LAS NUEVAS JOYAS DE LA HUMANIDAD

LAS NUEVAS JOYAS DE LA HUMANIDAD

La sesión de ayer del Comité del Patrimonio Mundial parecía una rápida clase de historia del arte combinada con geografía. De una iglesia barroca en Filipinas se pasaba a una ciudad industrial del siglo XVI en Suecia y de allí, a un complejo de edificios islámicos del siglo XII, para luego aterrizar en las casas de adobe de Coros, en Venezuela, o en una ciudad imperial de Vietnam. Este viaje duró todo el día y, al final, cerca de treinta lugares visitados fueron incluidos en la lista de bienes que conforman el patrimonio cultural y natural de la humanidad. De ellos, cinco son latinoamericanos: dos misiones que construyeron los jesuitas en el área de Guaidor, que cubre zonas de Brasil, Paraguay y Argentina; una zona arqueológica, la Joya de Cerén en El Salvador; de México se incluyeron los Monumentos Históricos de Zacatecas, donde sobresale una catedral cuya fachada es estilo barroco y el interior está adornado con elementos cristianos e indígenas, y la Reserva de Vizcaíno por sus

11 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Incluir un bien es cuestión de cinco minutos en la reunión. Una breve presentación del lugar, la consideración de incluirlo bajo el criterio 1, 2, 3, 4, 5 o 6, es decir, por su autenticidad, por la influencia que ejerce a su alrededor, porque aporta un testimonio único, porque está asociado a ideas o creencias universales o porque constituye un eminente ejemplo de hábitat humano tradicional representativo de una cultura; luego, unas dos o tres filminas del lugar que incluyen un mapa, y listo; en la lista.

No se vota, no se levantan manos, no se dan pupitrazos. Un silencio sepulcral entre los cerca de cien funcionarios que vienen de todas partes del mundo es la señal mágica para saber qué queda incluido.

No se oyen discusiones, a menos que a algún representante le dé por preguntar si tal o pascual fue inscrito a tiempo. Pura metodología, nada de su valor cultural o natural.

Que este proceso sea relativamente rápido en la XXVII reunión del Comité del Patrimonio Mundial que tiene lugar en Cartagena se debe a dos años de trabajo y reuniones previas. El país interesado inscribe sus bienes, presenta la documentación necesaria (planos, fotos, la debida protección legal, publicaciones que se hayan hecho al respecto, la justificación, etc.) y luego, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (Iucn) visitan el lugar y dan el visto bueno.

En este proceso están algunos lugares que Colombia propuso. Por eso, en esta reunión que tiene lugar en el Centro de Convenciones, el país no tendrá ningún nuevo bien universal diferente a Cartagena. Pero, para la reunión del año entrante se espera que, como en esta, el viaje artístico-geográfico que se haga incluya en su itinerario la Sierra Nevada de Santa Marta, el pueblo de Mompox, el parque arqueológico de San Agustín y Tierradentro, el parque de los Katíos y la ensenada de Utría. Lugares que por su arquitectura o por su importancia natural, deben convertirse en patrimonios que la hunamidad debe cuidar, así como se hizo con el centro histórico de Cartagena hace casi diez años.

Recorrido histórico La mayoría de sitios que se incluyeron en esta sesión entraron a la Lista por su valor arquitectónico, su influencia cultural o su trascendencia religiosa.

Por ejemplo, el camino de peregrinación de Santiago de Compostela en España pasó por ser una vieja tradición cultural que ha enriquecido la cultura europea y ha influenciado el arte y las civilizaciones, según el concepto emitido por el representante de Icomos. Estados Unidos se mostró entusiasmado porque es la primera vez que se incluye una vía.

Por su parte, las iglesias barrocas de Filipinas, que llamaron la atención del Icomos por combinar elementos de técnica y diseño tanto orientales como occidentales, entraron por su valor arquitectónico. Las estructuras de las iglesias de la Inmaculada Concepción de San Agustín, Nuestra Señora de la Asunción, Santo Tomás de Villanueva y San Agustín fueron diseñadas para soportar los frecuentes temblores que ocurren en la isla. Mientras tanto, los monumentos budistas de la región de Horyu-ji en Japón lo hicieron más por su valor religioso, pues coinciden con los inicios del budismo en este país.

Las antiguas repúblicas comunistas, con vida independiente hoy día, también presentaron sus tesoros y ganaron. Eslovenia coronó la población de Vlkolinoc, por ser muy tradicional dentro de la arquitectura antigua de la región en la que se destaca la base en piedra y encima los bloques de madera. La república de Uzbekistán agregó a la lista la población de Boukhara, por su estructura urbana medieval con edificaciones monumentales en la mitad y por ser un asentamiento de la vida espiritual islámica.

También entraron a la lista dos islas suecas, Birka y Hougarden, por ser modelos de ciudades industriales modernas aunque se construyeron en el siglo XVI. Son poblaciones que se dedicaron a la fundición y aún conservan los grandes hornos y sus casas elaboradas en ladrillos de piedra esponjosa. También se incluyó, de Suecia, la población de Engelsberg.

Europa es la que más nutrió el patrimonio mundial: el monasterio de Maulbronn en Alemania, el complejo monástico de Matera en Italia, los monumentos arqueológicos de Irlanda, la iglesia fortificada de Biertan en Rumania, a la que se le quiere añadir el paisaje que la rodea. De este país también figuran el monasterio de Horezu y unas iglesias en Moldavia por las pinturas que adornan sus paredes exteriores, que no son comunes en esta parte de Europa. L India decidió incluir la tumba de Hamayun y el complejo de edificios islámicos de Qutb Minar.

Más que honores Clasificar como patrimonio de la humanidad representa para cada lugar tener el reconocimiento de la comunidad internacional y contar con su colaboración para su preservación. No se trata de asignarles una suma determinada cada año para que la inviertan en su conservación. Sí hay recursos destinados para estos bienes, pero se reciben a través de asesorías técnicas, capacitación en diferentes materias o estudios que ayuden a mantener o mejorar el lugar.

Así, por ejemplo, Cartagena contó con la colaboración del Comité para elaborar la reglamentación necesaria para cuidar del centro de la ciudad, entre otros planes que se han adelantado. Los recursos que se emplean para esto provienen del uno por ciento de la cuota que cada uno de los miembros de la Unesco aporta anualmente. Con ellos, se ayuda a preservar los 358 sitios de 81 países que forman parte actualmente del Comité de Patrimonio Mundial.

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