LABERINTOS Y REFUGIOS AL FIN QUEDARON ATRÁS

LABERINTOS Y REFUGIOS AL FIN QUEDARON ATRÁS

Atrás quedaron las caletas, los túneles ocultos, los corredores secretos hasta de veinte metros entre habitaciones y baños a los cuales estaba habituado para lograr evadir la acción de las autoridades. Esta vez Pablo Escobar no logró alcanzar ninguno. No existían refugios en la residencia en que lo ubicó la Policía. Por eso su primera reacción fue abandonar el lugar que los seis hombres del Bloque de Búsqueda habían ocupado en segundos.

04 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Pero, a cambio de caletas, Escobar sí utilizó una de las vías de escape que el inmueble tenía en la parte superior. Intentó burlar a sus persecutores. Primero saltó por un balcón desde donde disparó a los agentes.

Luego, empleando un pequeño corredor que culminaba en el techo de la vivienda, alcanzó el tejado para saltar a una segunda casa. Corrió, disparó nuevamente.

Entonces intentó seguir en su fuga, pero se encontró de frente con dos policías que corrían en su dirección; allí disparó. El primer agente de la avanzada se tiró al suelo, mientras que el que venía atrás abrió fuego. Allí murió, en un tejado.

Y con Escobar también ha muerto una misteriosa historia de pasadizos y laberintos que al final no fueron suficientes para ponerlo a salvo de la muerte.

Esa estrategia del jefe del cartel de Medellín para eludir a las autoridades y salir, como por arte de magia, de los intensos cercos de las autoridades, fue la que obligó a modificar la táctica en las acciones de las unidades élites encargadas de su persecución en los últimos meses. Plomeros, electricistas, albañiles y otros constructores tuvieron que engrosar el Bloque de Búsqueda, dotados no sólo de valor y voluntad, sino de linternas, destornilladores, martillos y hombresolos. Todo bajo un fin: ayudar a dar con el paradero del capo y descubrir los pasillos secretos que solían servir, en más de una ocasión, de cómplices al capo.

Las caletas del cartel de Medellín, según informes en poder de las autoridades, empezaron a ser ubicadas a partir de la Operación Cocorná, efectuada en julio de 1990, cuando el propio Escobar y Jorge Luis Ochoa Vásquez, huyeron del cerco que les habían tendido unidades oficiales para capturarlos en la hacienda El Oro , en el Magdalena Medio.

Allí, dos meses después de lanzar la ofensiva inicial, los investigadores descubrieron pasadizos camuflados y cuatro vías de escape. Una de éstas permitió, a la postre, la fuga de los dos hombres y explicó los porqué de la fallida operación.

Puertas falsas En los quince meses de labor en procura de ubicar a Escobar, el Bloque de Búsqueda verificó que las caletas del capo incluían desde puertas falsas hasta pasadizos de veinte metros que conectaban con baños y habitaciones, a los que sólo se tenía acceso mediante el perfecto conocimiento de mecanismos electrónicos de tecnología avanzada.

Estos refugios, sin embargo, no constituyeron la única alternativa de escape y escondite del jefe del cartel de Medellín. En todos los casos, Escobar utilizó lo que las autoridades definen como fincas caleta , denominadas así porque en su diseño se habían previsto por lo menos cuatro vías de escape.

Esos lugares, en buena medida, garantizaron durante meses la seguridad del capo. Incluso, según las autoridades, aquellos pasadizos constituyeron sitios tan reservados que el mismo Escobar ordenó, en su momento, la desaparición sistemática de quienes diseñaron y construyeron los refugios.

Y es que para Escobar, cualquier lugar era adecuado para establecer una caleta. Se han localizado en muebles, chimeneas, piscinas, cielos rasos y el suelo de las edificaciones del cartel. En ocasiones, los mecanismos son manuales.

El jefe del cartel de Medellín les había puesto, incluso, a cada una su nombre: La Supersecreta , en el Magdalena Medio; El Hueco , en la vía a Las Palmas, en donde se planeó el retén en que fue asesinado un oficial de la Policía; La Rojita , en Girardota; y Los Lagos , en El Poblado.

Los investigadores lograron ubicar en Girardota, por ejemplo, una verdadera obra de arquitectura en una finca que tenía un túnel subterráneo que concluía al otro lado con una piscina. Como ésta se localizaron otras cuatro caletas en cuatro casaquintas en Envigado y El Poblado.

En las mismas caletas, Escobar utilizaba otros espacios para ocultar, según el Bloque de Búsqueda, armas o dinero. Estos, por lo general, se localizaban en muebles con doble cajón y difícilmente detectables.

Incluso, la Policía encontró caletas en La Catedral; las autoridades encontraron una caleta en la que se presume que permanecieron presos varios de los enlaces del cartel que Escobar ordenó asesinar en julio de 1992.

El refugio estaba en una habitación de la guardia penitenciaria. Y se accedía desde un cuarto de baño.

Duramos dos meses bañándonos en esos baños y nunca encontramos nada. Después descubrimos que por ambos se llegaba a una piecita con un baño y todo. Una vez un muchacho anduvo por detrás y se le fue el fusil en la pared. Así lo encontramos .

Todo ello, sin embargo, ha terminado.

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