TOTÓ, LA TAPATÍA

TOTÓ, LA TAPATÍA

Mi abuelo decía que al que le gusta, le gusta; y a mí me gusta cantar . Entonces, aunque tenía muchos deseos de comerse un taquito de moronga, Totó la Momposina respondió a la ovación del público tapatío con una nueva canción. La explanada de la Expo, donde se llevó a cabo la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, estaba a reventar. A Totó le dicen así, Totó, porque de niña, cuando apenas empezaba a soltar la lengua aunque las caderas las había soltado desde el vientre, a todo le decía totó . A los chinchorros, a la silla de su abuelo, a los tambores de sus primos, y a un viejo requinto que habían dejado allí, en algún rincón de la casa de Mompox, unos alegres cantadores cubanos que llegaron con su música a finales del siglo pasado.

10 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Totó llegó a Guadalajara con las viejas cumbias que siempre han prendido el ánimo de los colombianos, donde quiera que las cante y donde quiera que suenen sus tambores. En las rumbas de plaza, en los coliseos, en los salones... incluso en los velorios a orillas del Magdalena, donde el llanto sólo vale si lleva el ritmo de los bongoes.

Llegó con los cantos que en su familia han sido pan de cada día desde hace más de 150 años. Ritmos caribes llenos de alegría ante los cuales nadie se resiste a raspar sus pies contra el suelo, a mover las caderas, a levantar los brazos y a dejar que salgan del cuerpo los fantasmas de la nostalgia.

El abuelo de Totó le enseñó estos ritmos con todo el sentimiento, a su pesar de que alguna vez compuso melodías con el tono europeo de las que sonaban desde los barcos que subían por el Río Grande de la Magdalena, camino a la capital. Pero allí paraban, y los músicos recorrían las calles encantadas de Mompox, y se plantaban en algún lugar a interpretar sus óperas, sus operetas y sus zarzuelas. Pero el abuelo, como a Totó, le ganó el virus Caribe que llevaba en la sangre adherido a cada glóbulo.

Por eso Totó, desde antes de nacer, aprendió a mover la cadera. Y acá, sin pudor alguno, logró que también los tapatíos las movieran y llevaran el ritmo con las palmas, y la aplaudieran como aplaudieron en el Auditorio Nacional del Distrito Federal a Michael Jackson, y le gritaran Totó, Totó , y al final le pidieran otra, otra, otra .

Totó se ganó a los jaliscienses con su alegría, con sus cumbias, con sus mapalés que enloquecieron a todo el mundo, pero también con una dosis bien medida de sones cubanos en versión criolla. Porque ahora, Totó quiere recoger algo de lo que ha representado para su cultura momposina ese requinto que encontró abandonado en el desván. En Colombia, muy pronto, estará con su nuevo espectáculo, de toldo en toldo, encendiéndolo todo, hasta las lágrimas de los despechados. En Guadalajara, lo advirtió, era casi un ensayo. Pero si este fue el ensayo, ni hablar. Detras de esta mezcla bien condimentada está Andresito , un cubano moreno que se crio con la cultura sonera y vio en Totó Totico, como le dice la mujer perfecta para este mestizaje musical que dará mucho de qué hablar.

De Totó algo se sabía en México, pero su mejor carta de presentación fue el hecho de haber realizado trabajos conjuntos con Peter Gabriel. Por eso, y por su energía compulsiva, llenó un escenario al aire libre en el que había más gente de pie. Los que llegaron puntuales a esta cita con la rumba comprendieron, después, que una silla no es el mejor lugar para oír a Totó y a sus músicos, porque las ganas de levantarse no ceden.

Y no cedieron, y los puntuales tuvieron que bailar sobre las sillas.

Y no cedieron, y por eso pidieron a coro más canciones, cuando el espectáculo había llegado a su fin.

Pero Totó accedió y cantó más, para que los tapatíos rumbearan más, y sólo al filo de la medianoche pudo irse a comer sus taquitos de moronga, esos tacos para conocedores, que no los venden en las taquerías de los turistas. Los de moronga, que están preparados con la sangre coagulada de la res, los venden en aquellos sitios donde la gente no se para en pelillos para abrir la boca. Allí, donde ofrecen también los de trompa, los de buche, los de cabeza, los de nana y los de nenepil. Los que están hechos para meros meros machos y para mujeres con el desparpajo de Totó, la Momposina.

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