LA SEGUNDA 7A. PAPELETA

LA SEGUNDA 7A. PAPELETA

La importancia de las declaraciones del Fiscal General de la Nación, Gustavo de Greiff, en torno de la legalización de la droga, viene de dos factores fundamentales. El primero de ellos es, como lo dice el presidente Gaviria en su carta, la posición que ocupa la persona de De Greiff y el rol preponderante que juega hoy la Fiscalía en la vida colombiana. El segundo es el atrevimiento del Fiscal de decir esa mala palabra que mucha gente sabía, y que por el riesgo personal y político que conllevaba pronunciarla, nadie quería decir. Lo crítico es que la dijo: la legalización de la droga deja de ser para los colombianos una mala palabra y empieza a ser una alternativa seria para considerar, si realmente se habla de acabar con el narcotráfico de una vez por todas.

07 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El siguiente paso el pasar de la discusión a la acción es llevarla a la letra fina de la legislación. Y como pocos congresistas se atreven a tomar como suya la bandera de la legalización y el no del Ejecutivo hay que entenderlo en medio del complejísimo manejo de las relaciones internacionales, la salida que se le debe dar al país es la de efectuar un referendo al respecto. Una 7a. papeleta por segunda vez.

El debate que generaría esta consulta popular sería enorme y serviría para que tomáramos conciencia de si finalmente sí querríamos la legalización de la droga como opción real. Ya Italia votó en un referendo similar si quería despenalizar su consumo y acogió esta opción. De paso, el proceso generaría la discusión que hace falta en los Estados Unidos para que la opinión allá tome cartas en el asunto.

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Tanto Colombia y Estados Unidos, como el resto de los países productores y consumidores han visto crecer sus índices de consumo de droga, de criminalidad, de corrupción, de embotellamiento de los sistemas judiciales o de gasto público en el problema de la droga de manera exorbitante para no buscar otras alternativas a la prohibición. Son las gentes mismas las que deben tomar la decisión al respecto, no sus gobernantes, presionados por la tradición, por sus propios sesgos o por la coyuntura internacional.

Si Colombia lleva a cabo esa consulta popular, podríamos saber, de una vez por todas, qué piensa la gente; si prefiere el miedo, el crimen, el narcotráfico, o una solución alternativa que demuestre verdaderos resultados.

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