ARAR EN EL DESIERTO:

ARAR EN EL DESIERTO:

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Hace un mes sorprendió a los lectores de novela y a los participantes en los Premios Nacionales de Literatura de Colcultura de 1993 el fallo que declaró desierto el galardón en esta modalidad. De acuerdo con el acta correspondiente, ninguna de las cien novelas enviadas tenía méritos suficientes para el premio que, aparte de los 12 millones de pesos destinados para tal fin, hace al galardón objeto de atención del público amante de la literatura y de la crítica especializada, que cada día espera con mayor ansiedad la consolidación de la obra de alguno de los novelistas ya conocidos, a la aparición de alguien nuevo que conjure un poco esa especie de limbo en que (solo en apariencia) parece estar sumida nuestra actividad narrativa.

Sería absurdo, sin conocer las obras enviadas al certamen, discutir las razones del fallo con un jurado en el cual estuvieron dos de nuestros más consagrados escritores Germán Espinosa y Fernando Cruz Kronfly y un prestigioso invitado nicaragense, el novelista sandinista Sergio Ramírez. Pero, resulta inevitable formular algunas preguntas elementales: es lícito declarar desierto un concurso en cuyas bases no se determina esa libertad para el jurado? Será cierto que, como se afirma, no participaron los escritores profesionales, porque ellos tienen otros mecanismos de salida ? El buen nombre y la seriedad del jurado no resultan garantía suficiente para que estos escritores profesionales decidan enviar sus obras? Doce millones de pesos a pesar de todo no son atractivos para los profesionales de la literatura? Los jurados abrieron los cien sobres que contenían los datos de identidad de los participantes, o a puro olfato detectaron la ausencia de los autores profesionales? Es grave, en todo caso, que el más importante premio literario que se convoca en el país, el único que en mucho tiempo parece cimentarse como permanente y serio, no llame la atención de los narradores colombianos. O, mucho más preocupante, que la totalidad de participantes en una convocatoria nacional responda a la precariedad, la falta de cultura, la ignorancia de la tradición literaria, en fin, el facilismo y la mediocridad que denuncian por lo menos dos de los jurados, los colombianos.

No valdría la pena una polémica? No sería justo que hablaran los descalificados? O queda definitivamente en el nivel de aficionados nuestro Premio Nacional de Literatura?

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