DIMES Y DIRETES

DIMES Y DIRETES

Polémica por Laignelet: A raíz de un comentario de nuestra habitual colaboradora Diana Lloreda sobre la reciente exposición de Víctor Laignelet en la Galeria Garcés Velásquez, su directora, Asenneth Velásquez, ha enviado una carta que publicamos junto con la respuesta de la periodista cuestionada por la galerista. Qué pasará con el arte?

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

A raíz de la nota escrita por la comentarista Diana Lloreda, quiero dejar constancia sobre el facilismo y oportunismo de este tipo de periodistas que, amparados en una columna, determinan lo que es bueno o malo en arte, sin poseer una formación básica ni un mínimo conocimiento del tema.

Nunca he participado en controversias sobre los artistas que exponen en la Galería, porque mi condición de galerista y comerciante en arte me lo ha impedido, pero lo hago ahora porque veo que no existe una crítica seria que explique políticas plásticas y que oriente al público para degustar las artes.

La crítica en nuestro país fue, en el pasado, muy positiva y dio resultados increíbles. Marta Traba reconoció la buena pintura de los maestros Wiedeman, Botero, Obregón, Negret, Ramírez Villamizar y Roda, y obligó a los colombianos a entender que estas obras eran nuestro patrimonio más preciado. Otro tanto hizo Eduardo Serrano con la generación siguiente, integrada por artistas como Santiago Cárdenas, Beatriz González, John Castles, Luis Caballero y María de la Paz Jaramillo. Sus comentarios de las obras de éstos hicieron tomar conciencia entre el público sobre las nuevas tendencias y los nuevos nombres.

De igual manera contribuyeron los críticos como Galaor Carbonell, Germán Rubiano, cuya tarea no era simplemente escribir esporádicamente, sino estar al tanto de lo que ocurría en las escuelas de arte, en los salones, museos y galerías. Y asumían ese trabajo como un oficio dentro del mayor profesionalismo.

Por todo ello, leyendo a la señora Lloreda, con afirmaciones tan contundentes como superficiales e inconsistentes, sobre un artista de la relevancia de Víctor Laignelet, me pregunto qué va a pasar con las artes plásticas. Quién analizará sus políticas? Quién informará objetivamente sobre lo que pasa en nuestro país? Me niego a aceptar que personajes como esta señora Lloreda o periodistas sin conocimientos especializados sean los que asuman el liderazgo en nuestro campo.

Asenneth Velásquez J., directora.

Respuesta Señor Director: Después de leer las cartas de Ana María Rueda, ya publicadas, y de Asenneth Velásquez, que se incluye en esta edición, con motivo de mi artículo Laignelet: un cambio poco ventajoso aparecido en Lecturas Dominicales el pasado 31 de octubre, me veo en la obligación de contestar lo siguiente: En primer lugar, el comentario sobre dicha exposición no pretendía en ningún momento, como dice la señora Velásquez, determinar lo que es bueno y malo en arte , porque se trata de una opinión específica basada en el conocimiento de la obra anterior de Laignelet y sustentada por estudios profesionales y diez años de trabajo como periodista cultural dirigiendo el Suplemento Literario de El Siglo, como jefe de Sección Cultural de la revista Semana, en calidad de editora de la revista Correo de los Andes y como colaboradora desde hace ocho años en EL TIEMPO y ocasionalmente en la revista Diners. En este sentido soy y he sido siempre una periodista independiente, no encasillada con el trabajo de ningún artista ni con el patrocinio de ninguna institución.

En segundo lugar, estoy completamente de acuerdo con la señora Velásquez en cuanto a que ella, en su posición de comerciante de arte y dueña de la galería donde expone Laignelet, no debería salir a defender al artista que representa porque no es una posición ética. También estoy de acuerdo con ella frente al hecho de que no hay mucha crítica de arte en nuestro país, pero, cómo puede haberla si cuando una persona emite un juicio serio y ecuánime sobre un pintor, se producen reacciones apasionadas porque no están de acuerdo con lo que se dice y porque va en contra de sus intereses? En lo que se refiere a la carta de Ana María Rueda, reconozco que hubo cierto desconocimiento de mi parte en relación con aspectos meramente formales, como la cantidad de cuadros o su formato (desconocimiento provocado por la deficiente información suministrada por la galería). Pero entiendo, así mismo, que su posición es comprensible en razón de una explicable solidaridad gremial que, por lo que vemos, poco admite el libre examen.

Mi crítica a la obra de Laignelet en ningún momento tuvo un carácter simplista ni mucho menos destructivo. Basta leerla con cabeza fría para verificarlo.

Diana Lloreda

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