EL HOGAR DEL SABIO CALDAS

EL HOGAR DEL SABIO CALDAS

En la carrera octava entre calles séptima y sexta se encuentra la casa donde habitó el procer de la independencia Francisco José de Caldas. Esta casa fue convertida en museo, gracias al Departamento E-5 del Comando General de las Fuerzas Militares, que en colaboración con el Banco de la República lograron su reconstrucción. La historia de este recinto empieza a finales del siglo XVII, cuando el superior del convento de San Agustín vende un pedazo del solar de la huerta al carpintero José Quijano, que inicia la construcción para dos tiendas en la primera planta y en la segunda su residencia.

04 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Gracias a los trabajos de investigación y recopilación de las escrituras de la casa, por parte de la señora Elisa de Mier Riaño, directora del museo, se le puede seguir el paso por el tiempo a esta construcción.

Entre 1769 y 1775 pasa de mano en mano hasta llegar a ser rematada por el señor Miguel de Rivas, abogado español y miembro de la Real Audiencia, que acude presto al llamado del juzgado por medio de pregoneros para el rescate del inmuebles.

Como al señor Rivas, por su condición de empleado español, no le era permitido poseer propiedades en las colonias, nombró de testaferro al señor Manuel Dávila para adquirir la casa por 1.204 pesos, pues su anterior dueño, don Santiago Molina, se ve obligado a aceptar el remate por acumular innumerables deudas , dice doña Elisa.

En 1804, el señor Aurelio Gaitán y su esposa Josefa Sordo se convierten en dueños de la casa; la viuda del señor Gaitán la recibe como herencia. En 1912 es adjudicada a los hermanos Gaitán de Narváez y con derechos a doña Susana Gaitán de París que la compra en su totalidad en 1916, heredada luego por sus hijos Roberto y Alicia París Gaitán. En 1936 la adquieree Roberto París, hasta 1980 cuando el Ministerio de Defensa la compra.

En 1806 el sabio Caldas toma la casona en arriendo, para ubicar a su familia. Allí nacieron sus hijas, y junto con su esposa la habitaron hasta de 1816.

La consentida La casa museo abre sus puertas al público el primero de abril de 1984. De esta manera el Ministerio de Defensa Nacional rendía un patriótico homenaje a la memoria del Teniente Coronel del arma de Ingenieros Francisco José de Caldas.

Hoy la casa conserva parte de los muros originales, las puertas de la entrada y otras interiores, arcos, y columnas en piedra.

El visitante encuentra en sus salas, cartas del sabio, parte de sus elementos de trabajo, entre los que se se destacan su catalejo y el célebre aparato denominado hipsómetro, que inventó para medir la altura de las cordilleras. Se conservan también dos arcones, una alacena, escrituras y trabajos sobre la expedición botánica.

Actualmente en el museo se hacen exposiciones de pinturas, se dictan conferencias y se realizan diferentes actividades culturales para colegios y universidades.

Por limitar con el Batallón Guardia Presidencial, el museo dispone de vigilancia permanente y de un selecto grupo de soldados bachilleres entrenado por la señora de Mier para tomar las armas del conocimiento y la cultura para que guíen a los visitantes por la casa. La mejor forma de saber quién era el sabio Caldas es resumiendo sus trabajos y actividades que desempeñó en su fecunda vida intelectual. Fue abogado, inventor, astrónomo, físico, militar, ingeniero, geógrafo, botánico, investigador y periodista.

Para entender la dimensión de su obra es aconsejable leer el semanario del Nuevo Reino de Granada, donde consignó parte de sus observaciones astronómicas. Caldas es considerado como el padre del periodismo científico y de la geografía colombiana.

El 29 de octubre de 1816, Caldas toma el camino de la inmortalidad al ser fusilado en Santafé de Bogotá por orden del pacificador Pablo Morillo.

En 1925 el rey de España, don Alfonso XIII, descubre una placa en broce en la Biblioteca Nacional de Madrid donde se lee: Perpetuo desagravio de la Madre Patria a la memoria del inmortal neogranadino Francisco José de Caldas .

Una copia de esta placa habita hoy en la que fue su morada, como símbolo del heroísmo con que se edificó la patria.

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