AL GUSTO DE BRECHT

AL GUSTO DE BRECHT

Para celebrar sus 25 años de actividad, el Teatro Popular de Bogotá escogió una obra que tiene plena vigencia: temas como la violencia, la imposibilidad de ser sí mismo en una dimensión de amor y bondad, y la necesidad de recurrir a las máscaras para no hundirse en un mundo injusto, son cotidianos en este final del siglo. Bertolt Brecht empieza a trabajar en teatro en 1918, después de abandonar su carrera de medicina. Se forma en el teatro épico entre las dos guerras mundiales, pero en 1933 se va como desterrado a Estados Unidos donde vivie hasta 1948, en plena guerra fría, hasta que el Tribunal de Actividades Norteamericanas creado por Macarthy lo condena por tener ideas revolucionarias y lo devuelve a Berlín donde subvencionado por el Estado crea el Berliner Ensemble. Allí trabaja hasta su muerte, en 1956, buscando siempre romper el caparazón del realismo que a fines del siglo XIX era casi obligatorio en el teatro. Su visión del mundo es épica en el sentido que se ocupa de los g

05 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La honesta persona de Sechuán toca, como todas sus piezas, un aspecto profundo de la condición humana. Tres funcionarios del gobierno tienen como misión encontrar personas honradas y dan con Shen-Te, una mujer que pese a ser prostituta les confiesa su oficio. La escogen entonces por ser honrada y ahí comienza el drama de una mujer que se ve forzada a actuar como lo que no es; es decir, de una manera dura y a veces injusta, para proteger al ser dulce y sensible que la caracteriza. Es una obra que retoma uno de los dilemas más antiguos de la humanidad, porque el personaje central está permanentemente entre el bien y el mal, características que se muestran aquí como complementarias de una misma esencia. Porque, la transparencia para Brecht es un ideal imposible de alcanzar puesto que el ser humano es una mezcla inevitable de honradez y al mismo tiempo de trampa y dureza. La mujer honesta no es entonces tan honesta como parecería en un comienzo y los integrantes de la comisión sufren una terrible decepción porque tenían todas sus esperanzas centradas en la honestidad de Shen-Te.

Montaje adecuado La escenografía de José Santiago Silva es una combinación de lugares ingeniosos, como las cajas de cartón que semejan casas viejas y desgreñadas, y la tienda móvil del protagonista que, según la escena, es colocada de diferentes maneras. En el intermedio, un rollo de papel que cubre de un lado a otro el escenario donde el personaje indigente escribe con un marcador intermiedo , es una manera simbólica para interrumpir la obra. En el segundo acto, cambia por completo la escenografía que se convierte en una fábrica de tabaco, muy bien lograda, donde los obreros trabajan en cadena, manteniendo un ritmo musical de un trabajo pesado.

Todos los actores interpretan muy bien su papel, pero sobresale Fabiana Medina quien hace el doble papel protagónico de Shen-Te y de Shui-Ta. Su lenguaje corporal que se sitúa más que todo en el campo de la danza, es muy hermoso y al cambiar de personaje constantemente, asume de una manera íntegra la caracterización de cada uno. Jaime Barbini, en el papel del aguador, representa la transformación que hizo Brecht del coro griego en narrador. Es él quien va contando la historia y a la vez se involucra en ella como el mejor amigo de Shen-Te. De los demás actores sólo se puede decir que interpretan a cabalidad su papel.

El director mexicano Luis de Távira, que también hace la versión de la obra, sigue todos los pasos como le hubiera gustado a Brecht: todos los personajes tienen, por ejemplo, máscaras que remiten al teatro griego aunque sus vestidos son contemporáneos. En medio de la seriedad de los planteamientos, el director introduce notas de humor, como la actriz que anda en zancos o la madre del aviador que tiene trazos de bufón en su maquillaje y en su facha en general.

La música es otro ingrediente esencial a lo largo de toda la obra. El conjunto es muy bueno y está integrado por Raúl Gómez, Eduardo Jiménez, Juan Pablo Díaz, Carlos Mario Fajardo y Juan Mario de la Espriella, quienes tocan respectivamente la batería y la percusión, la guitarra, el bajo y la viola, el saxo y la flauta, y el acordeón. Para terminar, sólo queda decir que la producción del TPB, que estará en cartelera hasta el 11 de diciembre, es excelente en todo nivel y que además cumple todas la especificaciones del teatro épico o dialéctico en el que Brecht enmarcaba sus obras.

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