VICEPRESIDENCIA Y SEGUNDA VUELTA

VICEPRESIDENCIA Y SEGUNDA VUELTA

La característica más destacable de la Constituyente fue su definida tendencia a modificar lo relativo a la formación del poder político. En buena medida, para ello fue convocada. El bipartidismo era excluyente e impedía la consolidación de nuevas fuerzas políticas; los procedimientos utilizados para constituir las corporaciones de representación popular favorecían a quienes las integraban; el gobierno, en lo regional, era la prolongación del mandato nacional; en fin, el pluralismo político y la participación eran anhelos inalcanzables en un sistema de democracia fuertemente discriminatorio y esencialmente representativo. A la Asamblea se fue a innovar, a modificar, a actualizar para poner al país a tono con las expectativas ciudadanas, en procura de espacios que facilitaran el logro de la convivencia. Y ello se trató de hacer. Era el ánimo de la Asamblea, en sintonía con la voluntad cívica y política que la hizo posible.

11 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El sucesor presidencial se escogía por 300 congresistas, a título de Designado. En un país reputado de democrático, una persona señalada a dedo por el mandatario de turno, o convenida en coalición de centenar y medio de parlamentarios, podía llegar a ejercer el gobierno durante cuatro años, como hubiera sido el caso del Designado elegido días antes del comienzo de un nuevo gobierno, ante la muerte del Presidente escogido por voto popular. Siquiera nunca ocurrió. Pero así estaban establecidas las cosas, según se demostró recientemente, cuando el eventual sucesor del señor presidente Gaviria, un gran ciudadano y un excelente ministro, fue elegido por unas pocas docenas de congresistas.

Ahora el sucesor presidencial contará con el mismo apoyo ciudadano de la persona que debe reemplazar, llegado el caso. No es propio únicamente de Colombia. Que recuerde, la figura existe en Argentina, Ecuador, Guatemala, Uruguay, El Salvador, Panamá, Costa Rica, Brasil, Nicaragua, Bolivia, Perú, México, Chile, Venezuela, Paraguay, Honduras y Estados Unidos.

El procedimiento de la segunda vuelta obedece al propósito de tener un Presidente con apoyo mayoritario entre los electores. Y a favorecer el pluralismo facilitando la participación gubernamental de las agrupaciones más pequeñas. Así se evita que en un universo de 15 millones de potenciales electores, de los que sólo participan en la escogencia del Presidente el 40 por ciento, escasamente la mitad de estos, cerca del 10 por ciento de la población, indique el nombre del mandatario. Y también se mejora un sistema de dos partidos que definitivamente estaba y está haciendo agua. Luis Carlos Galán fue un decidido impulsador de esta medida, que existe en Argentina, Brasil, Bolivia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Guatemala y Perú.

Asegurar que el partido liberal está en desventaja frente a las demás colectividades, porque es una mayoría fácilmente doblegable por la unión de las minorías en el escenario de la doble vuelta, es un desatino político. Claro que puede suceder, pero si el liberalismo tiene una buena propuesta y un magnífico candidato, no solamente saldrá airoso en la primera confrontación, sino que en la segunda estará en inmejorables condiciones de lograr acuerdos partidistas de conveniencia nacional que le permitan doblegar a su más inmediato adversario. Inexplicable sería alegar ahora que los miembros liberales de la Constituyente hemos debido dedicarnos a hacer una Constitución que sólo conviniera a nuestro partido.

Me siento muy orgulloso de haber llevado a la Constituyente, junto a otros colegas, las iniciativas de la vicepresidencia y de la segunda vuelta. Y de haberlas defendido con tesón. Y también, de haber denunciado en su momento en famosa reunión del Palacio de Nariño, con la asistencia del señor Presidente, el señor ex presidente López, el ministro De La Calle Lombana, y los más importantes voceros de la bancada liberal en el Congreso, que se pretendía convertir al liberalismo en el partido de los no. No Vicepresidencia, no doble vuelta, no circunscripción nacional para senadores, no soberanía popular, no Corte Constitucional, no gobernadores elegidos por votación popular, no derecho de tutela, no expropiación administrativa, en fin, nada de nada. Lo que hubiera sido desastroso.

Del doctor López Michelsen aprendimos el compromiso democrático del liberalismo. Su memorable lucha contra la paridad y la alternación fue el rechazo al bipartidismo frentenacionalista que evidentemente puso fin a la violencia partidista, pero le abrió las puertas a la subversión porque pretendió poner a pensar a los colombianos únicamente en rojo y azul. Por López también sabemos que el liberalismo no reclama gabelas y que su condición ideológica le permite seguir siendo el apoderado de las mayorías que demandan resultados ciertos en materia de democracia y justicia social. Otra cosa será si el partido abraza formulaciones conservaduristas, se deja seducir por el neoliberalismo en decadencia y abandona sus compromisos con los pobres, la clase media y los demócratas de Colombia. Pero entonces, que no le echen la culpa a la segunda vuelta!

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