EL CERCO QUE NO BURLÓ ESCOBAR

EL CERCO QUE NO BURLÓ ESCOBAR

Cientos de mujeres, hombres y niños muchos de los que se han beneficiado de las migajas de la bonanza del narcotráfico desafiaron ayer la amenaza de ser fichados por las agencias de inteligencia, se arrojaron sobre el ataúd para tocarle la frente, y acompañaron al jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, hasta la tumba. La multitud causó destrozos en la sala de velación de Montesacro, y las exequias se pospusieron hasta las 3:55 de la tarde. Dos horas después, en Cartagena, el presidente César Gaviria, condecoró a los oficiales del Bloque de Búsqueda, entre otros, a los seis que en la tarde del jueves integraron el cerco que Escobar no pudo burlar.

04 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Fue un seguimiento de cinco días en los que, antes que informantes, primó una sofisticada operación de inteligencia. Se escudriñó hasta en los clasificados de los diarios.

Intensa cacería de Escobar en cinco días Esa tarde del lunes 29 de noviembre los persecutores del Bloque de Búsqueda de Pablo Escobar no querían repetir la experiencia de Aguas Frías.

Por eso a las 3, cuando uno de sus agentes llamó desde el sexto piso de Residencias Tequendama para informar de una llamada entre Pablo Escobar y su hijo Juan Pablo Escobar, prefirieron aguardar.

Pero el minutero de los relojes de los operadores del Bloque, situados en la escuela de Policía Carlos Hoguín de Medellín, apenas había dado una vuelta, cuando súbitamente la comunicación se interrumpió.

Aparentemente habían perdido el rastro, pero la frecuencia alcanzó a ubicar un amplio sector de la capital antioqueña mediante un sistema de triangulación de frecuencias.

Estaba delimitado por el estadio de fútbol Atanasio Girardot, el centro Comercial Obelisco y los barrios Iguaná, El Estadio, La América y Robledo.

No era mucho lo que tenían, pero, sin dudarlo, los hombres del Bloque iniciaron una intensa y febril búsqueda de datos, antecedentes y propiedades que con anterioridad habían ocupado los lugartenientes del cartel de Medellín en la zona.

El martes los radio-operadores esperaron, casi con decepción, una llamada que no se efectuó. Pero los investigadores no se detuvieron. Primero hicieron una lista de las propiedades que Escobar y sus hombres tenían en la zona descrita por los radios.

El listado de inmuebles tan solo llegó a tres. Una lujosa vivienda situada frente a las instalaciones de la IV Brigada del Ejército y un penthouse en el edificio Suramericana, propiedad de Escobar.

La tercera propiedad era una vivienda en el sector de El Estadio, cuyo dueño era Roberto Escobar Gaviria, conocido en la organización del cartel como Osito . Ese martes ninguna propiedad arrojó ni un sólo indicio y fueron descartadas, bajo vigilancia, como posible refugio.

El miércoles, cuando cinco hombres del Bloque de Búsqueda trataban de conformar con los diarios de Medellín una lista de los inmuebles del área que veinte días atrás habían sido puestos en venta o renta, se escuchó nuevamente la voz de Escobar.

Afanado por la situación de su familia Escobar preguntó: Cómo están? ; Bien, pero nos tocó irnos para Alemania porque el Fiscal nos quitó la protección , respondió Juan Pablo.

Hagan escándalo Háganle escándalo al Gobierno. Llamen a la prensa. Pidan la intervención de derechos humanos , respondió Escobar, a lo que su hijo dijo papi cuelgue... cuelgue porque lo van a pillar .

No había dudas, Escobar se ocultaba en esa zona, la misma en la que había sostenido una reunión con Jhony Rivera Acosta, El Palomo , el 24 de noviembre de 1992, tres días antes de que el Bloque le diera alcance.

La comunicación, efectuada a la 1:30 de la tarde, duró tres minutos, tiempo suficiente para que los radiogonometros, aparatos adquirdos por el Bloque a agencias de seguridad británicas y estadounidense, ubicaran un sector específico: el barrio Los Olivos.

Hacia las 3 de la tarde se efectuó entonces una segunda llamada, pero esta vez la conversación fue en extremo corta. Ese día cuando las unidades llegaron hasta un sector de los Olivos, se encontraron con una calle en la que existen dos pasos peatonales que atraviesan las viviendas del sector de una vía a la otra.

Los persecutores recordaron entonces que en ese mismo lugar los agentes del Bloque habían perdido en numerosas ocasiones a familiares o contactos del capo.

Siempre bajo la misma estrategia: descender de un taxi, pasar rápidamente por entre las viviendas, llegar a la otra vía y tomar un nuevo vehículo.

Ese día los equipos de radiogonometría permanecieron en estado de alerta. Pero Escobar sabía de ese sistema estadounidense de triangulación de frecuencias.

Los investigadores lo sabían desde la fuga de La Catedral, en donde hallaron un ejemplar, propiedad de Escobar, de Peligro Inminente, del autor Tom Clancy. En sus páginas el Escobar había subrayado los apartes en las que se hablaba del sistema.

Los hombres del Bloque, sin embargo, habían empleado el sistema de radionometría sin éxito, pues la geografía antioqueña producía en los equipos fallas de distorsión y resonancia.

Por eso en ese capítulo de Aguas Frías, el 14 de octubre pasado, cuando Escobar escapó por última vez, los equipos arrojaron una falla de cuatrocientos metros a la redonda. Y cuando las unidades llegaron, el capo había escapado.

Radionometría criolla Desde entonces los oficiales del Bloque se habían dedicado a asociar el sistema, cuya matriz es la identificación de frecuencias para reducirlas a una área de extensión mínima, con la comparación de la información disponible sobre los bienes del cartel.

Ese miércoles 25 puntos específicos eran transitados una y otra vez por las unidades del Bloque.

Mientras ello ocurría, los cinco investigadores especializados en la lectura de los avisos clasificados de los diarios El Colombiano y El Mundo, periódicos que Escobar utilizaba para enviar mensajes y comunicar números, habían establecido 18 propiedades en la zona, todas sujetas a verificación y vigilancia. Cinco de las propiedades tenían antecedentes.

Ese miércoles, tras la última comunicación que apenas duró un minuto, los persecutores llegaron a una calle en la que tan solo había dos modestas viviendas. Sin embargo, cuando el nivel de intensidad en los radiogonometros era de 4, Escobar colgó el auricular.

El jueves, el día en que Escobar cayó abatido por las unidades del Bloque, el capo volvió a llamar. Esta vez los aparatos lo captaron con bastante fidelidad en la zona de Los Olivos.

Entonces preguntó a su hijo Juan Pablo si un periodista tenía las preguntas para hacer una entrevista. El jefe del cartel de Medellín le dijo entonces que próximamente le informaría de un número de fax a donde podría enviar el cuestionario.

Fue entonces cuando la frecuencia alcanzó la intensidad más alta en uno de los aparatos instalados en una patrulla que se aproximaba, lentamente, hacia la casa situada en la calle 79 No. 45D-94. Eran las 3:15 de la tarde...

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