LSO DESENLACES FATALES

LSO DESENLACES FATALES

Todo un arte en la literatura son los párrafos de entrada. Quién no recuerda la impresionante y súbita tranformación de Gregorio Samsa en un insecto en La Metamorfosis de Kafka? O el destino terrible de Aureliano Buendía muerto frente a un pelotón de fusilamiento? Las entradas en las series de televisión, además de recurrir a todo tipo de ganchos dramatúrgicos, son hoy un mundo enmarañado de conspiraciones comerciales, abrumadores escarceos publicitarios, cambios de horarios y secretos de seguridad. Lanzar un dramatizado o una telenovela es una tarea estratégica que bien podría compararse con un campo de batalla. Pero si las entradas son un artificio comercial, los desenlaces suelen ser un homenaje a Monsieur Guillotin, el obvio inventor del delicado aparato para recortar cabezas. Ya no importan para nada los televidentes ni mucho menos la coherencia narrativa de las historias. Los personajes son una especie de marionetas cuyos hilos se pueden romper en cualquier momento delante

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sangre de Lobos terminó en un avión cuando un obispo con mirada de ternero degollado le hacía cocos a su vecina, una bella mujer por cuyas mejillas rodaban leves lágrimas de cocodrilo. Un desenlace de babas.

Dulce ave negra aplastada por los cascos grecoquimbayas de La Potra Zaina fue recortada sin piedad y los televidentes fieles tuvieron que asistir a un matrimonio fugaz del amado con la amada. Un desenlace desabrido.

La mujer doble , uno de los peores esperpentos de los últimos tiempos, terminó quemada en todo el sentido de la palabra. Pudieron más los programadores que sus atormentados y pertinaces monjes inquisidores. Un desenlace calcinado.

A La Maldicion del Paraíso le cayó una pandemia viral que en menos de cinco capítulos acabó con casi todos los protagonistas.

Si se descuida, el script también lo barren. Su guionista protestó con justas razones. Olvida, sin embargo, que muchos libretistas se han convertido en correveidiles no del departamento creativo sino de la División Comercial de sus empresas. Un deselance mercantil.

Pero un ejemplo de desenlace desastroso para salir corriendo de la vergenza fue el de La Fuerza del Poder . Durante capítulo y medio los televidentes tuvieron que soportar una fiesta donde los invitados especiales fueron el oso y los aullidos. Semejante kermesse del ridículo parecía un recitativo de sainete. Largas parrafadas llenas de pretensión intimista pero absolutamente falsas, estereotipadas y obvias, se codearon con tufo de borrachos, una cantidad de maniquíesextras, y unos actores sin ninguna convicción.

Hubo de todo en tal orgía: botellas de licor llenas de agua con amebas, una suicida que se lanza en cámara lenta desde un puente afortunadamente con embalse que no la cogió en épocas de apagón y un actor de primera categoría como Carlos Muñoz totalmente deslucido, sobreactuado, sin matices.

Los parlamentarios no podían ser más rimbombantes. Casi que le hacen la competencia a algunos de la potra casquivana o a ciertos diálogos terroríficos que sueltan por momentos los protagonistas de telenovelas de pesadilla.

Por el contrario, en María, María , la serie más justamente premiada del año, el desenlace ha sido pensado como parte integrante de la historia, respetando de paso el oficio televisivo y al propio televidente.

Lo que sucede en la televisión con entradas y desenlaces no es ajeno a lo que acontece por fuera. Estos son tiempos en que mandan los gerentes y no los creadores.

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