CONSTITUCIONES Y CAUDILLOS

CONSTITUCIONES Y CAUDILLOS

En el centro de San Antonio (Texas) se levanta El Alamo, escenario de esa famosa batalla en 1836, donde las tropas texanas resistieron hasta la muerte el asalto del ejército mexicano que comandaba el general Antonio López de Santa Anna. El Alamo es hoy un sitio de peregrinaje, recinto de mártires identificados con la libertad de Texas. Santa Anna, en cambio, ha pasado a la hitoria como el símbolo de los caudillos bárbaros que gobernaron a Hispanoamérica a su antojo durante el siglo XIX. No deja de ser paradójico el que San Antonio fuese la sede de un encuentro sobre constitucionalismo en la América Latina, organizado por la Fundación Liberty, al cual asistí en días pasados. Varias de las constituciones en la historia de Chile, Colombia y Costa Rica fueron el objeto del coloquio. En esta ocasión, el tradicional y fácil contraste entre el gobierno de las leyes en los Estados Unidos y la tiranía de los caudillos en la América Latina se vio reemplazado por el interés de encontrar un pat

11 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Quienquiera se acerque por primera vez al pasado latinoamericano se sorprende por el rosario de constituciones que han dominado su vida política. Simultáneamente, sin embargo, sobresalen también las rebeliones y los golpes de cuartel, las arbitrariedades y los abusos del poder, esos dictadores que tanta atención han recibido en la novelas y que han popularizado una cierta imagen de la América Latina. Cómo conciliar ambas tradiciones? Son acaso excluyentes? Las experiencias de Chile, Colombia y Costa Rica, es cierto, se alejan de los estereotipos que proyectan la figura legendaria de Santa Anna en México o la dictadura de Rosas en la Argentina. En Chile, el régimen que construyó Diego Portales en la década de 1830, a pesar del llamado autoritarismo pelucón , sentó las bases de una de las democracias constitucionales más estables del hemisferio. En Colombia, el desarrollo del Estado de Derecho impulsado por Santander se ha visto obstruido, una y otra vez, por las guerras civiles y la violencia.

Pero, en últimas, el constitucionalismo ha triunfado siempre sobre la tiranía revolucionaria. Y nadie cuestiona hoy las credenciales constitucionales y democráticas de Costa Rica.

Pero inclusive en México y en la Argentina a pesar de Santa Anna, don Porfirio y la misma revolución, o de Rosas y Galtieri existe una tradición constitucionalista que no debe despreciarse. Común a las Américas es precisamente cierta fe en el constitucionalismo, manifiesta de manera perseverante a lo largo de los dos últimos siglos. Y leyendo los distintos textos por ejemplo, las cartas de 1821, 1833 y 1925, en Chile, las de 1821, 1863 y 1886, en Colombia y las de 1871 y 1949 en Costa Rica pueden identificarse allí unos principios que resisten el paso del tiempo: la separación de poderes, el civilismo republicano, el gobierno representativo y limitado, la protección de los derechos ciudadanos.

Por supuesto que también existen significativas diferencias. A la continuidad de la Constitución de los Estados Unidos se contrapone esa accidentada historia constitucional latinoamericana. (Aunque, hay que advertir, no menos accidentada que en muchos países europeos). El texto aun simple del documento de Filadelfia contrasta con las cada vez más elaboradas e incoherentes cartas latinoamericanas como la aprobada en Colombia en 1991. Y el culto a los founding fathers (fundadores de la patria) en la república del norte se está quedando sin paralelos en el sur.

Estas diferencias, sin embargo, no niegan la existencia de una tradición constitucional en la América Latina que comparte con los Estados Unidos ciertas comunes aspiraciones. Es un error pensar que la historia latinoamericana sólo está dominada por caudillos o gobiernos irresponsables. Tan errado como creer que todos los que lucharon en El Alamo contra Santa Anna eran gringos . Basta una breve mirada al monumento de los mártires, en el centro de San Antonio, para descubrir que al lado de los Travis y los Crockett murieron muchos hijos de Sánchez.

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