URABÁ SIGUE SIENDO UN CAMPO MINADO

URABÁ SIGUE SIENDO UN CAMPO MINADO

Aunque el enfrentamiento político entre el Partido Comunista de Colombia-Unión Patriótica (PCC-UP), y el movimiento de reinsertados Esperanza, Paz y Libertad (Epl), aparentemente se ha aclimatado en virtud de los acuerdos suscritos el pasado 23 de noviembre, los muertos siguen aumentando en el Urabá antioqueño. Las acciones de grupos armados que operan por fuera de la ley ya sean paramilitares o guerrilleros de la Coordinadora, continúan azotando a la población. El martes pasado, mientras que el delegado presidencial para Urabá, José Noé Ríos Muñoz, presidía la intalación de la Comisión de Seguimiento del Acuerdo, y se anunciaba la liberación de dos dirigentes de la Corriente de Renovación Socialista (CRS) que habían sido secuestrados por las Farc, corrían las noticias relacionadas con dos nuevas masacres en fincas bananeras.

09 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Para Albeiro Bustamante, concejal de Apartadó por la UP-PCC, lo importante es que tras la firma del Acuerdo, ya no se trata de hablar de un enfrentamiento entre partidos políticos, sino de unir voluntades para luchar contra los grupos paramilitares que operan en Urabá.

Según Bustamante, los paramilitares son personas y grupos armados que operan al margen de la ley. No es ni el Ejército ni la Policía porque ellos están legalmente constituidos . Al referirse a los avances del Acuerdo como mecanismo para frenar la violencia, el concejal aseguró que la comisión está trabajando pero que allá no fueron a hablar de muertos.

De hecho, los participantes en el acto de instalación de la Comisión de Seguimiento reiteraron un total rechazo a la violencia que pretende aprovecharse de la región y repudiaron los asesinatos ocurridos en la finca Filipinas, donde el martes murieron cinco trabajadores. Además, se dejó expresa constancia de que ningún grupo generador de la violencia actúa a nombre de cualquier movimiento político legalizado .

Allí mismo, los representantes de los partidos políticos, de los empresarios bananeros y el sindicato convocaron a una reunión para el próximo 14 de diciembre en Chigorodó con el fin de desarrollar el mecanismo de veeduría, analizar la evolución del orden público, discutir la seguridad para los dirigentes y las sedes políticas y debatir el problema de la reinserción de los desmovilizados.

Sin embargo, estos esfuerzos si bien es cierto que tienden a mitigar uno de los tantos factores de violencia que azotan a la región, no garantizan que la población pueda vivir tranquila y en paz. Teodoro Díaz, dirigente del Epl y concejal ambulante de Turbo (porque la violencia le ha impedido ejercer su curul) dijo que con los cuatro trabajadores bananeros asesinados en la finca Filipinas el pasado martes, suman 66 esperanzados muertos este año.

John Jairo López, Adolfo Martínez, Edison Urrutia y Manuel Vergara murieron dentro del conflicto generado por la Coordinadora Guerrillera, a quien el concejal atribuyó la responsabilidad de esta acción.

Según Díaz, lo que se debe hacer ahora es un frente común contra la Coordinadora pues este año, los militantes de la organización que dirige han sido víctimas de seis masacres. Aquí todo lo que no se unte de Coordinadora, que no tenga su olor, tiene problemas y tiene que desocupar. En ese marco, no sólo la Coordinadora no sólo ataca a Esperanza sino a todo el mundo tal como lo hicieron al secuestrar dos dirigentes de la CRS .

En esta confusión de fuerzas diferentes que operan en el Urabá antioqueño, los cinco muertos y once heridos que dejó la incursión de un grupo armado en la finca Campanitos de la vereda La Puya, en el municipio de San Pedro de Urabá, tiene tantas versiones como posibles autores.

Algunos informes señalan la autoría a la disidencia del Epl, liderada por Francisco Caraballo, con el argumento de que presuntamente en ese lugar había paramilitares, pero según las autoridades, sólo había civiles. Tambien se atribuye el ataque a los frentes V y XXII de las Farc y una parte de la disidencia del Epl, con el propósito de atacar una base de paramilitares.

Lo cierto, según distintos estamentos, es que en Urabá las armas están empuñadas ya sea para emprender un ataque u obrar en defensa propia. Las balas se cruzan de todos los lados y los muertos en su mayoría los pone la población civil.

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