UNA NARCODEMOCRACIA

UNA NARCODEMOCRACIA

Ignoro qué es el Instituto Geopolítico de la Droga, con sede en París, y mucho menos había oído hablar de su presidente, el señor Alain Labrousse. Pero el domingo pasado encontré en El Espectador un reportaje de Eduardo Mackenzie, fechado desde esa ciudad, con este genio de la droga, a propósito de la muerte de Pablo Escobar por el Bloque de Búsqueda. Y entre las lindezas que dice Labrousse están las siguientes, que me permito transcribirlas porque lo cierto es que nos pintan de cuerpo entero como una auténtica narcodemocracia, a pesar de los esfuerzos evidentes que Colombia ha tenido que hacer frente al flagelo. Cree que la imagen de Colombia ante el mundo cambiará con esto que acaba de pasar?

08 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sí, yo creo que la imagen de Colombia cambiará. El presidente de Estados Unidos felicitó a Colombia, pero también es cierto que la infiltración de los traficantes a nivel de la justicia, de la Policía y del propio Gobierno nunca había sido tan fuerte como ahora. Acabo de hablar con Jack Bloom, el procurador norteamericano, quien regresó de una misión en Colombia y nos confirmó esto de la infiltración. Un asistente del procurador colombiano acaba de ser destituido por tener lazos con los narcotraficantes. Ese es un caso. Nosotros tenemos información sobre un candidato presidencial y otra gente.

Podría precisar esto último? No, porque hay que tener pruebas. Pero tenemos información sobre este tema. Entonces...

Dígame, de qué candidato presidencial se trata? No, no voy a decir más. Pero tenemos indicios fuertes. Cuando tengamos las pruebas las sacaremos. No puedo decirle más. Digamos que en la campaña electoral va a correr dinero como siempre del narcotráfico.

A mi juicio, es muy grave que gentes como este entrevistado (presidente del Observatorio Geopolítico de las Drogas) salgan a decir las cosas que este francés afirma, y que aquí no pase nada. Es decir, que ni la opinión se intranquilice como debería hacerlo, ni el Gobierno colombiano proteste formalmente, o por lo menos reclame mayores informaciones acerca de un asunto que, próximas como están por venir tres elecciones, no es ciertamente de poca monta.

En Colombia, según Labrousse, existe una infiltración del narcotráfico a todos los niveles se presume, por supuesto, que ante todo a niveles oficiales, pero, además, existe un candidato presidencial que tiene lazos con los narcotraficantes. No voy a decir más, pero tenemos indicios fuertes , dice esta presunta autoridad mundial en el tema.

Cuál es ese candidato? El señor Andrés Pastrana? El señor Ernesto Samper? Navarro Wolff? El general Maza? Quién? Se trata, sin duda, de una información o sólo una presunción? indignante, que el Gobierno colombiano, a través de su embajada en París, no puede dejar pasar.

Y pienso lo anterior porque si hay alguien en este momento con toda la autoridad moral para solicitar que se amplíe, confirme o desvirtúe tal estilo de aseveraciones, ante el concierto internacional, es justamente el presidente Gaviria. Nadie discute que la captura y muerte de Escobar es, en buena parte, un triunfo suyo, así como era difícil eludir la responsabilidad del Ejecutivo en la insólita fuga del capo de la cárcel de La Catedral.

Ahora, la Administración Gaviria ha recobrado su prestigio, después de que sus dos grandes lunares fueron el racionamiento eléctrico hoy inexistente y la escapatoria de Escobar, también ya resarcida. Y así parezca tarde, se trata de un triunfo del Estado, representado en su cabeza máxima, que es el Presidente de la República.

Pero, por eso mismo, si ello le devuelve popularidad y confianza al Jefe del Estado entre sus conciudadanos, con mayores veras esa victoria le permite hablar duro y defender a su país y a sus futuros gobernantes del estigma que de antemano les quieren colocar, en el sentido de que aquí todos estamos comprados y sobornados por el narcotráfico. Comenzando, ni más ni menos, por nuestros candidatos presidenciales.

Todo lo contrario: si alguna vez se han manejado o se aprestan a hacerlo con diafanidad suficiente las tesorerías de las campañas presidenciales, es en esta ocasión. Que yo sepa, la de Samper la está dirigiendo nadie menos que la ex ministra Mónica De Greiff, quien no solo es hija del Fiscal General de la Nación sino que cuando ocupó la cartera de Justicia, durante la Administración Barco, se destacó precisamente por tener la frente en alto, ante las terribles amenazas de que la hicieron víctima los narcos y que a la postre la obligaron a retirarse de su cargo causadas a raíz de la extradición de nacionales a Estados Unidos. Y, si mal no estoy informado, la tesorería de Andrés va a manejarla Claudia De Francisco, esposa del ministro de Defensa, Rafael Pardo Rueda, y sobre cuya integridad moral e intelectual nadie podría tener tampoco la más mínima duda.

Tales son los filtros que, en sus respectivas tesorerías, han colocado dichas campañas, para evitar precisamente todo riesgo o conato de que los llamados dineros calientes lleguen a sus arcas y después hagan los estragos que producen. Y, desde luego, tampoco se trata de tapar el sol con las manos ni de negar que dichos dineros no se han filtrado en campañas anteriores, o que la estructura del país, en sus distintas ramas, ha estado libre de tales presiones. Lo ocurrido con el Procurador Delegado para la Policía Judicial es, efectivamente, un episodio penoso y elocuente del poder de los dineros calientes cuando se trata de obtener cuanto pretenden, comprando conciencias.

Pero de ahí a señalar que, pese a los problemas que tenemos, ésta es una nación tomada por la mafia y que lo que existe aquí, por tanto, no es ni va a ser una democracia, sino una narcodemocracia, hay mucho trecho. Paralelamente, con la lucha que estamos librando a nivel represivo, el Gobierno, con su Presidente en primer término, tiene que salir a defender con vehemencia como en este caso los intereses de la patria ultrajados por quienes sostienen, desde las más sofisticadas academias, que acá no solo hay un precandidato que tiene lazos con los narcotraficantes, sino que, como siempre, en la campaña electoral va a correr el dinero de éstos. Lo último, inclusive, no es improbable que suceda, pero no constituye la regla aceptada por nuestra sociedad, como creen acuciosos observadores de fuera, ni la tolerada por las campañas de los diferentes aspirantes a la Presidencia.

Por eso, Gaviria no puede permitir que se sigan propagando tan alegremente semejante tipo de suspicacias de alto coturno. Nos lesionan a todos.

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