ESTA ES COLOMBIA, PABLO

ESTA ES COLOMBIA, PABLO

Es sorprendente, pero nadie ha manifestado alegría ante tu muerte, ni tus víctimas, por lo menos en público. Alegan sus sentimientos cristianos. Y es ese el primer milagro que realizas, cristianizar en pleno a Colombia. De allí a la paz no hay sino un tiro. Supiste morir en tu ley, perseguido por la justicia, en abuelitas y con una pistola de fibra de vidrio en al mano. Acababas de hablar por teléfono con tus familiares, y ese gesto de ternura parece que fue tu perdición. En las entrañas de cualquier monstruo también palpita un corazón de felpa.

06 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Hiciste tu agua para el chocolate. Aún vuelan por los aires pedazos de tus víctimas inocentes. Te especializaste en el magnicidio. Impartiste sentencias inconmutables. Parece que ningún ser humano te ganó en crímenes, salvo Shakespeare. Los mismos hierros con que mataste se volvieron contra tu cuerpo para abatirte.

Medio millar de días anduvo tu sombra escondida por los rincones, cobrando cuentas y pagándolas, como exige la sana contabilidad del delito. Más de 20 años había durado tu imperio, que se expandió por todas las naciones del mundo. Llegaste a ofrecer cancelar la deuda externa del país, pero dice la ley que el crimen no paga.

Todo lo malo que sucedió en el país durante tanto tiempo se te achacó. Nunca se analizó que con tu negocio rebasaste la lucha de clases, dejando al comunismo sin herramientas. Apareció la clase emergente dispuesta a dar la última batalla del consumismo. Se dice que comenzaste como jalador de carros y profanador de tumbas, y que llegaste a tener un imperio económico superior al de los jeques petroleros y el Agha Khan. Y he escuchado que por tu arrasadora barbarie también te han comparado con Gengis Khan. Para mucha gente, personificaste al demonio disfrazado de Robin Hood. Engendro de Rionegro con el Averno.

Los Estados Unidos vieron en ti al enemigo malo. Nadie pudo hacerles más mellas, en sus arcas y en sus fosas nasales. Sus dólares irrigaron estos países, pescados por la droga ancestral de nuestros sabios y maliciosos indígenas.

Mucha gente se niega a creer que ahora estés muerto. Suponen que alguien con tu poderío habría adquirido patente de inmortal. O por lo menos recursos para planear algo así como el autocrimen perfecto, la desaparición sin ninguna huella. Es así como en la imaginería popular se forjan los mitos.

Lo más probable es que no tengas perdón ni de Dios, ahora que los hombres te dictaron su sentencia de fuego. Te vas con tus títulos de enemigo público número uno de Colombia y del hombre más buscado del mundo . Tú mismo te buscaste la tuya de tanto acariciar a la muerte.

Si con tu desaparición de la escena vuelve la paz a Medellín y vuelve la paz a Colombia, habrás hecho el segundo milagro. Pero las gracias serán dadas a otros, porque de ti solo la paz de los sepulcros se te acepta como moneda, pobre alma perdida en la tormenta de los insanos intereses mundiales. Ten compasión del Diablo, si te lo encuentras.

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