TOLIMA, EL PAÍS DE LAS NIEVES

TOLIMA, EL PAÍS DE LAS NIEVES

Gonzalo Jiménez de Quezada tuvo más de una razón para escoger al Tolima como la tierra en donde deberían reposar para siempre sus restos y sueños. Paso obligado de virreyes, escenario de investigaciones científicas, pródigo en atractivos naturales, este es un departamento lleno de historias, leyendas y paisajes. Con más de trescientos sitios de interés turístico que incluyen el Parque Natural de los Nevados, la Represa de Prado, el Río Grande de la Magdalena, variedad de climas y tierras exuberantes, el Tolima es una región que se vende por sí sola.

09 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Si para los europeos aún resulta incomprensible la magia del trópico debido a la inmensidad de los contrastes, no debe extrañar el hecho de que la tierra panche y pijao, poinco y pantágora, contenga un particular encanto para los propios colombianos.

Poder disfrutar de los Termales del Rancho en las puertas de un nevado imponente y gris, que sirve de centinela a Ibagué, la Ciudad Musical, y en menos de hora y media hacer propio a la orilla del gran río con un viudo de capaz, hace parte de la fantasía tolimense.

Melgar, con más de dos mil piscinas, se ha convertido en una especie de barrio caliente de Bogotá, dada la cercanía a ella. Esta condición la comparte con Carmen de Apicalá, un exclusivo refugio de turismo de clase A.

Carmen y Melgar emulan con otras tres poblaciones de tierra cálida: Mariquita, Ambalema y Honda, ubicadas en la zona norte del departamento a pocos minutos de las ruinas de la desaparecida ciudad de Armero. La abundancia de testimonios históricos como el Santuario Arquidiocesano de la Ermita, la Calle de las Trampas, la Casa del Virrey Sámano, el Santuario de los Dominicos, la Casa Inglesa y la arquitectura colonial de decenas de viviendas, son lugares ideales para quienes desean combinar descanso y conocimiento.

Mirando estas provincias de la llanura tolimense, no cabe la menor duda que existen desequilibrios e injusticias de la naturaleza. Así lo entendió José Celestino Mutis al escoger a Mariquita como la sede de la Expedición Botánica y plantar allí canelos cuyo aroma no ha logrado borrar el paso del tiempo.

Diversos y abundantes son los dones que se perciben en estos parajes. Atardeceres que hipnotizan; vientos dulces que hacen frescas las noches y las mañanas; frutas como el mangostino y el arazá, desconocidas para una inmensa mayoría de colombianos, son apetecidas por quienes visitan la Capital Frutera de Colombia, San Sebastián de Mariquita.

Pero el Tolima no es sólo tierra caliente. Sus cordilleras de verdes templados, hacen también parte de esa cultura de café y panela que hizo grande a Colombia. Líbano, Murillo o Anzoátegui, son, por así decirlo, una especie de taburetes desde los cuales es posible contemplar una de las maravillas del país: El Parque Natural de los Nevados. Ver el Ruiz, el Santa Isabel, el Tolima, El Cisne, y el del Huila, entrelazarse sagradamente uno tras de otro en una especie de caminata cósmica, es verdaderamente un espectáculo difícil de conseguir en cualquier región del mundo.

En el Tolima habitan varias culturas y esto se nota en muchos aspectos. La comida, la música, la danza, los mitos, todo tan particular, tan sui generis. Visitar el Guamo, en un día de mercado, es desentrañar la existencia de una nación diferente a la que puede contemplarse en sus zonas cafeteras. En la Chamba, por ejemplo, cuna de artesanos que con sus manos dan forma y casi vida al barro, se respira un aire lento que convoca a la eternidad y desafía el tiempo, muy diferente al de Fresno, Santa Isabel y Villahermosa, en donde sus hombres y mujeres han logrado doblegar con la reciedumbre de su espíritu la montaña agreste.

Visitar el Tolima y no comer tamal y lechona espinaluna, es agraviar el paladar. Igual ocurre con la avena de Venadillo, la achira purificense, la almojábana y el pandeyuca de Castilla, el pan marquiteño o el queso de Murillo.

Amparo Rojas, gerente de la Empresa Promotora de Turismo del Tolima, Turtolima, considera que en la zona existe una aceptable infraestructura hotelera que ofrece condiciones de salubridad y comodidad a la altura de las principales ciudades de Colombia. Tal es el caso de Prado, una especie de paraíso escondido en donde en torno a la represa se ha ido construyendo un importante complejo hotelero del más alto nivel. Cosa similar ocurre en Ibagué, su capital. Allí se desarrollan proyectos hoteleros por más de 15.000 millones de pesos lo que indica la magnitud de cuanto sucede en materia turística en el Tolima.

La Ciudad Musical es hoy una de las ciudades del interior del país que mayor vocación turística tienen. Su ubicación geográfica la hace ideal para congresos. Buena parte de las ciudades importantes de Colombia quedan cerca a Ibagué. Esta circunstancia y su clima primaveral hacen de ella un punto de referencia obligado.

Por estos lugares juguetean todo el año el Mohán, la Madre Monte y la Patasola. Pero es en las festividades de San Juan y de San Pedro en donde se apoderan de los turistas, arrebatan sus espíritus y los ofrecen a dioses mayores en señal de adoración y de respeto.

Con razón se dice que hay un sueño llamado Tolima .

DATOS VITALES TRANSPORTE Bogotá-Ibagué: $47.000 ida y regreso ALOJAMIENTO Hotel Ambalá: hab. sencilla $39.000, hab. doble $44.900 Hotel Nelson In: hab. sencilla $17.214, hab. doble $20.234 Hotel Pacandé: hab. sencilla $20.000 hab. doble $25.000

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