LOS 6 CAZADORES DE PABLO ESCOBAR

LOS 6 CAZADORES DE PABLO ESCOBAR

Ninguno de los oficiales que participó en la operación que terminó con la carrera criminal del hombre más buscado del mundo podía creer que por fin lo habían localizado. Y por eso, desde el instante en que supieron con exactitud en dónde estaba Pablo Emilio Escobar Gaviria, ese 2 de diciembre se convirtió en un día inolvidable en sus vidas. Poco antes de que recibieran la orden de desplazarse al sitio, en la calle 79 # 45D-94, en el barrio Los Olivos, del sector de La América, al occidente de Medellín, los seis últimos cazadores de Escobar se encontraban en una patrulla del Bloque de Búsqueda conformada por cuatro vehículos.

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Estaban cerca del cerro El Volador, situado en el suroccidente, al otro extremo de la ciudad.

Ahora recuerdan que lo que siguió fueron instantes de increíble tensión. Parecía que nunca íbamos a llegar , relata uno de los oficiales. Su patrulla tuvo que franquear un trancón tras otro y esquivar los carros particulares que se atravesaban como nunca, sin siquiera sospechar que estábamos a punto de llegar a Escobar .

Aunque el cerro y la vivienda en donde había sido localizado el jefe del cartel estaban cerca y un vehículo podía hacer el recorrido en aproximadamente 15 minutos, para los integrantes del Bloque la distancia se hacía enorme al punto de que a uno de los oficiales le pareció que el tiempo se detuvo justo en mitad de los trancones.

Los seis oficiales que finalmente enfrentaron a Escobar integraban una patrulla que llevaba cerca de 15 días trabajando casi las 24 horas y, aunque todos parecían uno solo, cada uno de los oficiales que participó vivió su propia situación. Estos son sus testimonios.

Cuando recibi la orden, me pareció menteira Oficial No. 1 Parecía que no íbamos a llegar nunca. Todos los vehículos se nos atravesaban. Nadie sabía qué estaba pasando de la desesperación que llevábamos.

Desde hacía 5 días estábamos trabajando prácticamente las 24 horas a la espera de que en cualquier momento llegara la orden de trasladarnos al lugar donde se encontraba Pablo Escobar. Cuando recibí la orden, me pareció mentira.

Me ubiqué contra una de las ventanas de la vivienda junto con cuatro compañeros. Los demás se movilizaron para ganarse la parte posterior de la casa. En seguida uno de los cuatro tomó una maceta y comenzó a darle a la puerta.

Cuando la puerta se abrió, penetré inmediatamente detrás de uno de mis compañeros, con el arma lista a disparar. No sentía nada. Sólo estaba atento pare ver dónde estaba Escobar. En el interior de la casa observamos un taxi y como sabía que posiblemente Escobar estaba utilizando este medio de transporte, exclamé: Busquémoslo; por aquí está .

Frente a nosotros dos estaba una escalera que conducía al segundo piso. En el momento en que ascendíamos, observé a mano derecha una sala y un televisor encendido y al momento escuché los primeros disparos. Mi compañero gritó: ahí va! Me tiré al piso. Aún en las escaleras y mientras permanecía agachado, siguieron las detonaciones. Continuamos así hasta que llegamos al segundo piso. En cuestión de segundos observamos dos habitaciones y en ese momento, entre el ruido del fuego y en el momento en que disparaban contra nosotros, escuchamos que alguien dijo que se había tirado por atrás.

Con mi compañero encontramos un balcón por el que él se asomó, y, con un fusil en la mano, disparó hacia abajo al tiempo que yo lo cubría y hacía lo mismo. Nos quedamos unos segundos contra la pared y cuando no se escucharon más disparos, nos asomamos y vimos a una persona tirada en el piso del techo de la casa de enseguida. Ahí estaba Pablo Escobar...

En ese momento no creía lo que estaba sucediendo.

Estuve en varias operaciones y sólo esperaba encontrar la persona que nos condujera al paradero de Escobar. Cuando por medio de nuestros equipos técnicos, las personas que los manejan y que siempre estuvieron al lado nuestro pero pasaron inadvertidas, localizaron a Camilo Zapata, me aferré a la esperanza de localizarlo, casi cuando ya todos nos habíamos dado por perdidos.

Rápido que yo tengo el sitio Oficial No. 2 Nos encontrábamos ya coronando el cerro de El Volador cuando de repente el primer carro, en forma espectacular, dio la vuelta para regresarse y en seguida lo hicimos todos los demás .

No me imaginé en ese momento qué había pasado. Cuando vi a mi jefe acomodándose el chaleco; ya estábamos sobre la avenida y con rumbo fijo. En el trayecto me alcancé a comer una uña. El desplazamiento fue de película: trancones, carreras y desespero, pero muy seguros de lo que nos esperaba.

Cuando llegamos a la casa, lo primero que hice fue mirar el balcón, pues tengo una frustración por una experiencia vivida: desde un balcón me hirieron en una oportunidad.

Se derribó la puerta con una maceta e inmediatamente se escucharon varios disparos. Enseguida unos compañeros se tiraron al piso mientras que otro gritaba que un hombre saltaba por la ventana. Yo corrí a avisarle a los de atrás que tuvieran cuidado que ahí estaba. Lo hice por la casa de en seguida y cuando volví a entrar, un compañero estaba disparando contra los delincuentes: eran Pablo y El Limón .

Pablo ya estaba tirado en el techo, muy mechudo y barbado. Parecía un pordiosero. Sentí angustía y ganas de llorar y desocupé mi metra de una ráfaga que hice hacia arriba y me di un abrazote con todos mis compañeros.

Pablo vestía un jean azul desteñido, remangado, una camiseta azul, portaba sobaquera doble, estilo película, y dos pistolas. El Limón vestía pantaloneta azul con camiseta azul y roja.

Es inolvidable escuchar el grito de Viva Colombia cuando se le informó a mi coronel que habíamos cumplido la misión. Y ahora, aunque es difícil expresarlo con palabras, puedo decir que siento mucha satisfacción.

Parecía un podiosero Oficial No. 3: Esta no se me pareció a ninguna otra operación, pero ha sido uno de los momentos más importantes de mi vida por haber librado al país y al mundo del criminal más sanguinario.

Yo sabía que Dios me daría esa satisfacción, pues personalmente llevaba 4 años buscándolo. Había estado presente en todas las operaciones que se habían realizado contra él, y viví en Medellín los terribles días donde diariamente mataban a traición a docenas de policías.

Durante las últimas dos semanas permanentemente estuvimos en alerta las 24 horas del día y realizábamos avanzadas en forma minuciosa de acuerdo con el sector en donde se pensaba que se originaban las llamadas de Escobar.

El día de la operación final nos encontrábamos en el cerro El Volador cuando se detectó el sitio de origen de la llamada. Lo primero que pensé fue en ordenar rápidamente que las unidades bajo mi mando se distribuyeran a todo lo largo de la calle trasera de la casa señalada como objetivo, pues tuve la corazonada que por este lugar trataría de huir.

Escuché cuando el personal que tenía la orden de penetrar por el frente empezaba a realizarlo y escuché unos tiros. Miré para arriba y vi a los dos hombres que corrían con trabajo por el techo, tratando de ganar la calle.

El primero vestía pantaloneta y camiseta; fue el que primero nos vio y nos disparó, saltando desde el techo al antejardín desde donde nos siguió disparando. El segundo hombre, un tipo robusto, barbado y de larga melena, a quien reconocí inmediatamente como Pablo, también nos disparó y trató de devolverse por el mismo techo, pero cayó a mitad de camino.

Vestían mejor sus sicarios Oficial No. 4: Cuando íbamos llegando al cerro El Volador, me di cuenta de que los tres carros de adelante, donde iban los comandantes y su tripulación, se devolvieron rápidamente y se empezaron a colocar el chaleco antibalas, todos afanados y sobre la marcha.

De inmediato yo, que iba en el cuarto vehículo, hacía lo mismo y mi tripulación me preguntaba qué estaba pasando, les contesté que no sabía pero que lo más seguro era que íbamos a capturar a Pablo.

En ese momento cambié de frecuencia al radio y escuché cuando el personal de goniometría le decía al comandante de nuestro grupo: Rápido que yo tengo el sitio . Todos íbamos pensativos, preparándonos y pidiéndole a Dios que se acabara esta guerra tan dura.

Cuando llegamos con mi patrulla, estábamos desubicados del sitio. Entonces le pregunté al personal de goniometría cuál era la residencia y me dijo que en el otro lado de la cuadra, entonces con la patrulla de un capitán decidimos rodearlo.

El capitán, un sargento y yo empezamos a buscar una casa para asegurar la parte de atrás. Entramos a una casa y no hubo forma de lanzarnos al techo así que salimos desesperados y angustiados.

Cuando íbamos corriendo por la calle escuchamos los primeros disparos. Más nos desesperamos por no saber de la suerte de nuestros compañeros que estaban en el tiroteo de enfrente.

Cayó a mitad de camin Oficial No. 5: Cuando nos desplazábamos al lugar donde se había ubicado la residencia el tiempo pareció que se detuviera. Pensé en cumplirle a la institución, al pueblo colombiano, en no fracasar nuevamente y ser cuestionados por una labor que en varias oportunidades fue fallida.

Estando ya en el sitio le dije en varias oportunidades a mi jefe: Mírelo, mírelo, les está disparando, nos dispara, cúbrase . Fueron minutos de gran suspenso.

Accionar mi arma, cruzar fuego con los dos sujetos que trataban de huir, ver caer a uno de ellos del tejado al antejardín y al otro que vestía bluyín y camiseta, dejar de disparar, escuchar las voces de mis compañeros que nos decían el otro cayó y está sobre el tejado , fue extraordinario; pero lo fue más cuando, desde la parte alta donde se encontraban, mis compañeros gritaron: Cayó Pablo. Sí es Pablo. Viva Colombia .

No lo podíamos creer. Parecía mentira. Nos olvidamos de grados, éramos uno solo. Algunos vecinos de la casa tampoco lo creían, pero nosotros no teníamos dudas.

Ahora puedo afirmar con gran exactitud y recordar cada uno de los hechos donde participé con el sólo objetivo de terminar a un mal denominado cartel de Medellín.

Fueron muchos. Cada una de las operaciones era la muestra de la dedicación y confianza que depositaron nuestros superiores. Conformar este grupo representó tal vez la mayor de mis experiencias policiales. Rodearse de personas de gran calor humano, frías y calculadoras, es un contraste difícil de aceptar, pero así era.

Sí es Pablo, Viva Colombia Oficial No. 6: Cuando llegamos al objetivo y una vez abierta la puerta entré de primero. Hice un recorrido visual por todos los sitios de la primera planta para ubicar sitios donde una persona se pueda esconder. Los oficiales que me seguían registraron un cuarto y un vehículo y es en ese instante se escuchan movimientos en la segunda planta.

En el segundo piso vimos a una persona saliendo por una ventana. Sólo se distinguía que era gruesa y de cabellos largos y vestía una camiseta oscura.

Cuando grité: !quieto , Policía , el individuo hizo dos o tres disparos, me tiré al suelo y respondí al fuego. Subí en compañía de otro oficial unas escaleras y al asomarme por la ventana la persona disparó y vino la reacción del grupo que estaba en la parte de atrás.

En el cruce de disparos es cuando éste cae. Me descolgué por la ventama, empuñé mi fusil de dotación apuntando al cuerpo caído ya que tenía en la mano una pistola. Observé a un hombre con barba, bigote corto, cabello largo, camiseta azul, bluyín, descalzo, con una pistola 9 milímetro enfundada y otra a la mano del mismo calibre. Ya no tenía duda, era Pablo Escobar. Les grité a los oficiales que estaban en la calle que sí, que era Pablo Escobar.

Al verlo caído sentí descanso, alegría, abracé a uno de mis compañeros, lo felicité, ayudé a subir al techo a otro y también lo felicitamos.

Recordé operaciones anteriores donde sicarios suyos habían ofrecido mayor resistencia, observé sus ropas y pude ver que vestían mejor sus sicarios. Le di gracias a Dios por haber permitido que todo hubiera terminado. Bajé del tejado, caminé, ví a una señorita, le conté que Pablo Escobar había muerto y le pedí que me regalara un vaso de agua.

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