RESURGEN DOS VESTIGIOS COLONIALES EN EL CESAR

RESURGEN DOS VESTIGIOS COLONIALES EN EL CESAR

Tres años de expectativas y preocupaciones vivieron los habitantes de Badillo y Valencia de Jesús desde que el arquitecto, Rafael Tono Lemaitre, comenzó la restauración de sus coloniales capillas hasta ahora cuando las entregó totalmente remodeladas. Presentían que se trataba de un nuevo saqueo a sus reliquias y por eso a manera de prevención en ambas localidades se organizaron, con personas de avanzada edad, disimulados grupos de vigilantes. De eso no se percataron los contratistas.

10 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La dos joyas arquitectónicas, construidas hace cerca de 300 años y consideradas monumentos nacionales, fueron recibidas por el ministro de Obras Públicas Jorge Bendeck Olivella.

En Badillo, por obvias razones, hubo mayor celo. Allí, cuenta la historia popular, un sacerdote cambió la pesada custodia de oro; otro se desapareció con varios de los altares; y lo que quedaba de madera fue utilizado por carpinteros locales en la fabricación de bancas para el parque y taburetes de algunas viviendas.

Sobre la desconfianza del pueblo, Tono Lemaitre dijo que en un momento, en que las obras estuvieron paralizadas por falta de dinero, los habitantes prácticamente nos hicieron una huelga y nos increparon: Y ahora qué, se van a llevar el techo? . Fue necesario explicar que se trataba de todo lo contrario, de reconstruir lo que quedaba.

La restauración de la capilla de Badillo es para el viejo Nicolás Díaz Mendoza, hermano de Gregorio (descubridor del fraude de la custodia), la esperanza de que ahora si aparezca el famoso cáliz, el real.

El se atreve a señalar que reconocería la verdadera custodia, porque es inconfundible: de oro la copa y de plata su base, pesada y grande. En cuanto a lo del canto de Rafael Escalona, dice que la fama de salada que tiene Badillo desde el singular cambio, no es otra cosa que ganas de fregar la vida .

A los residentes en Badillo y Valencia deben ahora proteger sus reliquias remodeladas, según lo manifestado por el ministro de Obras Públicas Jorge Bendeck Olivella al entregarlas para sus oficios religiosos, ya que su despacho es responsable de rescatar los monumentos nacionales que congregan la espiritualidad de los pueblos.

Además, no sobra la recomendación, pues no se descarta que aparezca un ratero honrado y pretenda llevárselas ahora que quedaron como nuevas.

La restauración de las capillas de Valencia de Jesús y Badillo se planificó en 1983 por la Dirección de Inmuebles Nacionales del MOP, pero las actividades vinieron a concretarse el 29 de diciembre de 1989 cuando se suscribe el contrato con la firma del arquitecto cartagenero, Rafael Tono Lemaitre.

Viene entonces una etapa de investigación histórica, en donde se profundiza sobre la arqueología y arquitectura de ambas estructuras, recopilando información en la Biblioteca Nacional de Bogotá, la del Banco de la República, en el Centro de Historia de Santa Marta y los testimonios de pobladores mayores de 60 años.

La capilla de Valencia de Jesús fue construida en 1700 por iniciativa del sacerdote y vicario español Don Domingo Antonio de Mier y Cortines en donde los colonos españoles tenían el centro administrativo de la región.

La de Badillo se hizo diez años más tarde, en la zona destinada a la producción agropecuaria.

Concluidas las investigaciones, el plan final de restauración es presentado al Consejo de Monumentos Nacionales del Ministerio de Obras, organismo que lo aprueba en octubre 1990. Los trabajos en ambas capillas comenzaron a ejecutarse en enero de 1.991 con una inversión global de 230 millones de pesos.

La estructura más deteriorada la presentaba la capilla de Valencia de Jesús. Según el arquitecto Rafael Tono Lemaitre las gruesas paredes, de 60 centímetros de espesor, construidas en tierra apisonada, amenazaban con desplomarse, lo mismo que el techo.

Fue necesario apuntalar las paredes mientras se buscaba su fortalecimiento con la construcción estratégica de columnas en ladrillos y concreto con cimientos más profundos. Entre tanto, se procedió a cambiar todo lo construido en madera, a excepción los altares, que fueron sometidos a una minuciosa restauración incluyendo las pinturas religiosas que datan de 1.700.

Las obras en Badillo fueron menos complicadas. Las paredes por estar construidas con ladrillos cocidos y sobre cimientos sólidos, no registraban deterioro avanzado. En cambio, si fue necesario renovar todo el techo porque la madera había cedido al paso de los años.

Interiormente la capilla de Valencia de Jesús conserva cuatro altares, tres de ellos menores, dos confesionarios y un púlpito. En este sentido, la de Badillo no posee dotación de altares, por lo que se hizo necesario reconstruir un altar mayor a través de fotografías y testimonio de algunos habitantes, el cual será instalado a finales de diciembre.

Vistas desde el exterior, las dos capillas resplandecen(día y noche, por la blancura de sus paredes y los anaranjados techos de teja española, que la hacen parecer perpetuas.

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