DAMA DE HIERRO NIEGA IRAKGATE

DAMA DE HIERRO NIEGA IRAKGATE

Margaret Thatcher negó ayer ante la comisión de investigación oficial encargada de esclarecer el escándalo Irakgate , que su gobierno hubiera suavizado secretamente sus regulaciones para permitir la venta de armas a Irak. Visiblemente irritada y a la defensiva, la ex primera ministra británica, que tuvo que contestar a las preguntas de dos fiscales incisivos, parecía encontrarse en una posición delicada.

09 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La pregunta principal a la que debe dar respuesta la Comisión Scott, instituida en mayo por John Major, es la siguiente: Por qué Thatcher ocultó al parlamento que las sanciones ya no estaban en vigor y, por lo tanto, las armas podían llegar tranquilamente a Irak? .

Esta fue la primera vez en la historia de Gran Bretaña que un ex primer ministro comparece públicamente frente a una comisión de este tipo que, sin embargo, no puede iniciar persecuciones judiciales.

Durante el interrogatorio, que duró varias horas, Thatcher intentó defender las decisiones de algunos de sus ministros a finales de los años 80, que, sin duda alguna, fomentaron las ventas de material sensible a Bagdad, afirmando que no podía estar al corriente de todo . Jamás yo habría permitido que algo, ni siquiera de lejos nuclear, llegara a manos de Saddam Hussein y que esto por lo menos sea claro , puntualizó.

Por otra parte, aseguró que no recordaba haber sido informada sobre algunos cambios en la aplicación de reglas sobre las exportaciones hacia Irak y respondió así al principal reproche en su contra, que consiste en que después de afirmar solemnemente, en 1989, frente a la Cámara de los Comunes, que el embargo decretado cinco años antes por la ONU contra Bagdad era estrictamente aplicado por Londres, esta afirmación se demostró falsa.

Durante las audiencias de la comisión, dos altos funcionarios de Defensa y de Comercio aseguraron que enviaron documentación para informar a la ex Dama de Hierro del destino final de las exportaciones británicas.

Mientras Irán e Irak se trenzaban en una guerra santa sin piedad, el gobierno de Thatcher definió las modalidades de exportación hacia estos países en dos ocasiones (1985 y 1988). Bagdad disfrutaba entonces del apoyo de occidente y numerosos documentos secretos divulgados durante la investigación demostraron una flexibilización considerable, a favor de Irak, de las modalidades de aplicación del embargo de la ONU.

Según estimaciones de la prensa, unas treinta empresas británicas exportaron entre 1985 y 1990 más de un millón de libras esterlinas en materiales que podían ser utilizados por Bagdad para fines militares. Las últimas entregas se produjeron menos de un mes antes de la invasión iraquí a Kuwait, en agosto de 1990.

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