EL REALISMO MARAVILLOSO

EL REALISMO MARAVILLOSO

La estrategia del caracol, concebida por Sergio Cabrera, demuestra una vez más que el incomprendido cine colombiano triunfa internacionalmente en sus esporádicas salidas y que debe contar con el respaldo del público nacional para su reconocimiento como producto competitivo dentro de los medios artísticos o comerciales. Cabrera y sus coguionistas Humberto Dorado y Ramón Jimeno lograron construir un relato minucioso e inteligente que funciona a las mil maravillas, con determinado énfasis en aspectos sociales de naturaleza tragicómica y en el engranaje tanto de relaciones interpersonales como de ubicación espacial la mejor película jamás antes filmada en Bogotá.

10 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Al precisar los objetivos últimos de una operación de resistencia popular contra el desalojo, estos inquilinos del centro bogotano siguen al pie de la letra las instrucciones del estratega un viejo tramoyista español y confían ciegamente en su habilidad para conducir el asunto, burlar a las autoridades, librarse de los abogados presuntuosos y llevar a feliz término tal empresa. En frente del Observatorio y de la bonita cúpula del Colegio de San Bartolomé, la acción transcurre en dos caserones antiguos de la calle novena con carrera 8a; desde allí se efectúan las diligencias judiciales, así como el trasteo clandestino a oscuras y las salidas de las zorras con sus enseres respectivos.

Quizás el principal atractivo radique en la descripción acertada de una veintena de pintorescos personajes cuyas virtudes o defectos calan sobre los espectadores y se ganan su simpatía. Sobresalen: doña Eulalia (Vicky Hernández) quien no se resiste a los sufrimientos de su moribundo marido, el Perro Romero (Frank Ramírez) como un amigable tinterillo que recibe su paliza, el travesti de melancólica expresión que personifica Florina Lemaitre, el fino doctor Mosquera (Dorado) por cuyo affaire con el anterior pierde el caso y... Don Jacinto (Fausto Cabrera) en su calidad de nostálgico republicano.

Algo que llama poderosamente la atención es aquella capacidad de recrear con ingenio una grúa, o plataforma vertical, en donde reposan las habilidades del tramoyista teatral. Además de sus excelencias escenográficas e interpretativas, la dirección artística está plenamente justificada al concederle en nuestro medio un inusitado valor a los créditos iniciales dibujados por Frank Ramírez, las maquetas y los efectos especiales de demolición.

Si usted quiere congraciarse con el país en que vivimos, no deje de ver y repetir esta divertida estrategia cinematográfica! Simultánea nacional a partir del 25 de diciembre.

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