CONCILIACIÓN DE INTERESES

CONCILIACIÓN DE INTERESES

La ronda Uruguay del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (Gatt) no podía fracasar. Aun con relativo éxito, era preferible al riesgo de cederle el campo a la temida guerra comercial. De volver a las condiciones predominantes en las décadas de los años veintes y treintas y de su culminación en una de las peores crisis de la historia. Avances mezquinos o relativamente modestos en algunos sectores pueden ser complementados más adelante. La protocolización agresiva de la discordia, en cambio, hubiera cerrado el horizonte. Erizado las murallas de los bloques en formación. Nadie entiende cómo muchos se apuntaron a su descalabro, incluso en Colombia.

11 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La ronda Uruguay, según informa el Economist de Londres, es la número dieciocho en la ya larga trayectoria de negociaciones comerciales. Veintitrés países concurrieron en 1947 a la primera. En la actual participan ciento dieciséis. La una duró un año. La otra lleva siete. El promedio de las tarifas arancelarias cuando se fundó el Gatt, en 1945, era del 40 por ciento. Hoy es del 4,7 por ciento y, si la ronda Uruguay termina bien, ese promedio será aproximadamente del 3 por ciento.

Las barreras arancelarias al comercio no son las únicas. Estados Unidos, por ejemplo, las tiene de otro tipo para textiles y vestuario, acero y automóviles. Lo mismo Europa y Asia para diversos renglones. Abiertamente se establecen cuotas a la importación de determinado artículo, se le aplican refinados controles fito-sanitarios o se le somete a licencia.

Japón y Corea del Sur reservan su mercado para una amplia gama de productos propios, el arroz a la cabeza. La Unión Europea, antes llamada Comunidad Económica, protege y subvenciona a manos llenas su agricultura. Ahora mismo, se ha prorrogado el Acuerdo Multi-Fibras, aparentemente de restricciones voluntarias pero de poderosas coerciones, disuasivas de la competencia textil de los países con menor costo de mano de obra.

Obviamente la Ronda Uruguay debía ocuparse de las barreras arancelarias y no arancelarias, así como de los subsidios a la producción, que teóricamente se reservaban a la promoción del desarrollo y que sin embargo acabaron practicando las potencias industriales. De entrada el conflicto surgió por las subvenciones europeas, asiáticas y estadounidenses a la producción y exportación de artículos agropecuarios.

Finalmente Francia logró dilatar al máximo el muy lento desmonte de los suyos, principalmente los relacionados con cereales, quesos e industria avícola. España Y Portugal no se quedaron atrás. Con razón se ha dicho que el esquema europeo hasta el año 2004 es muy generoso en subvenciones y ayudas. Falta por ver cuál será el tratamiento a la introducción del banano latinoamericano.

A la luz del principio rector de la liberación del comercio, al Gatt se ha ido a negociar las concesiones de cada país, que a todos los demás irrevocablemente se extienden. Francia puso en peligro la ronda Uruguay en su empeño de mantener la situación privilegiada de sus agricultores. Estados Unidos ha luchado tenazmente por la propiedad intelectual, por sus productos audiovisuales y sus servicios financieros. Los asiáticos por sus exportaciones como por sus mercados.

En fin de cuentas, lo que está ocurriendo es una laboriosa conciliación de intereses. No renunciamientos unilaterales sino multilaterales y recíprocos. La reciprocidad es regla de oro. Do ut des. La dificultad para llegar a un avenimiento se explica en buena parte por la profunda recesión y el altísimo desempleo de Europa. Por el temor a que sus mercados sean invadidos.

En Estados Unidos, donde esos problemas son menos agudos, el presidente Clinton declaró, durante la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que el único medio de una nación próspera para ser aún más rica es exportar, hallar nuevos clientes para sus productos y servicios . Porque todos piensan lo mismo, y los subdesarrollados aspiran a acceder a la civilización industrial, sobreviene el conflicto. Tanto más cuando existe un proteccionismo tradicional y acentuado como el asiático o una estructura productiva fuertemente respaldada por el Estado, como la europea.

* * * * Dentro del nuevo orden internacional de bloques económicos regionales, la posibilidad de colisión crecería si no hubiera un organismo en el cual zanjaran sus diferencias. Es la función del Gatt. Probablemente los países en desarrollo no han utilizado sus mecanismos en justa y necesaria medida. Ahí existe todo un arancel para hacer valer sus intereses en materia de acceso a los mercados como de subvenciones y competencia desleal.

Por lo demás, el espectáculo de las potencias económicas librando batallas campales en guarda de sus intereses o de sus criterios, debiera servir de ejemplo a los países en desarrollo para no cejar ni amilanarse en la erguida e inteligente defensa de los suyos. A la competencia mundial no es aconsejable llegar en manifiestas condiciones de inferioridad, resignados a estancarse o a perder lo que hubieren construido merced a tenaces esfuerzos.

De 1950 a 1975 el volumen del comercio mundial se expandió cinco veces y el tamaño de la economía planetaria ventajosamente se duplicó. Lo anota The Economist. En la intensificación de las corrientes mercantiles se confía para vivir una nueva etapa de dinamismo. No lo ignora Colombia cuando promueve múltiples convenios comerciales. Pero, cultivamos una mentalidad exportadora de la energía, la persistencia y el énfasis de la del presidente Clinton? Tratado con Chile Es de celebrar con vivísima complacencia el tratado de complementación económica suscrito con Chile, nación con la cual tantos vínculos nos ligan y tantas esperanzas compartimos. Al decir del presidente Aylwin, no lo es de libre comercio, apertura plena de las dos economías, porque debían protegerse sectores débiles de la chilena, todavía requeridos de amparo y custodia. Mejor. La perdurabilidad de un acuerdo depende de la capacidad de beneficiar a ambas partes.

Al efecto, se han excluido los artículos agrícolas con bandas de precio, los productos energéticos y los textiles. Para el resto, se contemplan programas de desgravación tendientes a llevar el arancel a cero en 1997 o 1999, según la clase de artículos. Tiempo suficiente para ir adaptando la productividad y eficiencia de las empresas a un sistema libre y competitivo, sin daño ni quebranto de los trabajadores. Eso, desde el ángulo de la economía chilena, a la cual se elogia merecidamente por su dinamismo.

Por cuanto se ha publicado, es un modelo de convenios de su género, equilibrado, realista y justo. Si el previsto con México tiene características similares, será para aplaudirlo sin reservas. Pasos fundamentales se están dando en favor de la internacionalización de la economía colombiana. Sean para abrirle horizontes a su desarrollo, energía constructiva y fuerza de trabajo.

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