SEGURIDAD SOCIAL CON PATAS COJAS

SEGURIDAD SOCIAL CON PATAS COJAS

Parece que definitivamente la historia de la seguridad social en Colombia se partió en dos. En un hecho tan histórico como controvertido, después de año y medio de debates el proyecto de ley pasará a sanción presidencial. El cambio es una realidad. Pero de ahí a que funcione como se quiere y que empiece a dar los resultados que se esperan, habrá un camino largo y tortuoso por recorrer. Un trecho que, sin lugar a dudas, incluirá varias reformas a la reforma.

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Aparentemente, el nuevo esquema es simple: tanto las pensiones como los servicios de salud pueden pasar a manos privadas. Cualquier inversionista podrá montar un fondo de pensiones o una Entidad Promotora de Salud (EPS), como las que existen de medicina prepagada.

Aunque la ley tiene los mejores propósitos, hay dos puntos flacos que pueden convertirse en su talón de aquiles. El primero, es probable que no sean muchos los que quieran pasarse a los fondos privados, porque quedaron con desventajas frente al ISS, y por temor a una baja rentabilidad de sus ahorros. Y el segundo, que no haya muchos interesados en montar servicios de salud para competirle al monopolio estatal.

Los trabajadores que se queden en el Instituto saben que para tener derecho a una pensión de vejez deben aportar durante 1.000 semanas (20 años) y que recibirían el 65 por ciento del salario promedio de toda su vida laboral o de los últimos diez años. No importa si sus ahorros dieron o no un buen rendimiento. Lo que falte lo paga el Estado.

Para quienes decidan pasarse a un fondo privado, también hay un límite de cotización: 1.150 semanas (23 años). Sin embargo, la verdad es que pueden ser menos o más, dependiendo de lo que suceda con las tasas de interés. Si las inversiones del fondo logran un rendimiento promedio anual de 6,0 por ciento por encima de la inflación, no habría problemas. Pero si es de dos o tres por ciento, sólo le quedan dos salidas al trabajador: o se jubila con menos dinero (una pensión mínima) o aporta durante más años.

En la economía colombiana las tasas de interés reales (los puntos que superan el nivel del costo de vida), pocas veces han sobrepasado de 4,0 ó 5,0 por ciento. En 1991, por una situación coyuntural, fue de 8,5. Pero no es fácil que eso se repita.

El segundo gran interrogante tiene que ver con la salud. La reforma tiene dos objetivos básicos: privatizar parte de los servicios y ampliar cobertura. Actualmente, sólo 20 de cada 100 colombianos tienen acceso a la seguridad social (pensiones y salud) y el objetivo es llegar al 100 por ciento en 11 años (en el 2004).

El problema es que el sector privado ha dicho que no hay condiciones para conformar las EPS, porque la ley obliga a cubrir enfermedades adquiridas antes de la afiliación, como en el ISS, y eliminó los llamados tiempos de espera , que permiten cubrir una enfermedad después de algunos años de vinculación. Si no pueden competir, sólo entrarían al negocio entidades sin ánimo de lucro, como cajas de compensación y cooperativas.

Esos son sólo dos de los muchos problemas que encontrará la aplicación de la ley en el camino. Mientras tanto, habrá que empezar a trabajar en el desmonte de los casi mil sistemas de seguridad social que existen en el país y quedan cobijados por la ley. Los únicos que dejaron por fuera, con sistemas individuales, son los trabajadores de Ecopetrol, los maestros y las Fuerzas Armadas.

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