ESCOBAR MERECE UN PADRENUESTRO

ESCOBAR MERECE UN PADRENUESTRO

Jorge Cifuentes, de 79 años, se arrodilla sobre el lodazal que se formó en los alrededores de la tumba donde el pasado viernes fue sepultado Pablo Escobar Gaviria, en el cementerio Jardines Montesacro de Itagí, al sur de Medellín. Cifuentes se quita su gorra inglesa de cuero y deja ver una cabellera blanqueada por el tiempo. Sin importarle la presencia de la gran cantidad de curiosos que se encuentran alrededor, se persigna y reza en voz baja un padrenuestro.

06 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Puede ser el único que se le reza con sinceridad dice don Jorge. Yo no lo conocía personalmente ni soy amigo de su familia o de sus allegados. Soy un jubilado que vive aquí en un barrio vecino. Aproveché que venía a visitar a un familiar y quise rezarle a Pablo, porque creo que también merece que lo tengan en cuenta . Don Jorge termina de rezar. Vuelve a santiguarse, se pone su gorra y se aleja con paso lento apoyado en una bastón de madera.

Es domingo. Tres días después del sepelio de quien en vida fuera la persona más buscada y perseguida del mundo. Todavía muchos curiosos siguen llegando al sitio para mirar con sus propios ojos el lugar donde Escobar yace para siempre. La tumba luce ahora diferente. Los familiares más cercanos a Escobar la arreglaron ayer en la madrugada. Depositaron 15 ramos de rosas amarillas y rojas. Todos con una tarjeta en la que se lee: De todos los que tanto te queremos . También, la adornaron alrededor con una especie de arco iris formado con claveles y margaritones amarillos de distintas tonalidades. La lápida no ha sido puesta todavía.

A escasos metros de la tumba del capo se encuentran sepultados Gustavo Gaviria Rivero, primo de Escobar, y de su hijo, Gustavo Gaviria Restrepo, asesinado por sicarios el mismo día de la muerte del denominado jefe del cartel de Medellín.

Sus tumbas, como las de los demás difuntos que se encuentran alrededor de la de Escobar, también fueron adornadas por familiares tras los múltiples destrozos ocasionados por las turbas el día del entierro del capo.

Sigue la vigilancia En la entrada al camposanto, un piquete de soldados adscritos a la Policía Militar mantienen un retén y la custodia permanente de los alrededores.

Los soldados son relevados por sus compañeros cada doce horas. En el retén, el personal uniformado revisa minuciosamente todos los vehículos que entran y salen.

Los conductores de los carros son obligados a abrir el baúl y el capó de sus respectivos vehículos. Las personas que llegan a pie también son requisadas. Mientras en la capilla cercana a la tumba de Escobar se realizaba la tradicional misa dominical, varios fotógrafos de la Agence France Press (AFP) y de la Associated Press (AP) siguen tomando sus placas para enviarlas a sus abonados al mundo entero. Los comentarios de la gente que se arremolinaba alrededor de la tumba aún son de incredulidad. Niños, jóvenes, mujeres y hombres se acercaban hasta la tumba y mientras tocaban las flores lanzaban comentarios de duda sobre el destino de Escobar.

Otros, como Omar Antonio Ochoa, un vendedor de calcomanías religiosas, se levantó temprano y se desplazó al cementerio desde Bello, al norte de Medellín.

No veo la hora de que le pongan la lápida para decorársela , dice mientras sostiene un maletín de cuero negro en el que exhibe sus imagenes de María Auxiliadora, el Divino Niño y la Virgel del Carmen.

Yo se la quiero decorar por voluntad propia agrega. El hombre fue muy echa o p a delante. En vida le colaboró mucho a la gente humilde . Cerca a la tumba y recostado contra un árbol, un hombre de 30 años vestido humildemente sostiene una novena a las ánimas y dice que aunque tampoco conocí a Escobar, le rezo como si fuera de la familia .

A este último, lo acompaña un joven de 22 años, habitante de un barrio vecino al cementerio. Tiene la cabeza rapada y lleva un arete en la oreja izquierda. Nunca lo conocí, pero lo admiraba. Lástima que lo hayan quebrado . En los alrededores, dos empleados del cementerio inspeccionan los vestigios de los cuantiosos destrozos del viernes y realizan el inventario.

No hemos calculado aún a cuánto pueden ascender los daños dice el empleado. Hemos visto daños en vidrios, mesas, bancas, puertas y en los jardines que se demorará mucho para recuperarlos. La gente se llevó muchos utensilios de las cocinas que hay en la capilla y de las salas de velación, pero la familia de Escobar se comprometió a hacerse responsable de todos los daños. Ya hablaron con nosotros .

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