LA HISTORIA DEL PROYECTO EMPEZÓ UN DÍA DE APAGONES

LA HISTORIA DEL PROYECTO EMPEZÓ UN DÍA DE APAGONES

Un día de marzo de 1992, cuando el Gobierno ya había empezado a racionar y las perspectivas eran de que las carencias en generación serían muy difíciles de manejar, el ministro de Minas y Energía de la época, Juan Camilo Restrepo Salazar, se dirigió a sus acompañantes en la sala de juntas de su despacho y les preguntó qué se podía hacer para tener rápidamente algunas plantas que ayudaran a despejar la crisis. Todos se quedaron meditando y empezaron a surgir propuestas. Allí nació la idea de construir a Termoflores.

04 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Entre los que estaban en la reunión se encontraba Hernán Correa Noguera, entonces director general de Corelca. Este dijo que se podía utilizar un terreno que estaba destinado para trasladar las térmicas de Chinú, que ya tenían combustible en su sitio y por lo tanto no serían mudadas, siendo este el primer ensayo que se preveía con participación de los privados.

En ese lote se podría instalar una planta en un año, si se adoptaba un esquema ágil para la importación de los equipos y la fórmula sería que los privados, mediante una licitación, se comprometieran a instalar la planta y Corelca a comprarle su energía y su potencia.

Surgió de esa reunión y de otras posteriores un conjunto de acciones de urgencia para paliar la crisis. ISA se comprometió a contratar unas barcazas para ser instaladas en Cartagena y otras plantas fijas en Buenaventura, Ecopetrol a construir plantas para Neiva, Yumbo y Villavicencio, y Corelca a trabajarle al proyecto Termoflores.

La licitación se abrió y fue declarada desierta, participando el Consorcio Colombiano Industrial S.A. (CCI) como proponente con la asesoría de Sevillana de Electricidad. Se abrió inmediatamente una nueva licitación, perfeccionadas los pliegos, y el 23 de diciembre de 1992 el Consejo Directivo de Corelca adjudicó al consorcio CCI-Sevillana.

La evaluación de las ofertas fue realizada, además del equipo de Corelca y del Gobierno, por la Bureau Veritas Colombia, empresa especializada en estudios técnicos.

El 6 de enero de 1993, el director de Corelca, Eduardo Verano de la Rosa, mediante la resolución 049 perfeccionó la adjudicación; el 16 de febrero el Consejo de Política Económica y Social (Conpes), al establecer el Plan de Expansión de Referencia del Sector Eléctrico, autoriza a la Nación para que otorgue garantías a este y otros proyectos con el fin de facilitar que el sector privado se arriesgue, y el 13 de abril fue firmada por el presidente César Gaviria la resolución ejecutiva 43 en que se autoriza a Corelca para la celebración de una operación de crédito público interno con el consorcio y a constituir garantías y contragarantías.

Manos a la obra El 14 de abril fue firmado el contrato e inmediatamente empezó la remocion de tierras, impulsando simultáneamente todos las acciones en materia de financiación, de importación de equipos, de llegada de los ingenieros para el montaje, entre otras. Todas estas tareas, obviamente, ya venían en camino.

El 30 del mismo mes de abril la Financiera Energética Nacional (FEN) garantiza el pago a los contratistas ante unos eventuales incumplimientos de Corelca, por el término de 15 años.

En suministros y montajes han intervenido unos diez contratistas principales del Consorcio y un número indeterminado de subcontratistas, que hicieron posible que en 150 días a partir del momento en que se removió el primer centímetro cúbico de tierra la planta esté generando electricidad para todos los colombianos.

Reflexionando, hay dos circunstancias que ayudaron mucho a que todo esta realidad de contar en Barranquilla con una planta de altísima eficiencia, moderna, de trabajo pesado e instalada en tan poco tiempo: el que ya se tenía el lote y la voluntad del Gobierno, de Corelca, financiadores y de los contratistas y trabajadores nacionales o extranjeros, de responderle al país para que no se repitan los apagones.

Las normas dictadas al amparo de la Emergencia Económica de 1992, que se hiieron para minimizar los efectos de los racionamientos de 1992- 1993 y neutralizar futuros apagones, han resultado eficaces. Tanto en lo relacionado con el mejoramiento de la situación de Corelca, que así pudo reparar rápidamente sus plantas, mejorar la capacidad de otras y hasta contar con recursos para aumentar su confiabilidad a través de la compra de repuestos, como en lo relacionado con la vinculación del sector privado.

Solo falta que las normas con vocación de permanencia que surjan de las leyes eléctrica y de servicios públicos, en trámite en el Congreso, tracen un marco que impida que mañana volvamos a los nefastos racionamientos.

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