RESPIRAR POR LA HERIDA

RESPIRAR POR LA HERIDA

Como se ve de feo respirar por la herida, sobre todo cuando hay por medio una buena lección de periodismo. Algunos colegas, unos con más furia y desazón que otros, han elevado sus protestas y hecho todo tipo de especulaciones y acusaciones por no haber tenido fotos las únicas que se conocieron del cadáver de Pablo Escobar. Es cierto que se trata de un documento fotográfico y periodístico de especial trascendencia y eso hace que duela todavía más a quienes tuvieron que apelar demasiado al archivo gráfico para salvar la cara. Nosotros diríamos simplemente que se durmieron. Ni más faltaba que revelemos las fuentes o comentemos cómo se obtuvieron las fotografías. Eso va contra las más elementales normas de la profesión, algunas de ellas protegidas por la Constitución.

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Nos enorgullece el arduo trabajo periodístico de un excelente equipo profesional como es el de EL TIEMPO que reaccionó con velocidad o pilera como dicen ahora los jóvenes y ensambló en pocas horas una edición extraordinaria de ocho páginas que salió en Bogotá y la Costa con la fotografía que tanto molesta a nuestra competencia, y una muy completa edición que circuló en todo el país con las exclusivas fotos y con un material periodístico que tuvo una gran acogida entre los colombianos.

No es bueno mirar la paja en el ojo ajeno. Ni dejarse ver el cobre cuando no se tiene lo que los demás han conseguido con profesionalismo, imaginación y esfuerzo. En esta profesión en la que la oportunidad cuenta tanto, unas se ganan y otras se pierden. No protestamos y jamás lo haremos cuando la competencia se anota algún éxito o nos mete alguna chiva. Eso hace parte del juego. Lástima sí que algunos medios hubieran tenido que apelar a la televisión para poder informar a sus lectores. Creemos que los nuestros quedaron muy bien servidos con el trabajo periodístico de esta Casa.

En cuanto a la solicitud de investigación que elevara el jefe de noticias de El Espectador, nuestro ombudsman ha tomado atenta nota. Lo que sí lamentamos es que por esos lados no exista todavía la figura de un ombudsman ante quién quejarse.

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