UN PAÍS DE INMIGRANTES

UN PAÍS DE INMIGRANTES

A ntes se decía melting pot; ahora multiculturalismo . Antes sonaba a revuelto; ahora a encuentros paralelos. En el fondo, el problena no ha cambiado; la sociedad estadounidense se sigue buscando, se sigue inventando. El misterio, si hay uno, es cómo hacer convivir casi todas las culturas del mundo. Porque casi todas se dan cita en este país de 258 millones de habitantes y 392 a mediados del próximo siglo. El problema, ese sí grande, es cómo hacer que cada uno de ellos se sienta estadounidense y que, a la vez, mantenga sus diferencias. En ello podría radicar parte del poder de Estados Unidos.

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Los sociólogos trabajan y la prensa se interroga con una regularidad muy gringa. Time, por ejemplo, ha sacado un número especial de otoño, cuyo título es todo un programa: el nuevo rostro de Estados Unidos . Son 87 páginas donde se desarrollan 20 temas: educación, matrimonios, peligros del éxito, mercado, historia de la inmigración, el arte y la diversidad, los políticos de la separación, Miami: capital de América Latina...

El contenido no es muy novedoso (las cifras sí) pero el ángulo que se vende es original: se propone en la carátula el rostro logrado electrónicamente tras hacer 49 combinaciones: siete mujeres y siete hombres anglosajones, hispanos, chinos, del medio oriente, italianos, africanos y vietnamitas.

Gracias al computador se definieron su altura, el color de su piel, el color del cabello y su textura, los ojos, el contorno de los labios, la nariz y las facciones alrededor de la boca. El resultado produjo una cara femenina y fue bautizado renacimiento de una nación, estilo computador .

Ejercicio interesante, sin duda, aunque las comunidades no están en plan de fundirse sino de afirmar sus diferencias. Eso no es fácil y hasta ha habido enfrentamientos entre negros y judíos en Nueva York y negros y coreanos en los Angeles. Los podría haber entre otras comunidades como los hubo, en el pasado, entre portorriqueños e italianos.

Sin devolución A pesar de ello, es claro que, en cuestiones de convivencia, Estados Unidos sí le llevan una amplia ventaja a Europa donde están resucitando los fantasmas del racismo. Este es un país de inmigrantes y en Nueva York hasta hay un museo de su odisea. Eso también se ve en la lista que los estadounidenses hacen de sus ancestros inmediatos; alemanes (58 millones), irlandeses (39 millones), ingleses (33 millones); africanos (24 millones), italianos (15 millones)...

El debate actual sobre la inmigración que recoge Time no tiene, pues, los ingredientes franceses o alemanes. La sutileza con la que se maneja el tema se nota inclusive en el lenguaje. Aquí nadie pregunta por nacionalidades. Si se hace es considerado como discriminatorio. A lo sumo se habla de grupos étnicos, y son cinco: nativos, europeos, latinos, africanosamericanos (no negros) y asiáticos.

Aquí es impensable oír que toca devolver a su país de origen a los inmigrantes. Nadie lo insinúa siquiera con los ilegales que son, según el servicio de Naturalización, unos 3,2 millones; suma que crece de unos 300 mil cada año.

Hay, por supuesto, presiones para que se controle ese flujo y para que la inmigración sea estrictamente limitada. El senador demócrata Harry Reid dio una cifra: 300 mil máximo al año. En ellos, incluye a los familiares de los que ya están viviendo en Estados Unidos. En todo caso, los que quieren que este país mantenga las puertas abiertas solo suman, según un sondeo hecho por Time, 24 por ciento.

La inmigración (8,7 millones de personas de 1983 a 1992) preocupa. Tanto, que Time comprobó que hay miedos que son tomados por realidades. Uno: los sondeados dijeron que sólo un 24 por ciento de inmigrantes llegaba legalmente y un 64 por ciento lo hacía ilegalmente. La realidad es al revés: 76 por ciento lo hace con todas las de la ley y el 24 por ciento se la ingenia para llegar. Esos ilegales provienen sobre todo de México, El Salvador, Guatemala, y Haití. Cinco mil seiscientos agentes son incapaces de detener ese flujo. Estados Unidos dice la revista ha perdido el control de la integralidad de su territorio .

Qué atrae? Todo. El sueño americano cada vez más mediatizado por la crisis pero que continúa vivo en todos los continentes. En ese momento hay 3,5 millones de personas que han solicitado su ingreso. Legal o ilegalmente, los inmigrantes provienen de América Latina y el Caribe (44 por ciento), Asia (29 por ciento), Oriente y Europa del este e India (cada una 4 por ciento), Africa (3 por ciento).

Nuevo paisaje El cambio es radical cuando se piensa que en 1940, 70 por ciento de los inmigrantes provenía de Europa. Ahora sólo el 15 por ciento. Eso significa que el mapa étnico va a cambiar por completo. Las cifras son contundentes: en este momento los anglosajones son 76 por ciento; los negros 12 por ciento; los latinos 9 por ciento y los asiáticos 3 por ciento. En el 2050 los anglosajones serán 52 por ciento; los latinos 22 por ciento; los negros 16 por ciento y los asiáticos 10 por ciento.

Es ese nuevo paisaje el que toca organizar. Los más tradicionalistas se resisten. Algunos como el representante republicano Tony Roth, quieren que el inglés sea un requisito obligatorio para pedir la nacionalidad estadounidense. Otros miran a largo plazo y admiten que los padres de los alumnos recién llegados hablen su lengua. De hecho, infinidad de escuelas les envían su correspondencia traducida en, por lo menos, cinco idiomas. Claro que en ciudades como Washington y Nueva York hay comunidades que, juntas, manejan unas 127 lenguas y dialectos.

Las cifras, publicadas por Time indican que 32 millones de personas hablan una lengua diferente al inglés en su casa. El español es la segunda y la hablan 17,5 millones de personas. Siguen el francés, el italiano, el chino... Y su peso (los latinos y los asiáticos sobre todo) se nota en las regiones: español se habla en la Florida; japonés, chino y coreano en California donde representarán el 20 por ciento de la población en el año 2020.

Totalmente alejado de los tradicionalistas que siguen pensando que inmigrante es sinónimo de ilegal, el mercado se organiza. Hay 600 mil millones en juego; es decir, el 18 por ciento más que en 1990. Se entiende que las compañías gasten 500 millones de dólares en publicidad dirigida a los hispanos cuyo consumo representa, según Time, 180 mil millones de dólares.

Ese estímulo a la economía es aquí el mejor signo de que la integración es irreversible. El precio es alto como lo prueban las cifras de desempleo (mayor entre los inmigrantes) y las estadísticas según las cuales 30 por ciento de inmigrantes vietnamitas vive por debajo de la línea que marca la pobreza real. Es un ejemplo. La comunidad negra también está pagando un alto costo y Toni Morrison, premio Nobel de Literatura 93, lo recuerda en una columna. Eso explica la oposición de sus líderes políticos al Tratado de Libre Comerco.

Se ampliará la mezcla que se ve a través de un millón cien mil matrimonios interraciales al año? Por ahora es una pregunta sin respuesta. Lo que es palpable es que los inmigrantes siguen cambiando el rostro de este país. Dos cifras, incongruentes al parecer, lo demuestran: desde 1901, 30 por ciento de los premios Nobel han sido obtenidos por inmigrantes. Y los estadounidenses usan hoy 68 por ciento más de especias que hace una década...

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.