DON QUIJOTE CON PASOS DE GIGANTE

DON QUIJOTE CON PASOS DE GIGANTE

Jaime Díaz y Ana Consuelo Gómez han protagonizado un idilio con el ballet primero como bailarines profesionales, luego como maestros, que se inició hace más de dos décadas, cuando hacer ballet clásico y montar una academia era, por lo menos, exótico. Afortunadamente, han perseverado, no se desalientan, todavía creen y esperan que Bogotá llegue a tener, como cualquier gran ciudad del mundo, una compañía profesional. Consideran, con mucha lógica, que el trabajo de su academia Ana Pavlova no tiene sentido si no logra articular un espectáculo por lo menos anual.

09 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Este año, con la puesta en escena de Don Quixote la noche del pasado sábado y domingo en el Teatro Colón, dieron pasos de gigante. Lo presentado desbordó las expectativas del certamen académico más importante de 1993 para situarse prácticamente en los terrenos del profesionalismo.

Sin duda, fue un suceso fundamentado en el trabajo exhaustivo y a conciencia y también en la tarea titánica de reunir lo más granado del talento joven y profesional del país.

Abrieron con dos trabajos, el primero, Fantasía de Navidad para niños; el segundo, más avanzado, ya en términos de la técnica académica, Aladino, con atractivos juegos escénicos.

El nivel de calidad profesional se impuso rápidamente cuando Marisel Cerquera y Anthony Giraldo bailaron el pas de deux El beso , coreografiado para ellos por Ana Consuelo sobre el concierto de Varsovia de Addinsell, bailado en plenitud de condiciones por la pareja. Cerquera estuvo expresiva y segura; Giraldo trascendió lo físico, se le confió la ejecución de un papel dancísticamente sustancioso y atlético, prácticamente para bailarín heroico, con un par de referencias veladísimas al Spectre, de Fokine, al Faune, de Nijinsky, y al universo griego de Duncan, que supo entender e interpretar. Lo bailaron apasionadamente, muy en el espíritu escultórico que buscó la coreógrafa, acentuado por trajes que sugerían figuras escapadas de una cantera de mármol.

Enseguida, Nora González y Jaime Díaz, en Nocturno, pas de deux, con música de Grieg. Nora, la primera bailarina profesional colombiana de la actualidad, ratificó su condición en el Colón. Díaz coreografió. Como su maestro, conoce bien sus condiciones; además, domina el arte del partner, sabe que es una bailarina de control y extensiones; el concepto es neoclásico, centrado en ella, que lo bailó con un altísimo sentido esteticista, cuidadosamente, con fortaleza en las puntas y admirable sentido del balance.

Vuelos con tensión Naturalmente, el momento clímax de las dos presentaciones (este sábado se hará la tercera y última) fue Quixote. La coreografía de Ana Consuelo, por supuesto basada en el original de Petipa de 1868, revisado por Baryshnikov, abrió con el acto blanco, rigurosamente académico, vehículo perfecto para el triunfo del talento de Martha Pérez, quien hizo un Cupido encantador, lleno de frescura, de asombrosa vitalidad, virtuosismo y resistencia, culminante en la serie de tours chainés que cerró su variación.

Alejandra González tiene condiciones francamente excepcionales para el repertorio lírico-romántico; lo demostró con el Sueño de amor ; su grand jeté se perfila sorprendente; la serie de pirouette-fouettée dehors, que bailó a la italiana , estuvo a la altura de cualquier escenario; con extensiones y proyección de alta escuela, cortaban la respiración.

El acto segundo fue una auténtica sucesión de marcaciones coreográficas espléndidas para el corp de ballet y también para los solistas. En los nuevos talentos estuvo la breve pero brillante variación de Gino Garzón, rica en tours en l air y pirouttes, que bailó con elasticidad, limpieza y control, que permiten vislumbrar un porvenir importante y un trabajo serio.

La actuación brillante, la más virtuosística, corrió por cuenta de Roger Almaguer ex ballet nacional de Cuba en la parte del gitano. Tiene ballon en el salto y brillantez en las pirouettes a la seconde. Un poco más de control añadiría a la vitalidad de su personaje un toque de refinamiento, pues en condiciones no tiene limitante.

Para Adriana Dávila, la actriz de televisión y bailarina clásica aficionada, se marcó con cuidado la parte de la gitana, que lució bien su presencia y, por qué no decirlo, su belleza, en una coreografía sencilla, lograda y de buen efecto.

El papel del torero fue otro triunfo para Anthony Giraldo. Lo bailó con imaginación, carácter y fortaleza. Giraldo tiene esa extraña cualidad de parecer que en cada instante da todo y se juega la vida; eso lo intuye el público. Trabaja bien el carácter del personaje. Un artista por fuera de cualquier sombra de duda.

Marina Villanueva, solista del Ballet Nacional de Cuba, bailó la Mercedes. Para decirlo en una palabra, Villanueva baila con autoridad. Apenas aparece en escena transmite, en fracción de segundos, ser profesional en todo el sentido de la palabra. Su seguridad en la punta es pasmosa, también sus extensiones; su cuerpo es de exquisita ligereza. Una espalda fuerte le permite trabajar a gusto toda suerte de pirouettes, también espléndidas series de ballonné. Tiene presencia en el escenario, sabe trabajar el carácter y posee expresividad.

Gala de virtuosismo Finalmente, los protagonistas. Basil, el barbero enamorado de Kitri, se encomendó a Alvaro Palau, formado en Incolballet y actualmente en el Ballet Contemporáneo de Caracas.

Balletísticamente, es más un danseur noble que un bailarín de carácter o un virtuoso; tiene presencia elegante, largas líneas; es impecable en su baile; hace las cosas bien. Nadie podría poner en duda los grand jeté de su variación, tampoco la limpieza de sus tours ni su elevación, pero, sin duda, podría ir más allá en términos del carácter del personaje.

Cerrando el elenco, Kitri, sobre medidas para las condiciones de Nora González desde el grand jeté de su entrada, sus ballonné, tours chainés y, en general, toda su exigente y lograda actuación. González mostró resistencia, profesionalismo, un entrenamiento fuerte, su salto tiene elevación, puntas seguras y fuertes en el balance; baila con gusto. Kitri parece salirle del fondo del alma y esto lo sabe entender el público. Quizá por eso mismo se crece en el escenario.

Para finalizar el corp de ballet, tanto femenino como masculino, con una actuación no solo sustanciosa sino también comprometida. Imposible también injusto pasarlo por alto. Se trata de la base del andamiaje para construir una empresa de las características y requisitos de un clásico como Quixote.

Integrado completamente por estudiantes, demostró ser capaz de bailar sin asomo de rutina, con resistencia prácticamente están en escena continuamente durante más de una hora, sin asomo de agotamiento, precisos, con ritmo. Ellos son la base que permite creer que algún día Bogotá tendrá una compañía profesional que baile hoy Quixote, después El lago; no solo Petipa, también Cranko, Mac Millan, Balanchine, Taylor, Perrot, Saint-Leon...

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