SALPICADURAS MACONDIANAS

SALPICADURAS MACONDIANAS

Convino seguir hasta su última imagen La otra raya del tigre en versión televisada, para poder valorarla por su fidelidad al texto original de Pedro Gómez Valderrama o, simplemente, por sí misma. Como un logro de la televisión. Con sus propios recursos y las concepciones que impone, y con su lenguaje visual del que algunos alardean, presentándolo como antinomia excluyente al discurso literario, o sea, a la plenitud de la palabra escrita. Ello equivaldría a deslindar íntegramente a la novela de lo narrativo televisado, como si fuesen cuerpos extraños condenados a un divorcio irrevocable, lo cual, desde luego, es una banalidad imposible. Por el contrario, palabra e imagen están condenadas a ser gemelas entrañables de la imaginación, con su expresión en la novela escrita o en la televisada, pese a ser tan distintas entre sí. De allí que sea imposible separar en La otra raya del tigre el texto original de Gómez Valderrama de la serie televisada, aunque hizo gala de una amplitud y una audac

12 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Geo von Lengerke encarna aquellos ideales impetuosos pero que en él germinaron por percepción directa en una Europa que enardeció con la Revolución Francesa para algunos con los delirios de la Libertad o para otros con las vindictas de la guillotina, y luego se desengañó con la Restauración y volvió a entregarse a aquellos señuelos excelsos entre la sangre y el fuego de la comuna parisiense. Este caballero andante de las quimeras renovadas busca a América como venían a ella los románticos exaltados de ese período de epopeya. Fugitivos. Desterrados, pero a una tierra prometida que estaba por hacer y con los dones libertarios como lo único realizado aunque fueran el mayor de sus inagotables espejismos.

Su naturaleza permanece intocada casi en el día inicial de la creación, como sus ríos y caimanes sagrados, las cordilleras en vilo y los precipicios sumidos en silencio que frena al tiempo. Este paisaje, estos hombres y sus sueños, sus alegrías y amarguras, se suman en el coro al verdadero personaje de esa ficción sobre historia cierta que es La otra raya del tigre. La discutida época radical. En un lugar concreto: los ricos santandereanos o sus selvas, ambos por conquistar.

Esta intención de Gómez Valderrama que campea a lo largo de su novela, y es la razón de su calidad y permanencia, logró recrearse en la serie televisada? Tarea difícil. Sin duda. Lengerke fue desde siempre semilegendario, con un halo que envuelve a quienes lo rodean fieles, o para cerrarle el paso, de manera que carece de importancia que hayan sido realidad o sean ficción, mientras cruzan la crónica tumultuosa de hechos acreditados por la memoria colectiva. Fueron los desmanes de la banda armada Pico-de-oro inseparables a los ideologismos apasionados o los misoneístas cerriles, y la quiebra de la quina y los caminos arrebatados a la selva, para volver a la insurgencia de los artesanos que apenas deletreaban medio alfabeto, y a las campanas y cornetas de las guerras civiles. Constan en la historia de brazo con el boticario incrédulo de quien recelan como alquimista del pecado y con el retrato de Víctor Hugo que preside los estantes de libros prohibidos. Y los muebles y las finuras europeas traídas a lomo de hombre. Gómez Valderrama los recreó con una maestría y un brillo que equiparan en la fábula lo mítico y lo comprobable documentalmente.

Tierras ariscas Es todo aquel aire de esa época que agitaba las quimeras de la libertad y se resumía en una angustiosa urgencia de progreso, pues querían romper los rezagos de la Colonia, su espíritu oscurantista y sus prejuicios taimados. Así, pues, insistamos. Esa intención tan palpable en la novela original se recreó igualmente ostensible en la televisión? Desde luego, la literatura escrita permite conceptualizar y explicar cuanto sea necesario, pues la lectura abre todas las instancias que se quieran, al volver sobre un texto, detallándolo minuciosamente, y sin el acoso de ningún plazo. La lectura está hecha de pausas. La televisión no.

El contrapunto lo marca con su instancia única, y con plazo instantáneo, pues es un impacto de segundos fugaces. De allí que el desafío a la literatura televisada sea el de cada minuto fraccionado en varios impactos, que se captan ya o se pierden para siempre. Necesita la reiteración sin incurrir en lo obvio o lo ocioso, para fijar esos ambientes mucho más difíciles por su complejidad, como el de la época radical. Es, además, engañosa, precisamente porque su materia prima es la imagen, viva pero en su fugacidad de segundos, al contrario de la literatura escrita que puede esperar allí como una amante ansiosa, en el papel, a que se regrese a ella tanto como se quiera. Al lenguaje visual, nunca. Nace y muere cada instante.

Por sí misma, La otra raya del tigreo en su serie televisada abunda en aciertos que la aproximan a su original en escritura. También a veces cae en concesiones al rating con escenas y personas que no eran del original escrito y cuyos lances amorosos parecen una dosis forzada de sexo y amenazan volver anecdóticos a personajes tan vibrantes. Ya, después de su última imagen, queda la duda sobre si la muerte de Lengerke es el epílogo. Y es tanta, que impone que en un regreso de la eternidad los milagros de la televisión, su autor Gómez Valderrama nos recuerde cómo la verdad de la historia sobrevive solo por la fantasía. Uno de los personajes lo complementa. La historia se prolonga en la poesía. Y el ciclo radical lo comprueba con su halo de romanticismo. Solo que este personaje, lejos de escapar del texto escrito, nace del guión para el lenguaje visual. Una bandera desgarrada flamea eterna sobre su pecho del que pende la corneta. Es, naturalmente, el loco del altozano, heraldo de desdichas y pregonero de los sueños, de manera que encaja varias veces como el relator en parábolas perfecto de esta ficción.

Pero al mismo tiempo, las salpicaduras macondianas muestran cuán innecesarias son en el conjunto de esta literatura televisada. La anunciación de la muerte el caballo loco por su inminente orfandad, la hojarasca entre el viento que rompió los nudos de los precipicios pierde la fuerza que tiene en el texto en escritura que nos comprueba cómo no fue una, sino que fueron varias las muertes de Geo von Lengerke después del duelo al que sobrevivió en Europa. Al fin de cuentas era lo esencial para que viniera a esta otra vida, aquí, en estas tierras, ariscas desde cuando adivinaron los sueños de la libertad.

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