TELÉ SANTANA ES EL FÚTBOL, ES LA VIDA...

TELÉ SANTANA ES EL FÚTBOL, ES LA VIDA...

El majestuoso Morumbí, el estadio privado más grande de mundo , como señalan orgullosos los hinchas del Sao Paulo, ya estaba casi vacío, en la penumbra de la noche paulista. Por sus entrañas, sin embargo, se movía un hormiguero humano. Estaban abiertas las puertas de los camerinos y todos, grandes y chicos, querían meterse a celebrar con sus héroes, los de siempre, en esta fabulosa, casi insólita catarata de triunfos enhebrada por el equipo rojo, negro y blanco. Cafú, Palinha, Zetti, Ronaldo, el nuevo ídolo Juninho (un casi enano habilísimo y escurridizo), Valber, respondían mecánicamente en esta increíble rutina de celebrar campeonatos. En este caso, la Supercopa, ganada por pénales tras dos infartantes empates en dos goles con Flamengo. Apartado del ruido y los abrazos, en un rincón de la utilería, buscando el desahogo en una cerveza fresca y rodeado por sus dos nietas, estaba un hombre sencillo, poco hablador, riguroso conductor, fenomenal maestro del fútbol, el ideólogo y gesto

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Cómo le explico? Conversar con Telé es un bálsamo, es un soplo de frescura, es caminar descalzo por la hierba húmeda, es la naturaleza en esplendor, las cosas simples, bellas y verdaderamente grandes de la vida. Lo primero que atiné a preguntarle es qué les dice a sus jugadores, cuál es su mensaje más allá de la táctica y más acá de la estrategia.

--Siempre les recalco que deben ser dignos de la camiseta que llevan puesta, representar con honor al club que están defendiendo --respondió con su sonrisa simple y permanente.

Fascinante. En momentos en que muchos de sus colegas destrozan su sistema nervioso gritando mátalo, pégale, bájalo , el maestro Telé se acerca a la raya para exigirles a sus hombres: Jueguen .

Otro periodista pugnaba por sonsacarle una declaración impactante, misión imposible en Telé. Uno más quería saber cuál sería el festejo del entrenador.

--Nada especial; saldré a cenar con mi esposa Ivonette.

De un pantallazo me hizo acordar a Fangio, el quíntuple campeón mundial de automovilismo. Campechano, modesto hasta lo increíble, sencillo, austero, Fangio tiene, como Telé, la humildad de los grandes de verdad.

Respeto sus pausas, está extenuado, empina otro sorbo de cerveza, se seca el sudor de la frente con una toalla y arremeto.

-- Qué le gustaría hacer, si hay algo que le quede por hacer en el fútbol? --Nada, simplemente quisiera descansar un tiempo.

--Sao Paulo terminó el primer tiempo perdiendo y jugando discretamente. Qué les pidió a sus jugadores? --Les dije que veía a un sólo equipo jugando la final, y ese equipo era Flamengo. Que se comportaran con el orgullo que merece disputarse un partido así.

Después de tanta pavada, de tanto mensaje vacío, de lo que habla Maradona, de la elocuencia de dirigentes y técnicos, de la falsedad de los políticos, de tanta frivolidad y mentira, escuchar a un hombre simple que ama su trabajo y lo ejerce honradamente, con prédica limpia y sana, es beber agua bendita.

La nota era Sao Paulo, esa máquina de ganar que acaba de conquistar la triple corona suramericana (Libertadores, Supercopa y Recopa en el mismo año), pero el hombre es siempre más importante que la máquina, porque la inventó. En este caso, el creador supremo es Telé. Por eso la semblanza de este mineiro de 62 años que tiene un récord inigualado en Brasil.

Fue campeón de los cuatro estados más grandes del país. Carioca con Fluminense (1969), mineiro con Atlético Mineiro (1970), gaucho con Gremio (1977) y paulista con Sao Paulo (1991 y 92).

Llegó al Sao Paulo a fines del 90 y encontró un club endeudado, un equipo envejecido y perdedor, tan perdedor que había sufrido la humillación del descenso en el Torneo Paulista. Echó a algunos veteranos, promovió a Cafú y Raí, le inyectó su mística y los títulos comenzaron a llover como vendaval. Fueron ocho en total: dos paulistas, uno brasileño, dos Libertadores, una Intercontinental (nada menos que ante Barcelona), una Recopa y una Supercopa. No hay ninguna duda de que fue su obra. Del descenso a la gloria fue un sólo paso.

Seguimos en el camerino. Los hinchas quieren reventar la puerta para abrazarlo, para decirle millones de veces gracias. Los contienen como pueden. Le preguntan si aquellos dos mundiales del 82 y 86 que se le escurrieron de las manos siendo técnico de Brasil representan la mayor amargura de su vida.

--No --dice--. Amargura no porque esto para mí es un juego y como tal lo disfruto y lo acepto. Tal vez debimos haber ganado pero nos tocó perder, nada más. Lo mismo le sucedió a Hungría en 1954 y a Holanda en el 74. Sin embargo, la gente se acuerda muy bien de esos equipos, igual que de Brasil 82 y 86. Eso es así, se gana y se pierde.

Alguien asegura que ya tiene contrato para dirigir a Arabia Saudita en el Mundial de Estados Unidos. El asegura que no hay nada. Otros preguntan por un fabuloso convenio de 300.000 dólares mensuales que le ofrecerían para conducir la Selección Japonesa. Se encoge de hombros. Hace un gesto como que esa cifra es demasiado alta. Ya reiteró ante los dirigentes de Sao Paulo, por enésima vez, que quiere renunciar para tomar un descanso. Lo necesito , implora. Pero le piden que siga. Un partido más, un campeonato más, un título más...

Gente de Sao Paulo informa que Telé gana 35.000 dólares mensuales. El no confirma ni desmiente. Casi ni le importa, quiere descansar. Sólo necesita dos televisores en su casa, es todo. Y lo explica.

--Uno es de Ivonette, para las novelas; el otro es mío, para los partidos, porque me gusta mirar todos los que pasan.

Y sonríe, sonríe siempre. Viva el maestro Telé! Viva la vida! Viva el fútbol!

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