APROVECHE EL PAPAYAZO:

APROVECHE EL PAPAYAZO:

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Lo más grave es que la rampante ola de ligereza y facilismo cunde. Nuestra elogiada y admirada primera estrella nacional, Carlos Vives, alterna el éxito de su Gota fría, original, con un jingle (fea palabra de publicistas) que vuelve gaseosas las legendarias figuras vallenatas de Lorenzo Morales y Emilianito y su memorable encuentro en Urumita. Y, claro, no falta el pan tajado al que después de todos los elogios necesita que le pongan salsa , el otro chocolatero que ya no encuentra canción nacional y se pasa al mambo para descubrir que a Lupita le gusta calientico y bien rico , el asador de pollos que cambia olímpicamente el aguas que lloviendo vienen, aguas que lloviendo van por apetitoso pollito,/ con papas fritas y pan , ni el urbanizador oficial que para promover amnistías no vacila en remplazar el estribillo de apágame la vela María por aproveche el papayazo , prueba suprema de la falta de imaginación de los mal llamados creativos y algo de la ingenuidad o de la ausencia de rigor de los anunciantes.

Parece que en nuestra legislación sobre derechos de autor no existe una figura que, aparte de defender al compositor, haga lo propio con el patrimonio musical, ya como una opción colectiva. Aunque tal vez sea más necesaria cierta toma de conciencia por parte de quienes asumen la responsabilidad de las campañas publicitarias, para que se determine, en términos éticos, hasta dónde es posible ir en este tipo de proyecto. Porque, aunque la respuesta de los consumidores sea excelente (como sin duda ha de ser), debe existir algún límite frente a la vulnerabilidad de algo que constituye propiedad artística y espiritual del pueblo.

Sayco, esa entidad que tiene tanta fama de ser acuciosa cobradora, no está, también, en la obligación de intervenir en casos como este? Hay un antecedente que ahora valdría la pena recordar: algo similar ocurrió en España en las épocas vertiginosas del destape. Pasadobles, sevillanas, temas andaluces del más acendrado acento ibérico, empezaron a ser revestidos con textos publicitarios del peor gusto. La gente, al comienzo, celebraba el ingenio, la novedad, hasta cuando se dio cuenta de que esas canciones, que en el trasfondo de la historia les habían servido para soportar episodios y mantener el alma alegre y abierta como es el alma de España, de la noche a la mañana se las habían convertido en propaganda de sopas, aceites y toallas higiénicas. Hubo, entonces, otro destape, lícito y poderoso: el de la crítica que, solidaria, derrotó a los piratas de canciones.

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