PASAR LA CUENTA

PASAR LA CUENTA

Colombia está en todo su derecho de pasar una cuenta de cobro a los países consumidores de drogas por la muerte de Pablo Escobar. Es un episodio de la batalla; la consagración de una campaña bien estudiada, bien llevada y bien desarrollada para librar al país y posiblemente al mundo de peligrosos promotores de la industria del narcotráfico. Se olvida que los tres grandes han sido puestos fuera de combate. Casi nadie recuerda que Carlos Lehder fue extraditado y está preso en los Estados Unidos; la forma como fue muerto un sanguinario exponente de la mafia, Gonzalo Rodríguez Gacha, y finalmente la victoria de la ley sobre Pablo Escobar. A todos ellos los derrotó el poderío del Estado y para reducirlos, vivos o muertos, se utilizaron los medios que la ley entrega a las fuerzas del orden. Si miramos hacia atrás, a los días del ex presidente Barco cuando capturaban a Carlos Lehder y lo confinaban en una cárcel norteamericana, o la jornada que, gracias a un severo servicio de informació

04 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La tenacidad nacional obliga a que se pase una cuenta de cobro; a que los países golpeados por el consumo de la droga reconozcan el valor y la coordinación en la batalla empeñada para erradicar a las grandes organizaciones exportadoras de marihuana, cocaína, heroína y similares. La cuenta de cobro no es un ningún caso humillante, sino justificada. Que se vea a Colombia como el país que golpea al narcotráfico como casi ningún otro. Una parte de la batalla parece haber terminado con la destrucción de los tres más importantes personajes en este complejo mundo de la mafia. No fue una lucha de un día, de un mes, porque desde hace cerca de diez años el problema comenzó a tomar contornos de fenómeno muy difícil de manejar. La cuenta de cobro es que se hable bien de Colombia, de su Gobierno, de la organización y efectividad de los cuerpos armados. Todo ello lleva implícito un sano orgullo nacionalista y el deseo de recuperar la buena fama de tiempos pasados. No es que la exportación de cocaína termine. O que el consumo baje o suba. Es simplemente el hecho de probar ante el mundo externo y también ante los nacionales, cómo la muerte de Pablo Escobar no es solamente un episodio incidental sino otro frente más que se cubre y se gana desde aquel día en que los servicios de investigación capturaron a Lehder.

Debe servir todo este episodio, por triste y doloroso que sea, para reactivar la fe y poner oídos sordos a tantos comentaristas de prensa, radio y televisión, inclusive a esos simpáticos caricaturistas que tomaron como blanco preferido de sus críticas al Gobierno, a las Fuerzas Armadas, al Bloque de Búsqueda, sometiéndolos a toda clase de burlas y vejámenes. A veces la inteligencia con que la naturaleza dota a ciertos buenos escritores, sirve para distorsionar, desprestigiar y saciar una capacidad infinita de escribir bien para incurrir en injusticias. Todo ello de igual manera refuerza la urgencia de no caer en el escepticismo y pensar sí que la paciencia es el mejor camino para ganar buenas recompensas.

Fueron la paciencia y la técnica porque de esa manera colaboraron los adelantos tecnológicos con la buena experiencia humana los ingredientes principales del éxito logrado el jueves en la capital de Antioquia. A veces retribuye más guardar serenidad que dar rienda suelta a expresiones que a muchos gustan, o al gozo morbosopor el fracaso de los demás. Por ahora esperamos que en el exterior se hable bien de las instituciones colombianas. Se lo merecen.

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