LOS LADRONES DE LA CARRERITA

LOS LADRONES DE LA CARRERITA

A las once y media de la noche tomó el taxi que, pensó, lo dejaría en la puerta de su casa. Pero por unos cuantos desvíos atravesando caminos oscuros ese vehículo casi lo lleva directo a la muerte. Era un taxi Chevette último modelo con radioteléfono, uno de los 55.840 que circulan por Bogotá. Fernando le hizo la parada. Primero dejó su vehículo en un parqueadero porque no le prendió. Después, tomó su maletín, se detuvo al frente del centro comercial Galerías y allí esperó un taxi.

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

A Las Margaritas, por favor. Por la carrera 30 . Pero el chofer, en vez de coger esa vía, tomó por la 24. Señor, por acá no... Por dónde está cogiendo? . El conductor decía cualquier cosa.

En medio de la discusión el vehículo empezó a disminuir la velocidad y, de un momento a otro, frenó en seco. Las puertas se abrieron y tres hombres se subieron. Uno le colocó a Fernando una talega negra en la cabeza y después le puso un revólver en las costillas. El otro, un cuchillo en el cuello. El tercero, el que se ubicó en la parte de adelante, tomó el maletín y empezó a desocuparlo.

En medio de los insultos y de golpes en el rostro y las costillas, los hombres le quitaban el reloj y las cadenas de oro. Uno de ellos descubrió las tarjetas de crédito y las de los cajeros automáticos.

Los golpes aumentaron. Querían los números de las tarjetas. Sólo les dije el de una porque las otras no las recordaba, pero como pensaban que mentía, me golpeaban más y más. Lo peor era la humillación y los golpes que no sabía a qué hora venían. Sólo cuando vieron que ya tenían un buen botín se calmaron .

Entre tanto, el conductor seguía dando vueltas. Fue un secuestro de cerca de dos horas. Dónde tiramos a este tipo? , preguntó el más agresivo. Y Fernando empezó a hablar con ellos para calmarlos. Frescos, déjenme por acá, yo no les puedo hacer algo .

Los dos hombres armados lo bajaron, mientras el auto se alejaba para esconderse en una esquina. Le entregaron todos los documentos, incluidos unos cheques por cobrar que tenía en un bolsillo, y luego le advirtieron: camine y no mire hacia atrás o lo bajamos .

Fernando se quitó la bolsa que tenía en la cabeza y, sin pensar en las consecuencias, volteó para mirarlos. Uno era de unos 24 años, media estatura, de bigote, carra terrible , de bluyin y tenis. El otro, de la misma edad, delgado, de baja estatura y casi que inofensivo. Salí a correr y no lograron alcanzarme. Sólo después de unos cuantos minutos pude saber dónde era el sur y dónde el norte, dónde me encontraba: detrás de la plaza del 7 de agosto. Tuve que tomar un taxi. Lo único que le rogué a Dios es que no fuera otro atracador .

La historia se repite El caso de Fernando es sólo uno de los tantos que se presentan a diario en Bogotá, aunque la Policía Metropolitana no tiene reporte de ninguna situación de este tipo. La razón, según el organismo, es sólo una: la gente no denuncia.

Por qué? Fernando, Francisco y Pablo José, quienes también fueron atracados en un taxi, no se acercaron a una estación de policía o a un CAI para denunciar lo ocurrido porque la Policía no es confiable , dice Francisco, asaltado en el barrio 7 de agosto.

Pablo José, quien también fue víctima de tres asaltantes en el sector de Chapinero, sólo se pregunta: de qué sirve?, al fin y al cabo yo no vi nada .

Lo único claro es que se trata de un nueva forma de robo que se está abriendo camino y que actúa, según la Policía, por medio de bandas de dos, tres o cuatro asaltantes, que cargan puñales y armas de fuego. La hora de acción, preferiblemente, es la noche. No importa si la persona está en sano juicio o con unos cuantos tragos de más.

Hasta el momento se han identificado cuatro modalidades. En la primera, los desconocidos roban un taxi, cometen el atraco y después abandonan el vehículo. Entre el primero de octubre y el 20 de noviembre, según reporte de la Unidad de Automotores de la Policía, se hurtaron 43 taxis, la mayoría de ellos 11 en Kennedy, Restrepo 7 y Chicó, 4.

Otra forma de robo opera con una banda de tres hombres, así como atracaron a Fernando. Luego de recoger al pasajero, el taxista se dirige a un lugar establecido con sus dos cómplices.

Un tercer sistema funciona con cuatro hombres que se movilizan en dos vehículos. Uno recoge al pasajero y el otro, con sus dos compañeros en la parte de atrás, sigue a su cómplice hasta un paraje oscuro. El taxista que recoge al pasajero frena en seco y luego, del otro vehículo, bajan dos hombres y se suben a atracar.

Una modalidad más es la de dos hombres, uno conduce y el otro, escondido en el asiento delantero, espera que el peatón se suba al vehículo para salir y actuar.

Sin información Las empresas de taxis de Bogotá no han recibido denuncias o información sobre atracos de sus conductores a pasajeros, aunque no descartan que se esté presentando ese fenómeno. Aconsejan a los usuarios, sin embargo, pedir el vehículo por teléfono y evitar tomarlo en la calle. (Ver recuadro) Ricardo Reina, el gerente del sindicato Unimotor, que agrupa cerca de 200 taxis de Bogotá, considera que el problema radica en el excesivo aumento del número de taxis que cada día ingresa a prestar el servicio público.

Lo peor es que no se sabe quién los maneja. Ahora, hasta un ladrón puede arrendar un taxi por horas y listo. Esos atracos están desprestigiando el oficio. Las autoridades deberían tomar control sobre esa situación .

Este año, según la Secretaría de Tránsito de Bogotá, STT, han ingresado más de 8.900 taxis al servicio público en Bogota, cuando la cifra habitual debería estar entre 2.500 y 3.000. La razón: la liberación de las importaciones y la reducción arancelaria.

Según la STT, el parque automotor de servicio público en la ciudad es de 78.405, de ellos, 55.840 taxis individuales, cantidad más que suficiente, dice la entidad, para atender la demanda de transporte.

Por esa saturación, el 17 de octubre, la STT, por medio del decreto 613, restringió el ingreso de nuevos taxis con una condición: para que uno circule, otro con más de cinco años de servicio debe salir del servicio.

Lo único claro es que hay una nueva forma de atracar: en los taxis. Y, también, que no hay investigación por parte de la Policía para hallar las bandas de asaltantes que le están quitando a muchos bogotanos la tranquilidad de subir a un taxi.

Qué dicen? Las empresas de taxis de Bogotá están de acuerdo en el cuidado que se debe tener en la selección del personal. Por ello, la mayoría empezó a exigir el pasado judicial a quien desea ingresar como conductor o afiliado para asegurar su honestidad.

Para Uldarico Peña, gerente de Taxis Libres, una de las empresas que agrupa el mayor número de taxistas de Bogotá 18.367 la empresa tiene un estricto control sobre los conductores, no sólo a través del pasado judicial, sino de reuniones para recalcar la importancia del buen trato hacia el pasajero. Además, todo queda en el sistema, la hora en que salió el taxi y recogió al pasajero, con el fin de responder a cualquier reclamo .

Para el gerente de las cooperativas de taxis, Cooonfetrans que reúne a 350 socios, Pablo Enrique León Sainea, así como hay gente honesta, en todas las profesiones, también hay delincuentes. Se está tratando de purificar un gremio tan golpeado exigiendo el pasado judicial .

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