Uno puede pensar que entonces a usted no le interesa la política sino cuando puede ser candidato, cuando tiene una opción presidencial, para hacer un cambio grande... Lo último, sí. Pero precisamente porque no puede ser una opción personal la que uno le presenta a la gente. Uno no puede hacer política con un nombre, sin saber ese nombre qué va a significar. Yo siempre he tratado de presentar una tesis y me meto a defenderla, a tratar de sacarla adelante. Mire, yo he tenido unas frustraciones muy grandes... Yo fui el primero que quise mover al país hacia una política de apertura. Era muy enemigo del cepalismo, porque era una actitud de debilidad consistente en encerrarse. Entonces nos encerramos. Cuando yo me fui a Taiwán la primera vez, tenía un ingreso per capita menor que Colombia y estaba haciendo un esfuerzo grande frente a Corea. Pero tenía un crecimiento muy alto. Vine a proponer que nos preparáramos para abrirnos. Cómo? Concentrando los esfuerzos en aquellos puntos en donde teníamos que prepararnos para la competencia extranjera. Y propusimos eso. Nos dijeron desarrollistas . Me derrotaron. Y no tuve más apoyo, digamos, que una frase de López, que dijo un día que Colombia debía ser el Japón de Suramérica o algo así.

Pero cuando Gaviria comenzó a montar su plan económico de la apertura, la competencia y todo eso, alguien dijo: pero vea, si este era el desarrollismo de Alvaro Gómez... Correcto. Pero la diferencia es que yo proponía prepararnos para abrir. Y lo que han hecho ahora es abrir a ver qué pasa. Y hay un poco de muertos..., no?, industrialmente...

Usted cree que esa fue una mala jugada? Ya le dije que no quiero meterme en política ahora...

Ah, es que eso es de lo que tampoco se puede preguntar...? La política económica? Es que hoy no hay más política que la económica. Porque como no hay ideologías. Yo necesito que haya ideología para seguir siendo conservador. Si no, no vale la pena.

A usted no le parece grave lo poco que menciona la palabra conservador en lo que llevamos de la charla? El conservatismo que hay en Colombia no cabe dentro de una estructura de partido. No cabe ahí. El problema es influir en la formación futura de esta sociedad, a base de ideas. No se puede circunscribir a una política puramente electoral. La legitimidad de ser conservador no depende de que se gane una convención. Depende de que uno sepa comprender la ideología conservadora. Lo que yo llamo el talante...

No será que usted, aquí, en su encierro voluntario, está preparando una ideología del conservatismo...? Para el siglo siguiente, si usted quiere. Hay que ver cuál es la obligación política que nos resulta del triunfo de la democracia y del capitalismo. Ahí sale una obligación moral de hacer política. Mire, he estado leyendo la última encíclica del Papa. Porque yo soy un católico entusiasta. Y esa encíclica dice cosas políticas que la gente no ha entendido bien. Dice que hay una ley natural que le infunde al hombre la noción del bien y del mal. Todo hombre está en capacidad de conocer qué cosa es buena y qué cosa es mala. Sustancialmente. Por ejemplo, matar: eso siempre es malo. Los asesinos en Colombia andan con la Virgen del Carmen, con escapulario, porque saben que esa es una cosa mal hecha. Y buscan de antemano una especie de absolución. Pero todo hombre sabe qué es bueno y qué es malo. Y eso entraña una obligación de hacer política: a favor del bien o favor del mal. Entraña que la política tenga una expresión espiritual y moral. Es la posición más antiliberal que ha tenido la Iglesia. Porque establece que no puede haber una moral laica. El Papa es enemigo declarado de eso que llaman el pluralismo . La gran conquista liberal.

Pero es la vida moderna: adaptarse a las circunstancias. Es lo que hacen los candidatos: no se casan con nada...

Por eso es que no tienen ideología. Porque si tienen ideología, no pueden ser pluralistas . Nosotros los conservadores somos tolerantes, pero no pluralistas .

Usted sigue hablando y yo sigo sin entender por qué se aleja de la política...

No me he retirado. Es que no tengo la propuesta que me comprometa. Siempre he propuesto algo. Desarrollismo, Salvación Nacional...

A propósito, qué se hizo Salvación Nacional? Fue una propuesta. Que ejercimos en la Constituyente. Y evitamos el revolcón . Porque esa fue una Constituyente conformada por minorías, que es la cosa más peligrosa que puede haber.

Está de acuerdo, de todas maneras, en que quienes debieron conformar el nuevo Congreso debieron ser los mismos Constituyentes? Lo que está pasando... Pero es que ahí entramos en política... Lo que está pasando es que la presidencia les entregó a los antiguos miembros del Congreso todos los recursos: Capitolio, empleados, auxilios... Y entonces los que sabían utilizar todo eso, pues se hicieron reelegir.

Doctor, por su forma de hablar, por lo que habla, a uno le queda la impresión de que usted vive animado de un espíritu de grandeza que heredó de su papá...

Son más motivos para determinar la pequeñez más que la grandeza. Lo que pasa es que en este momento como no hay programas, todas se vuelven iniciativas individuales a veces congruentes y a veces no. Yo, por ejemplo, soy partidario de la planeación. El actual ministro de Hacienda parece que no. En la Constitución actual hay cuatro o cinco artículos que establecen el sistema de una planeación democrática. Yo creo que el presidente de la república no se los ha querido leer. No hay ni siquiera objetivos mediocres. Disminuir la inflación dos puntos por año es una mediocridad. No hay ningún propósito nacional. No hay ninguna obra pública importante propuesta. No hemos podido hacer un puerto, una ciudad moderna. Está dormida la iniciativa gubernamental. No hemos podido fijarle una meta a la bonanza petrolera. Pero me estoy metiendo en política...

Cómo ve el futuro de Colombia? Muy favorable. Durante la mayor parte de mi vida, Colombia no tenía recursos en moneda extranjera. Ahora tenemos abundancia de divisas...

Buenas o malas...? La calificación moral es un tema buenísimo pero eso es otra cosa. Al país hay que proponerle formas de desarrollo correspondientes a sus capacidades. Cosas grandes. Porque a mí me angustia mucho que países que tuvieron menos aptitud para el desarrollo, tengan un crecimiento gigantesco. China, Brasil... Nosotros seguimos con metas pequeñitas.

Una de sus frustaciones es no haber sido presidente? Sería un poco farisaico decir que no. Sí hay una frustración ahí. Porque pienso que se hubieran podido hacer unas cosas que no se hicieron.

Uno podría pensar que 1994 va a ser un año en que vamos a tener la candidatura de Andrés Pastrana y la ideología conservadora de Alvaro Gómez? No me pregunte eso porque eso es violar el pacto.

El año próximo se cumple uno de sus sueños: un buen equipo con posibilidades en un Mundial de Fútbol...

Sí. A mí me sorprendió nuestro estilo de juego. Eso sí tiene congruencia.

En el interés de los colombianos en 1994 va a haber un partido muy atractivo: las elecciones contra el Mundial de Fútbol: cuál va a ganar? Todo depende de los preparadores.

Dígame un marcador...

Fútbol 1, Elecciones 0.

Doctor Gómez: quién le garantiza al país que usted se queda tranquilito aquí estudiando, y no se lanza como candidato?cf37] Yo no le tengo que garantizar eso a nadie. De pronto, si tengo una propuesta que valga la pena, y me entusiasmo, pues vuelvo y juego. Juego con las personas que quieran jugar.

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