LAS MEMORIAS DE SAMPER

LAS MEMORIAS DE SAMPER

Querido Ernesto es el título del libro que trabajó durante año y medio el periodista Fernando Garavito sobre el pre candidato a la presidencia, Ernesto Samper Pizano, desde su infancia hasta hoy. Son cuatro capítulos y más de 400 páginas, editado por Lerner, que estará en las librerías a partir de la próxima semana. Los siguientes son apartes del tercer capítulo, una entrevista hecha por el autor al protagonista, sobre la política y las épocas más recientes de Samper: el Ministerio de Desarrollo y la Embajada en España.

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Es curioso que esa persona que organizó a los informales y que quemó recibos en la Plaza de Bolívar sea la misma que ocupó el Ministerio de Desarrollo.

No es curioso. Son las dos caras de una misma moneda. Para la estabilidad del Estado es tan importante el manejo de la informalidad como el impulso a los mecanismos formales del comercio y de la industria.

Pero sí lo es el hecho de que usted haya sido ministro de Desarrollo y no ministro de Gobierno o canciller.

Es cierto. El presidente Gaviria me ofreció varias alternativas, de tal manera que hubiera podido estar en la cartera de Gobierno o en la de Relaciones Exteriores, pero escogí Desarrollo porque preferí demostrarle a la gente del sector privado que su idea sobre mí era equivocada, y que yo era un individuo capaz de adelantar los grandes programas que necesitaba el país en ese terreno. Demostré que el paradigma latinoamericano del crecimiento con equidad también podía ser posible en el caso colombiano.

A mí me correspondió una etapa importante: la del comienzo de la apertura. Fue un momento crítico para el Ministerio que traté de aprovechar en beneficio del sector empresarial.

Pero el país recuerda todavía más las diferencias que usted tuvo con el Presidente.

Reconozco que no tenía total identidad con el Presidente en el esquema de la apertura. Viví un proceso muy interesante de confrontación con los equipos económicos cercanos al mandatario, en el cual traté de hacer valer no una diferencia de fondo con el objetivo de internacionalizar la economía (creo que Colombia tiene que abrir sus puertas), sino sobre temas fundamentales Considero que es necesario diseñar un nuevo esquema, que sin proponer una política de tierra arrasada alrededor de lo hecho por el presidente Gaviria, le ponga corazón a la apertura, en términos de manejar sus costos sociales y de llevar a un concepto integral. Si yo no hubiera estado en el Ministerio, y lo digo con alguna inmodestia, quizás el proceso hubiera sido mucho más traumático.

Y esos costos sociales no serán irreversibles para muchas personas el año próximo? No lo sé. Hasta el momento, no he hecho una evaluación sobre los costos sociales de la apertura, sobre el impacto que seguramente debió causar tanto aquí como en otros países. Habrá que hacerla. Permítame usted parodiar el título del último libro de Duverger, La liebre europea y la tortuga liberal. La liebre son los cambios económicos. La tortuga, la política social. Espero que en Colombia, como ocurre en la fábula, la tortuga alcance a la liebre y le gane.

Permítame decirle que esas diferencias provocan roces peligrosos para el futuro del liberalismo.

Provocan roces que se resuelven generalmente de manera amigable. Acepté los cambios en la medida en que ví que eran el resultado de un consenso en el Gobierno. Hubo dos o tres discrepancias importantes con el Ministro de Hacienda que me ví en la obligación de manifestarlo públicamente. Fueron hechos que se presentaron de esa manera porque se cambiaron las reglas de juego internas que habíamos fijado, o porque se rechazaron mis argumentos sin evaluarlos. Pero la apertura seguirá y eso es lo que importa.

Había claridad en el país sobre su posición? Muchos colombianos pasan por encima de estas teorías, de tal manera que no es seguro que la gente haya entendido qué se jugaba en el fondo.

La gente sí lo entendió. La gente percibió que mi propósito era, en primer término, buscar que el proceso no se llevara demasiado rápido porque creaba un choque, y en segundo lugar, que se tuvieran en cuenta los factores de orden social.

En torno de este enfoque tuve un momento crítico que no sé si se podrá relatar. En efecto, un domingo por la noche llegaron a mi casa el Ministro de Hacienda y el director de Planeación Nacional, quienes me informaron que se había tomado la decisión de acelerar la apertura, de tal manera que lo que estaba previsto rebajar en cuatro años se iba a rebajar en un día. La conversación fue muy cordial, les hice algunas observaciones y, por último, les dije que el problema no era de ellos sino del Presidente. Al día siguiente asistí al Conpes, no pronuncié una sola palabra, pero a la salida le anuncié al Presidente mi decisión de renunciar porque entendía que se había roto un compromiso, una transacción que nos permitía trabajar dentro de un respeto mutuo por su esquema y el mío. Acordamos entonces crear un comité para el manejo de la apertura y él me ofreció adoptar unas medidas sociales que atendieran mi opinión sobre el tema.

Y usted no renunció...

En ese momento la situación política era difícil. Estábamos en vísperas de elecciones. Un enfrentamiento mío con Gaviria en ese momento hubiera resultado fatal. El ex presidente López intervino con sus buenos oficios, y las cosas finalmente se arreglaron. Pensé que le haría más daño al país, y en general al liberalismo, si protocolizaba una ruptura con el Presidente. Esa fue la consideración que me decidió a quedarme en el Gobierno.

Un observador político de Quipile diría: Este señor no se fue porque la popularidad del Presidente estaba en su más alta cúspide, y cualquier fisura que se presentara se le iba a voltear contra sí mismo .

Pues se equivocaría el observador político de Quipile, porque yo también me hubiera podido apuntar al tiempo. Hubiera podido renunciar y esperar a que el tiempo me diera la razón.

Pero, el tiempo le hubiera dado la razón? Pienso que sí. Después del amago de crisis logré hacer desde el Ministerio muchos ajustes que enderazaron el proyecto, en especial en lo que se refiere al manejo del sector privado. Lo que yo le aporté al Presidente fue el manejo del sector privado. Me empeñé en desarrollar una política de diálogo, de concertación, de solidaridad, que le permitió al Gobierno pasar el bache de los enfrentamientos donde algunos otros países naufragaron. Conseguí, a mi manera, un pacto social.

Esto me hace pensar en la posibilidad de hablar de un cogobierno.

Al contrario. Siempre supe que el presidente era Gaviria, que él había ganado las elecciones, que era su proyecto el que estaba en juego, y que él tenía todo el derecho de imponerlo. Pero yo representaba una parte importante del Partido Liberal, que, aunque tenía diferencias con la parte social y el modo de la apertura, respaldaba el proceso constituyente y la política de sometimiento de los narcotraficantes a la ley. Es decir, apoyaba al Presidente en lo que Alvaro Gómez llamaría lo fundamental , o sea aquello en lo cual se jugaba la unidad del país y la supervivencia del sistema democrático.

Otra cosa que se criticó fue el hecho de ventilar esos problemas en público.

No estoy de acuerdo. Mientras que el Presidente tuviera, como siempre la tuvo, la última palabra, el que la opinión hablara, discutiera y debatiera sobre un tema tan importante como el de la política económica, era un ejercicio sano. Era, además, la forma de que el sector privado participara y tuviera de cierta manera acceso a decisiones insoportables para él si se hubieran impuesto desde el cenáculo de la Junta Monetaria o del Consejo Superior de Comercio Exterior. El sector privado tuvo la oportunidad de conocer que la opinión del Gobierno no era unánime y que había unos sectores solidarios con sus aspiraciones, que lo representaban en las discusiones. Porque no eran discusiones secundarias como si se subía o no la tasa de interés, o si se ampliaba el crédito o no se ampliaba. Eran discusiones de fondo, sobre la forma como se iba a manejar la economía en los próximos veinte años.

Y, como van las cosas, este Gobierno es neoliberal y guerrerista.

No. El presidente Gaviria pertenece a una línea democrática. La Constituyente lo demuestra. Durante dos años él buscó honesta y sinceramente la paz hasta que explotaron las conversaciones en México.

En conclusión, se puede decir que el período del Ministerio fue crítico.

Fue una experiencia dura pero agradable. Hasta el momento yo me había movido un poco en el vacío, en el cual proponía ideas y cosas distintas que no encontraban forma de desarrollarse. Por desgracia, el ejercicio de la política en Colombia ha perdido credibilidad, y muchos políticos han terminado por crear tautologías y mundos independientes en los cuales lo que importa son las cosas circunstanciales, triviales. Ahora bien, yo considero que esa circunstancia no es solamente responsabilidad de los políticos sino también de la opinión, que no les da la oportunidad de hablar de nada distinto, que los ve como algo aislado, como individuos que, con sus propuestas solamente buscan un interés electoral. Creo que en ese sentido no hemos sido totalmente justos con nuestra vilipendiada clase política. No se me oculta que hay elementos malos y personas corrompidas, que utilizan la política como una profesión. Pero al mismo tiempo, dentro de la clase política se encuentran personas muy valiosas, muy dedicadas, que hacen esfuerzos gigantescos en beneficio del país. Permítame poner sólo un ejemplo. Pienso en Víctor Renán Barco, un congresista admirable, concentrado en su trabajo, dedicado a estudiar. Para mí, él es el caso típico de un buen parlamentario, de un político profesional en todo el sentido de la palabra, que constituye la antítesis de otras personas y situaciones que podrían resultar despreciables.

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