NAVIDAD PAISA CON MITOS Y LEYENDAS

NAVIDAD PAISA CON MITOS Y LEYENDAS

Protegidas por la sombra de la noche, y acompañados por la magia de la luz y el color, salen las ánimas arrastrando su dolor por caminos solitarios para poner los pelos de punta al más incrédulo. El Hojarasquín del Monte, La Llorona, El Soldado Fantasma, la Gitana Encantada, El Currupí y todos aquellos personajes ancestrales se dieron cita la noche del martes, en la Avenida La Playa, del centro de Medellín, para invitar a propios y extraños a la rumba.

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Desde muy temprano comenzaron a llegar vehículos de todos los municipios, llenos de gente, plantas, vestidos de colores, máscaras y pinturas, que al paso de la noche se convirtieron en los personajes del más allá y los trajeron al más acá, para darle vida a la Navidad inaugurada con miles de espectadores.

Cuando comenzó el desfile, los espectros quisieron asustar a sus víctimas, pero ya era tarde para esto. La gente había llegado en medio de risas, protegida por el Ave María Purísima y sin el miedo que producen los personajes cadavéricos.

Y como Medellín es para todos, llegaron personas de todos los rincones de Antioquia y de Colombia a mirar el desfile y a sentir el comienzo de la Navidad en medio de los alumbrados que adornaron La Ruta de la Luz, comprendida entre la Avenida la Playa, El Parque Bolívar, la Avenida Bolívar, hasta llegar al Pueblito Paisa.

La memoria cultural El Diablo, La Paila Mocha, El Anima Sola, representados en apariciones y personificados en los espantos, los brujos y los duendes, son algunos de los personajes que permanecen detenidos en el tiempo como mitos y leyendas.

En la noche, desfilaron en medio de grupos de danzas y bandas pueblerinas que fueron las que pusieron a la gente a bailar al ritmo del bullerengue, cumbias, jotas, mapalé, contradanzas y gotas frías.

El Animero de Dabeiba abrió el desfile, seguido por el Soldado Fantasma de Entrerríos, La India Catalina, La Paila Mocha, El Diablo, El Muerto Alegre, El Aquelarre, La Carpa Mona del Río Negro, El Bracamonte, La Sirena del Arco, El Pajaro Sí, La Mariposa Negra, El Hojarasquín del Monte, El Congo, La Luna Roja, El Cacique Niquía, La Gitana Encantada, La Barbacoa, La Chichita, El Gritón, La Mula de tres Patas, El Costalón, La Araña de las Siete Patas y le siguieron cincuenta leyendas más.

Estos macabros personajes fueron recibidos en medio de aplausos, risas y gritos de los niños, jóvenes y adultos quienes, sentados en las aceras y trepados a los árboles, vieron desfilar por la Avenida la Playa, todos las apariciones que no han podido ver en las noches sin luna, para así, en medio de vivas!, empezar a revivir la memoria cultural de Antioquia.

Con sus gritos desgarrados, El Currupí sale de la espesura de la noche, y se interna en la selva, en busca de la tumba de sus padres, para pedirles que retiren la maldición que lo convirtió en monstruo, por haberlos asesinado; y al no encontrar la tumba, se lleva los niños que se encuentra en el camino.

El desfile de verdad Aunque parezca mentira, estos habitantes de la oscuridad aún son los protagonistas de las historias de los pueblos de Colombia, donde la gente de Santuario Antioquia, al escuchar el gemido estrepitoso que hace El Toro Dorado, corre a encerrarse para no toparse con él. Y en San Antonio de Prado Antioquia, los campesinos se cubren los oídos a las 12 de la noche del Viernes Santo para no escuchar el sonido que hace La Chichita en su propósito de atraer a los hombres con una dulce música y luego devorarlos.

En el Bagre, Zaragoza, Remedios, Puerto Berrío y en Caucasia, hombres, mujeres y niños siguen protegiéndose de los espantos, maldiciones, brujas y duendes por medio de contras y de rezos.

En el desfile de verdad, se colaron las Animas con El animero de Dabeiba cargando lápidas y tumbas de las cuales intentaban salir los espantos. El Soldado Fantasma de Entrerríos tampoco faltó a la fiesta aunque dicen que su cadáver quedó abandonado después de la guerra de los mil días. El diablo, en vez de irse, llegó de Riosucio, con diablitos y diablitas negras que intentan agarrar a la gente con sus tenedores.

No se podían quedar atrás las leyendas chibchas, con El Cacique Buriticá, La Diosa Ambala, La Bachué y el Cacique Dorado, mostrando con ricos atuendos las riquezas de la leyenda de El Dorado.

La gente quería encontrarle el hijo a La Llorona, que, contagiada por la alegría de los asistentes, por un instante dejó la costumbre de llorar y lamentarse por su crimen: ahogó en el río a su hijo recién nacido, por miedo a que sus padres la echaran de la casa.

También querían que la Sirena del Arco no se llevara más a los hombres engañados por la música de una flauta y que no fueran los escogidos por la Mariposa Negra o el Pajaro Sí, conocido como ave de mal agero.

Todos querían verlos cara a cara y mantener fresca en la memoria aquellas tradicionales noches de espantos junto a una chimenea en donde se suelen escuchar historias espeluznantes y azarosas relatadas por el abuelo, aunque luego sea imposible conciliar el sueño.

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