GARCÍA PEÑA Y CUBA:

GARCÍA PEÑA Y CUBA:

En los tributos a don Roberto García-Peña sus compañeros y amigos han olvidado que tenía, a gran orgullo, su condición de admirador apasionado de José Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba y su gran cariño por la isla antillana. Cuando llegué a Colombia en 1961 y llegué para quedarme conocí a don Roberto y después, ya viviendo en Cali, en mis viajes a Bogotá acudía a visitarlo en el viejo TIEMPO de la Avenida Jiménez. De García-Peña y Calibán recibí afectuosa acogida. Cuando alguien muy influyente pidió mi expulsión del país, acusándome de agente comunista encubierto , Calibán y García-Peña me defendieron en La Danza de las Horas y el Rastro de los Hechos . Yo conversaba mucho con don Roberto y siemrpre disponía de tiempo para hablarme de Cuba y evocar algún pasaje de la vida de Martí.

07 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

En mi columna de Occidente de Cali una vez señalé a dos colombianos de devoción martiniana: Germán Arciniegas, descendiente de Perucho Figueredo, autor del himno nacional cubano y Otto Morales Benítez, de quien había leído un artículo sobre Martí. Al día siguiente en EL TIEMPO, don Roberto me reprochaba cordialmente que le hubiera olvidado entre los colombianos que amaban a Martí.

Pero dos años antes yo había conocido fugazmente a García-Peña, cuando organicé en La Habana, con Carlos Franqui, una reunión de periodistas de todo el mundo, que Fidel bautizó como La Operación Verdad . Frente a la mentira de su supuesto comunismo, proclamaría que la Revolución no era comunista sino tan cubana como las palmas .

La delegación colombiana la integraban Roberto García-Peña, director de EL TIEMPO, Gabriel García Márquez por El Espectador y Julio Nieto Bernal por Caracol.

Fidel, en su etapa de verborrea torrencial, en vez de someterse al interrogatorio de los periodistas, convirtió el encuentro en monólogo de dos horas y nadie pudo formular una pregunta.

Terminando su perorata, se fue casi corriendo del gran salón del Hotel Habana Riviera. En los periodistas quedó un sentimiento de frustración. En nombre de sus compañeros, Nieto me pidió que intercediera con Castro para que los periodistas que llegaron de Bogotá tuvieran un encuentro con Fidel, siquiera de cinco minutos .

Respondí que no podía ayudarlos en esa gestión, pues tendría que dar la misma oportunidad a casi mil periodistas invitados. Recordando aquel episodio de hace 34 años, resulta paradójico que entre los que pedían sólo cinco minutos para hablar con Castro , estuviera Gabriel García Márquez, que después se convertiría en el más cercano amigo de Fidel, con quien ha compartido conversaciones por muchas horas, durante años.

García-Peña no volvió a Cuba. Desde aquella Operación Verdad que resultó mentira, el Director de EL TIEMPO comprendió claramente a dónde se dirigía Fidel y fue de los primeros que en Colombia denunciaron la penetración comunista en Cuba.

Ahora que se recuerdan facetas de la vida del gran periodista, quiero contribuir a su homenaje evocando aspectos poco conocidos de don Roberto: su devoción martiana, su visita a Cuba en 1959 y su certera advertencia del obligado final de la Revolución que tantas esperanzas despertó en América.

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