DE CAMPAÑA, AL ESTILO RUSO

DE CAMPAÑA, AL ESTILO RUSO

Los casi 700 observadores internacionales que han venido a supervisar por primera vez en la historia unas elecciones en Rusia y que se imaginaban que la cosa aquí es como en sus países, se han llevado un gran chasco. En Rusia hay elecciones parlamentarias y referendo constitucional el próximo domingo. Pero ni la calle ni la gente parecen indicarlo.

08 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Moscú está como siempre, gélido y nevado por el noviembre más frío de los últimos 50 años. Contados carteles anuncian las elecciones en el centro de la ciudad. Sobre la Constitución, ni una palabra.

Los comunistas hicieron el domingo un mitin, que la alcaldía solo les autorizó en un estadio lejos del centro. Son los únicos, de los 12 partidos que participan, que han realizado una manifestación a cielo abierto.

Un estilo muy ruso Y no es por el invierno sino por la tradición. Nada más ajeno a los rusos que las bullangueras campañas electorales latinas o el reguero de papeles, fotos y serpentinas estadounidenses.

La tradición comunista era una comedia de elecciones que descartaba toda forma de exhibición. Y esta primera campaña electoral de la nueva Rusia poscomunista, pese a algunos coqueteos con la moda occidental, no ha producido cambios de fondo.

Los candidatos viajan. Muchos son ministros y se les da recibimiento, escolta y salas, aunque ellos afirman que el viaje es particular .

Otros se suben en un avión con un paquete de volantes y el invariable periódico que cada movimiento edita y se van a fábricas importantes a reunirse con los electores .

Algunos imprimen y hacen pegar fotos o afiches, pero son pocos. Opción de Rusia, el partido de gobierno, organizó un concierto de rock para la juventud moscovita, poco publicitado.

La novedad del año Pero son excepciones. La gran novedad es la televisión y en ella transcurre lo esencial de la campaña.

Se dio espacio gratuito a los 13 bloques electorales en horas de alta audiencia en el canal central y el ruso, y se les vendió, por cerca de 700 dólares, el minuto de tiempo extra a los que pudieran pagarlo.

Varios hicieron comerciales que, en su mayoría, se limitan a presentar candidatos en foto fija o en poses forzadas con el Kremlin al fondo.

Los de Opción de Rusia son más al estilo de la publicidad occidental. Pero sus niños con perros o con gente que firma con colores alrededor de su logotipo son vistos, en ciudades industriales de provincia y aldeas campesinas, con no poca extrañeza, como si fueran de otro país.

El resultado de estos programas ha sido catastrófico. Después de una semana de emisiones, la intención de voto bajó en 7 por ciento.

La razón? Casi no ha habido debates y los programas son largos monólogos con cámara inmóvil y caras, conocidas o no, que hablan de economía, critican el gobierno o una Constitución que el 63 por ciento no ha leído y el 5 por ciento ni siquiera sabe que existe.

Esta es una estrategia inútil, ya que Rusia es un país de jefes y el pueblo vota por personajes y no por programas.

El único más o menos creativo es el director de cine Stanislav Govoriujin, del Partido Democrático, que adorna con videos sus corrosivas críticas a lo que él llama un gobierno de ladrones . Fue amonestado, por supuesto.

Avisos de otro mundo Además, hay espacios institucionales, que anuncian las elecciones, recuerdan que el referendo sobre la nueva Constitución es muy importante y explican cómo llenar los cuatro boletines que, mínimo, tiene que usar cada elector.

Las encuestas, que se publicaron el mes de noviembre y que indicaban una baja del favorito Opción de Rusia, fueron súbitamente suspendidas por orden de la Comisión Central Electoral desde inicios de diciembre.

Las que alcanzaron a aparecer antes de la prohibición ofrecían datos tan contradictorios como los editoriales de los periódicos que las publicaban. Por eso, tanto la distribución de votos para parlamento como el destino de la Constitución son un enigma.

No es raro, pues, que esta campaña electoral, a puerta cerrada y por televisión, poco despierte fervor entre la gente.

En la calle, el ánimo no está para esos debates y mucho menos para una campaña multicolor, con partidarios de gorritos y banderas. Los dos años de reforma han producido más apatía que cualquier otra cosa. Y eso se refleja en esta campaña electoral.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.