FÓMEQUE, EL SELLO DE UN DICTADOR CON SOTANA

FÓMEQUE, EL SELLO DE UN DICTADOR CON SOTANA

Era tanta la autoridad y respeto que despertaba monseñor Gutiérrez, que después de 25 años de su muerte todavía los fomequeños le obedecen. Por eso, en la XII feria exposición de San Isidro, celebrada la semana pasada, no hubo toros. Nunca los ha habido. Pero no hacen falta. Tal y como están concebidas las tradicionales fiestas, son una muestra cultural y folclórica por excelencia, dedicadas, en esta ocasión, a la celebración de los 400 años de fundación de la localidad.

08 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La feria nació para que los labriegos expusieran sus productos y también con el ánimo de difundir las danzas, coros y teatro propios de la región. Así lo dispuso monseñor Agustín Gutiérrez, y así se cumple. Por ello, los días de feria no hay ni corridas de toros ni parranda ni mucho menos borracheras.

La idea del Apóstol de los Campesinos , como se le llama, era que las festividades se distinguieran de las de los otros municipios. Hoy, su decisión todavía se mantiene. Allí, la mayoría de los 12.500 habitantes o son profesores o cantan o bailan, todo por obra y gracia de Monseñor.

El amasijo, la siembra del maíz, el pasamanos, la caña, las perdices y unos 28 bailes folclóricos más, asociados con el trabajo y la producción agrícola de cada una de las 32 veredas, son clara muestra de la diversidad cultural.

Otra de las danzas de la región, la siembra del sagú , hace alusión a este tubérculo parecido a la yuca, con el cual se prepara, desde la época indígena, el pan, que junto con la fritanga, los tamales, los envueltos y la mazamorra chiquita, hacen parte de la mesa de los fomequeños.

Pero la herencia del cura va más allá de lo cultural. Su gran preocupación, desde su arribo a Fómeque, en 1936, fue sacar a los campesinos del subdesarrollo.

Según Manolo Mora, encargado de las danzas del municipio, pasado un año de la llegada de Monseñor, procedente de Tiribita (Cundinamarca), el cura realizó una visita domiciliaria a todos los campesinos para detectar sus verdaderas necesidades.

Encontró analfabetismo, muchos arrendatarios y desconocimiento técnico de las labores agrícolas, problemas que combatió durante los 32 años que vivió en el municipio.

Tienes que hacerte a tu tierrita , les advertía Monseñor a los campesinos. Para lograrlo, los hizo ahorrar en unas cuentas que abrió en su despacho, dinero que más adelante convirtió a los campesinos en dueños de sus parcelas.

Y con el paso de los años, el fuerte de la economía de Fómeque, en el oriente de Cundinamarca, sigue en manos de la agricultura y la ganadería.

En sus tierras crecen la habichuela, el tomate, la cebolla y la arveja, cultivos y técnicas que hacen parte de la modalidad agrícola de la Unidad Educativa. En el colegio de bachillerato, además de esta especialización, se puede optar por la académica o la pedagógica.

De otra parte, semanalmente del pueblo se apodera la feria ganadera, en la que, en su mayoría, se comercializan reses tipo Normando. Y pese a la cercanía del parque Chingaza, los estaderos de la vereda La Unión, y otros sitios de recreo y pesca, el turismo es escaso.

Al parecer, los campesinos aún son prioridad. De acuerdo con el alcalde, Humberto Romero Rico, una parte del presupuesto para 1994, que asciende a 700 millones de pesos, será destinado a un programa de ayuda al campesino para evitar que lo exploten a la hora de vender sus productos.

El resto del dinero será invertido principalmente en acueductos, mantenimiento de vías y reestructuración de la educación.

De acuerdo con los fomequeños, los servicios públicos son aceptables y se espera para enero la instalación de 600 líneas telefónicas.

En la mayoría de las obras de la localidad intervino monseñor Gutiérrez, quien llegó a tener más autoridad que los mismos alcaldes. Por eso Fómeque, no tan sumiso como en la época de Monseñor, con el paso de los años conserva los beneficios que durante 32 años fueron la prioridad de este singular dictador con sotana.

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