ECHADAS PA LANTE

ECHADAS PA LANTE

Las mujeres procedentes de América Latina, que en muchos casos, a su pesar, se han convertido en las nuevas empleadas de los hogares españoles, intentan habituarse a la sociedad de la que ahora forman parte y prepararse académicamente para acceder a mejores puestos de trabajo. Centenares de mujeres de Chile, Perú, Colombia, Argentina, República Dominicana y Brasil intercalan sus tareas domésticas diarias con cursos nocturnos que contienen módulos de aproximación a la cultura española, derechos y deberes de los inmigrantes, régimen del servicio doméstico y nociones de autoempleo, entre otros.

03 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La iniciativa de formar académicamente a mujeres inmigrantes y facilitar así su integración social partió, hace tres años, de la Federación de Mujeres Progresistas de España, que ofrece gratuitamente los servicios de sus gabinetes de orientación laboral y legal y ha puesto en marcha el Programa Mujer Inmigrante, cuyos cursos se imparten cada jueves y domingo, normalmente días de descanso de las empleadas domésticas.

Millares de inmigrantes, también procedentes de Marruecos, Portugal y de Africa Subsahariana, han asistido al programa, que se desarrolla en Madrid, Sant Boi y Premia del Mar (Barcelona), Málaga, Pontevedra y Santiago de Compostela.

Los cursos tienen como objetivo proporcionar la igualdad de derechos de oportunidades y erradicar la doble discriminacion que sufren: de un lado, por ser mujer y, del otro, por ser inmigrante.

La mayoría de las inmigrantes, que la Dirección General de Migraciones calcula en casi 23.000, desempeñan tareas del hogar, a excepción del colectivo argentino, dado que su nivel cultural acostumbra a ser más elevado, aunque muchas de las actuales criadas latinaomericanas poseen títulos universitarios.

Algunas de las mujeres participantes en los cursos aceptan que existen dificultades para encontrar un empleo, aunque rechazan que ello sea debido a cuestiones relacionadas con el color de su piel; piensan que más bien se debe a su diferente preparación académica y a su escaso conocimiento del mercado laboral español.

Genina, una joven brasileña que reside en España desde hace tres años y que abandonó su país por la mala situación económica que atraviesa, explicó que asiste a los cursos porque le proporcionan la preparación necesaria para montar un negocio propio más adelante y dejar su actual trabajo de empleada doméstica.

Teresina, una dominicana que también está empleada en una casa de Madrid, dijo que el cambio de país le resultó traumático porque en Santo Domingo impartía clases en un colegio público, mientras que ahora tiene que adaptarse a un trabajo por debajo de sus posibilidades, además de echar en falta a sus hijos y esposo.

La mayoría de las mujeres inmigrantes, a excepción de las argentinas, llegan solas a España y sufren graves depresiones por la ausencia de sus familias, lo que en ocasiones incluso les lleva a tener pensamientos de suicidio.

De un lado, saben que el retorno a sus países de origen no es posible por las penurias económicas que padecen sus familias y, de otro, su permanencia en España se hace cada vez más difícil por los sentimientos de soledad que les invaden.

Las relaciones con las señoras de las casas donde trabajan acostumbran a ser buenas y perciben un sueldo medio de 75 mil pesetas (casi medio millón de pesos), cantidad que es enviada casi íntegramente a sus hogares de origen.

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