CÉSAR RINCÓN SALVÓ LA TARDE

CÉSAR RINCÓN SALVÓ LA TARDE

Había gran expectativa ayer o, más bien mucha esperanza en la afición taurina que llenó la plaza de toros Agustín Barona de la ciudad de Palmira. No era para menos, si se piensa en que se reunía una terna de muy alta calificación: Jairo Antonio Castro, César Rincón y Enrique Ponce, con toros de Amabaló. Sin embargo, el encierro malogró la tarde. Poca suerte tuvo don Pepe Estella, pues sus animales se rajaron pronto, buscaron las tablas y, en general, no mostraron la sangre de una ganadería de prestigio como Amabaló. Jairo Antonio Castro tropezó con un toro que se rajó muy pronto. Y ante el cual nada artístico se podía hacer. Silencio.

09 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

A su segunto (cuarto de la tarde), Jairo le ejecutó lances a la verónica, y se hizo aplaudir. El toro dio regular pelea en el cabello, pero luego también se fue a tablas. El torero bogotano intentó sacarlo a los medios, lo cual no logró, como tampoco consiguió obligarlo a que pasara. Tuvo que matarlo de dos pinchazos, estocada y varios intentos con el descabello.

El gran diestro colombiano César Rincón también tuvo que pechar con un primer toro que apenas se dejaba lancear a la verónica, lo cual hizo Rincón con arte y temple. Picado el toro, el banderillero El Piña colocó un magnífico par. En la muleta el toro fue muy difícil, se aculó a tablas, y a pesar de la voluntad y de estar frente a torero tan experto y dominador, no se dejó. Mucha voluntad, pero nada más. Estocada y dos descabellos.

Apenas tres verónicas bien señaladas pudo ejecutarle Rincón a su segundo ejemplar, que tuvo que ser devuelto por visible defecto en sus remos delanteros. Salió otro ejemplar del mismo hierro, pero de distinto comportamiento. Rincón se empleó a fondo con la capa e hizo vibrar la hasta entonces fría afición, con unos lances a la verónica cargando la suerte. Con la muleta inició con pases por alto, para luego ejecutar el toreo por derecha y al natural, a media altura, con el mérito de dominar las dificultades que tenía el animal, de fea acometida. Lo toreó especialmente por la mano derecha, por donde mejor embestía. Mató de estocada entera, que hizo doblar pronto al de Amabaló.

Enrique Ponce lució en su primer ejemplar en el tercio de capa, ejecutado por verónicas y rematado bellamente. Este toro fue bravo en los caballos. Frente a la muleta de Ponce, el astado apenas tragó una serie en los medios sobre la mano diestra, pero luego, como sus compañeros de hierro, se fue a tablas. Allí el torero intentó, pero tuvo que desistir pronto, pues no había toro. De estocada y dos descabellos lo despachó.

Con el sexto de la tarde, Ponce mostró gran voluntad. Buscó por todos los medios sacarle el mayor partido al animal, y así le arrancó los pases a cuentagotas. Ligar era imposible. Al rematar de estocada entera, fue aplaudido por el público. (Coespecial).

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