CARLOS EDUARDO JARAMILLO

CARLOS EDUARDO JARAMILLO

Vive sumido en la violencia, pero anda buscando la paz. Prácticamente desde que se graduó de sociólogo en la Universidad Nacional está dedicado a estudiar la violencia en Colombia. Comenzó por azar cuando el Instituto Jorge Eliécer Gaitán le encomendó un estudio sobre el 9 de abril de 1948 en Ibagué. n esa ciudad nació, pero del Bogotazo recuerda algunas imágenes, pues de niño vivió alguna vez en un esquina cerca a la Plaza de Bolívar. Luego su interés comenzó a crecer a tal punto, que llegó hasta la Guerra de los Mil Días. Fue como un desquite: oyó tanto del asunto en su familia que quiso saber la historia completa. Aunque de ahí han salido libros, artículos para enciclopedias y estudios por encargo, el tema no se le ha agotado. Todavía tiene material (duró años recopilando datos en archivos departamentales, en el nacional, en el militar, en la Academia de Historia, en universidades...) como para otros tantos, que espera escribir cuando la paz le dé tiempo.

10 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Ese empeño por conseguirla lo ha mantenido, en los último años, más cerca del sector público que de sus amadas investigaciones. Ha sido asesor de la Consejería de Paz y desde la semana pasada es el titular de ese despacho, el causante de que ahora esté más lejos que nunca de sus mayores entretenciones: los libros y la música. Aunque a veces logra sacar un rato para leer sobre historia de Colombia, el terrorismo y la violencia, ya no tiene tiempo para obras como El cuarteto de Alejandría ni para la literatura latinoamericana ni para la poesía de García Lorca.

Algo similar le ha pasado con la música. Ya no le dan esos males de sentarse a escuchar durante un tiempo únicamente las sonatas para piano de Beethoven. O las composiciones hechas sólo para piano y violín. O sus fiebres por la música para orquesta. O la pasión por el flamenco. Por edad, tiene 48 años, le tocó vivir el rock y el rock and roll pero nunca se antojó; la música clásica es su compañera. Ni siquiera se arrima a oír algo de lo que oyen sus hijos. Tiene tres, una de 15, otra de 12 y el menor de 10.

De temperamento tranquilo, pausado y algo distraído, Carlos Eduardo Londoño no cree que dejar de caminar por la ciudad por cuestiones de seguridad y no poder practicar sus entretenciones, sea un sacrificio. Es solo la continuación de un empeño: la paz.

Con quién va a hacer la paz? Con los que quieran hacerla. Este no es un problema de un solo lado.

Le gustan las palomas blancas? Me son indiferentes.

Cuál es el consejo de un Consejero de Paz? Les diría a los violentos que la Colombia que dio origen a la subversión y que les dio razones para tomar las armas contra la democracia, ya no existe. Si analizan la realidad, la Colombia de hoy es muy distinta, en la que cabemos todos. Tienen que darse cuenta de que el país está hastiado de la violencia y que quiere la paz.

Es buen conversador, así como para dialogar? En negociaciones no soy tan callado como generalmente soy. Prefiero escuchar.

Qué se necesita para que dos persoas que están hablando se entiendan? Tener paciencia y voluntad de entendimiento. Puede que no estén de acuerdo, pero con paciencia y perseverancia se logra. Incluso se puede agotar la paciencia, pero no la voluntad que es lo vital.

Hasta dónde iría a buscar la paz? Hasta donde las condiciones lo permitan.

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