LOS POLICÍAS ENTRE REJAS

LOS POLICÍAS ENTRE REJAS

Le advirtieron durante su etapa de instrucción que no abandonara su puesto. El hizo un gesto y orondo se fue... a rumbear. Hoy, un joven de 19 años, a quien le faltaron dos meses para concluir su servicio militar en la policía, no tiene que preocuparse por ingresar a la universidad ni por buscar un trabajo. Deberá pasar de uno a tres años en prisión. No es el único. Junto a siete compañeros de parranda tendrá que compartir con ex policías las celdas del Cerec, el centro de reclusión más grande del país para miembros de la institución que cometieron algún delito.

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Ubicada en Facatativá, a 42 kilómetros de Bogotá, esta cárcel se creó con el propósito de aislar a los ex policías de los delincuentes comunes. Este hecho, que algunos abogados como el experto en derecho penal militar Juan Camilo Bernal, ven como un típico caso de exclusivismo y elitismo policial porque si cometen delitos como cualquier hampón deberían pagar como tal en cualquier cárcel , está justificado en el artículo 705 de la Ley 2.550 del Código Penal Militar que faculta al Gobierno para crear cárceles policiales.

Pero, más allá de las leyes, los policías justifican el funcionamiento del Cerec porque es seguro que los delincuentes presos por un policía quieran vengarse de cualquier miembro de la institución.

Eso le ocurrió al ex sargento segundo José Alfredo Díaz, acusado de asesinar a una persona, según él, un delincuente. Me condenaron a diez años. En un primer momento me llevaron a la cárcel Modelo de Barranquilla y duré tres años. Los delincuentes me tiraron, pero me hice respetar y no me dejé joder de nadie, porque si tuve los pantalones bien amarrados en la institución persiguiendo a sicarios, también los tuve amarrados cuando conviví con ellos .

La cárcel más verde El Cerec parece una gran estación de policía. La habitan 330 internos, entre oficiales, suboficiales, agentes, auxiliares y bachilleres, quienes están allí por delitos y faltas disciplinarias.

Según un documento oficial, los delitos cometidos por los ex policías son, en su orden: homicidio, sobornos, abandono del servicio, abandono del puesto, hurto, extorsión, deserción, secuestro, lesiones personales y peculado por apropiación.

La cárcel más verde del país , como le dicen algunos, tiene muy poco en común con los demás centros penitenciarios. Aunque muchos internos han sido acusados de asesinos, ladrones y extorsionistas, y por sus labores dentro del penal como la panadería y la agricultura permanecen en contacto con cuchillos, machetes y tijeras, en los tres años y cinco meses que lleva funcionando esta cárcel no se han presentado según sus directivos y varios reclusos consultadosriñas, asesinatos u otros delitos.

Los patios y dormitorios se dividen según el rango, oficiales, suboficiales y agentes pero no hay discriminación en el trato y cualquiera puede transitar con plena libertad por todo el penal.

El centro de reclusión no cuenta con presupuesto propio. El Ministerio de Justicia, por intermedio de la Dirección General de Prisiones, destina una partida de alimentación para los internos; los gastos de funcionamiento y mantenimiento son cubiertos por las propias industrias del centro.

La panadería es el orgullo del Cerec. Los internos con las más largas condenas trabajan en tres turnos, las 24 horas del día, para luego vender su producto a todas las estaciones de policía de Bogotá y Facatativá. También a varios colegios privados.

En la fábrica de pantalones, el huerto, el cultivo de papa, la conejera, la peluquería, el taller de mecánica, el de artesanías y carpintería laboran los internos para rebajar su tiempo de condena a la mitad, ganar dinero y colaborarle al centro.

Apuestas encuarteladas Sobre los casos de delitos en donde se ven implicados miembros de la Policía, el general Miguel Gómez Padilla, Director General de la Policía, dijo en una entrevista: la Policía Nacional se nutre de la realidad colombiana. Nuestra institución no es insular en el país. Y, por lo tanto, los fenómenos que se dan alrededor de ella la afectan, de una u otra manera. Además, los casos de delitos son, simple y llanamente, aislados .

El coronel Humberto Miranda, director del penal, asegura que nadie puede estar contento si pierde la libertad, pero tratamos de que la pasen bien. Además, la formación adquirida durante su servicio los constituye en unos prisioneros disciplinados que no causan problemas .

Cuando los internos se enteran por los medios de comunicación de que un compañero ha sido sindicado o condenado de algún delito, realizan apuestas sobre los días que tardará en llegar al penal. Una vez el ex policía llega, las directivas le informan las normas del centro y le dicen que haga de cuenta que está en un cuartel o en una estación.

Esa mentira piadosa les ha servido a algunos avergonzados recién llegados, para explicarle a sus hijos menores por qué ya no visten su uniforme.

Los internos no hablan de sus delitos, no dan nombres y algunos tienen un temor. Nosotros nos sentimos seguros aquí, pero mucha gente paga su condena, sale y no dura vivo más de tres meses en la calle .

Otros analizan su situación como un accidente de trabajo. Cuando estaba en la Escuela nos trajeron y nos advirtieron lo que podía pasar si cometíamos errores. Como cualquier ciudadano, cometí una falta y tengo que responder , dice un suboficial.

Pero otros no ocultan su resentimiento. Lo que más me da rabia es que a los delincuentes sí les va bien. Mientras a Pablo Escobar lo acusaban de matar a miles de personas, lo mandaron a una cárcel con privilegios que ni el presidente tiene .

A los guerrilleros asesinos de policías, el Gobierno y la Caja Agraria les regala tierras, y a uno que le prestó servicio a la comunidad por ocho años y que por desgracia tuvo que matar a una persona, sí se la meten toda, de 16 años para arriba. Todo porque la cúpula quiere darle al país buena imagen de la Institución , dice un ex agente.

Otro resentido es un teniente que culpa a la institución de no darle los elementos necesarios para afrontar la vida de la calle. Uno se da cuenta que lo que le enseñan en la escuela es una cosa y afuera es otra muy distinta. No me dio duro que me quitaran el uniforme, mejor antes, porque la institución me dio la espalda . Sin embargo, reconoce que la cárcel es digna: de lo peor, esto es lo mejor , comenta.

Méritos y logros Las quejas vienen de su situación, pero ninguna del centro penal. Un grupo de reclusos sostiene que está muy mal administrada la justicia penal militar. La Constitución dice que todos los colombianos tenemos los mismos derechos y eso no se está viendo.

Con la reforma de la ley 81 pedimos la cárcel domiciliaria y nos contestaron que no podíamos. La Carta en ningún lado dice que los miembros de la policía seamos ciudadanos de tercera y, sin embargo, así nos tratan los jueces .

Un código secreto reina en la prisión. El respeto hacia las personas que en la institución ocuparon el más alto rango. Siempre se refieren como mi teniente, mi sargento, mi... no importa que ya no lo sean. Sí, me gusta que me digan mi sargento porque es un grado que yo logré y lo logré por mis capacidades, por méritos y se siente uno bien que le digan así .

Igual respeto sienten los tres oficiales, 13 suboficiales y 119 agentes que se encargan de la vigilancia. No sabemos en qué oportunidad nos toque a nosotros ocupar el lugar de ellos y también nos gustaría que nos trataran con respeto y afecto , dice un cabo.

Todos los hombres que se encuentran en este lugar cometieron delitos. Están pagando por ellos. A pesar de que no podrán volver a portar el uniforme coinciden en señalar que para bien o para mal, la institución a la que pertenecieron los marcó. A pesar de todo me siento policía y así me sentiré hasta el día de mi muerte. Nosotros somos policías con o sin uniforme , dice el ex sargento José Díaz, mostrando orgulloso las condecoraciones y medallas ganadas durante sus 20 años de servicio activo que guarda en prisión.

Datos de la prisión 7 de diciembre de 1983: empieza a funcionar el Cerec en el barrio Las Cruces de Bogotá. 24 de julio de 1990: traslado del centro de reclusión a las instalaciones de Facatativá. 12 de diciembre de 1990, primera fuga: el teniente Néstor Porras, sindicado de secuestro, se fugó. 24 de septiembre de 1992: se presenta un motín por inconformismo de los internos; duró 6 horas. Daños avaluados en 5 millones de pesos. 13 de octubre de 1993: última fuga. Jairo Escobar Acuña, sindicado de hurto, se fugó en remisión. Existen centros de reclusión para personal de la Policía en Cali y Medellín. En 1990, diariamente fueron retirados en promedio 3,7 miembros de la institucion. En 1991 la cifra fue de 3,6, mientras que en 1992 la estadística se redujo a 2,6. Según informe de la Fiscalía, en lo que va corrido de 1993, 88 miembros de la policía son investigados: 28 por secuestro, 20 por terrorismo, seis por extorsión y nueve por homicidio. En Bogotá son investigados 45, en Cali 15, en Medellín 13, en Cúcuta ocho y 11 en Barranquilla.

Ovejas descarriadas Julio de 1989: dos agentes, junto con ocho sicarios, atentaron contra la vida del concejal de Medellín Gonzalo Alvarez Henao. Julio de 1989: capturado teniente coronel con 400 kilos de cocaína. 1989: dos oficiales intercedieron por unos narcotraficantes para que fueran puestos en libertad, en el famoso caso Wanumen. Abril de 1989: agentes en estado de embriaguez asesinaron al dirigente del M-19 Afranio Parra. Julio de 1989: detenidos en Cartago (Valle) tres oficiales con armamento, un cuarto de millón de dólares y más de dos millones de pesos. Julio de 1989: se encontró, entre la banda de sicarios que planeaba asesinar a un concejal de la UP, a dos policías en servicio activo. Enero 1992: el ex agente José Orlando Ruiz y su compañero, Luis Hernando Sánchez, son condenados a 30 años cada uno, por el asesinato del vicepresidente de la Mazda, Tsuyoshi Mokuda, hurto calificado, peculado y abandono de puesto. Noviembre 1993: el ex agente José Arturo Pérez, con 18 años en la policía, fue detenido por participar en el tráfico de estupefacientes.

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