UN VENTARRÓN DE AIRE FRESCO

UN VENTARRÓN DE AIRE FRESCO

El diálogo que se inicia entre la Corriente de Renovación Socialista y el Gobierno la semana entrante y si no hay más traumatismos representa un verdadero oasis de paz, en medio de este interminable desierto de guerra que está atravesando el país. La Corriente es un grupo que se abrió del Ejército de Liberación Nacional, luego de dar, y perder, una difícil batalla ideológica dentro de la guerrilla. Convencidos de que la lucha armada, ante cambios como la Constituyente o la caída del muro de Berlín, había perdido su vigencia, planteaban que era necesario buscar caminos pacíficos para la transformación social y política del país.

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Optaron, por lo tanto, por buscar una negociación con el Gobierno. Pero llegar hasta donde están hoy, les ha implicado un largo desgaste. Según varios observadores del proceso, llegan a la mesa de diálogo con menos seguidores y con algo más de escepticismo. Algunos de los factores que hicieron de esta una negociación difícil, tienen que ver con el ambiente guerrerista que ha ido tomando fuerza en el país. Convencer al Gobierno de que, luego de los fracasos de los diálogos con la guerrilla en Caracas y Tlaxcala, había un grupo que genuinamente buscaba una salida negociada, no fue tarea fácil. Existía la sospecha de que la Corriente podía ser una especie de avanzada , de globo de ensayo, del ELN para tantear la posición del Gobierno. Finalmente, con la tercería de algunas personas independientes, se logró abrirle paso a los primeros contactos.

En una etapa más reciente, ya en este año, los negociadores de la Corriente se encontraron con que en el Estado había posiciones contradictorias frente al proceso. Mientras la Consejería de Paz buscaba adelantar el diálogo, un fiscal sin rostro ordenaba la captura de un simpatizante de la Corriente, quien precisamente había sido crucial en lograr los primeros contactos con el Gobierno. Se alegaba que era miembro activo de otro grupo guerrillero.

Luego, en septiembre pasado, cuando estaban a punto de firmar el acuerdo que establecía la agenda de la negociación, y los miembros de la Corriente en Urabá se aprestaban a viajar al campamento de Flor del Monte, en Sucre, donde se había acordado se concentraría el grupo en su totalidad, el comandante de la CRS en esa región y un compañero suyo, fueron abaleados por militares en Blanquiceth. Aunque el informe final de la Procuraduría aún no ha sido revelado oficialmente, las investigaciones del Ministerio Público y de sectores independientes muestran que se trató de un asesinato y no de un enfrentamiento.

En el Valle del Cauca, en el Magdalena y en el Urabá antioqueño fueron muertos o desaparecidos otra veintena de militantes de la CRS a lo largo de 1993, según lo han denunciado organizaciones cívicas solidarias con el proceso. La guerrilla, que desde un comienzo amenazó a los dirigentes de la Corriente si insistían en su disidencia, también ha hostigado y presionado a sus militantes. De acuerdo con varios medios de comunicación, frentes guerrilleros rodearon el campamento de Flor del Monte, desde el momento que se conoció que la CRS se concentraría allí.

Ante las diversas amenazas al proceso de paz con la Corriente, la Consejería de Paz de la Presidencia optó por darle, en lo posible, un bajo perfil a la negociación. A juzgar por los hechos, los voceros oficiales tenían razón. No obstante, según algunos analistas, esto le rebajó las dimensiones a un proceso que se ha podido convertir en un catalizador de nuevos intentos de negociación pacífica de los conflictos violentos.

De hecho, como se anunció la semana pasada, el proceso tiene algunas innovaciones. La principal: aceptar como testigo de la firma de los primeros acuerdos a un gobierno extranjero y la alta posibilidad de que este se convierta en veedor internacional del cumplimiento de ambas partes, de los pactos de desmovilización y desarme. El papel de la Iglesia como tutor y la movilización de organizaciones ciudadanas en respaldo del proceso, también han abierto nuevas puertas a otros procesos de paz que se den en el futuro.

A pesar de los grandes tropiezos, el proceso de paz con la Corriente, es un ventarrón de aire fresco en el panorama gris de la confrontación militar general. Una vez arranque, también puede volverse en un dínamo de creatividad que permita inventar otras soluciones conversadas en regiones tan atrapadas por la lógica de la guerra como lo es el Urabá antioqueño.

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