AÑO Y GOBIERNO NUEVOS EN BRASIL

AÑO Y GOBIERNO NUEVOS EN BRASIL

La llegada de 1995 representa para los brasileños mucho más que un simple cambio de año. En realidad, marca el fin de una etapa convulsionada e impredecible de su historia, que por obra del azar parece haber tenido final feliz.

31 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Mañana por la tarde el social-demócrata Fernando Henrique Cardoso se posesiona como presidente del país más grande de América Latina bajo una coyuntura inusual: tras décadas de inestabilidad económica, Brasil tiene desde hace cinco meses una inflación que no supera el 3 por ciento al mes, sus reservas están por encima de los 40 billones de dólares, su balanza comercial es envidiable y cierra el año con un crecimiento cercano al 5 por ciento.

El gobierno que Fernando Collor de Mello inauguró hace cinco años y que se interrumpió por una decisión del Congreso apoyada por la inmensa mayoría de la población, ya pertenece al pasado.

El país entero flota en un ambiente de optimismo y buena energía como hace tiempo no se veía. Dos, por lo menos, son las razones: los buenos augurios que acompañan al nuevo mandatario y los resultados sorpresivos -y sorprendentes- de la administración de Itamar Franco.

La obra de Itamar Franco Tímido y temperamental, poco cosmopolita, gallinazo, impredecible y enigmático, el presidente Itamar Franco llegó al poder por obra del azar.

Aceptó la candidatura a la vicepresidencia en 1989 cuando Collor tenía el 2 por ciento de las intenciones de voto. Me decían que estaba loco , recuerda ahora. Sin un partido definido, sin mayor popularidad y, sobre todo, sin el más mínimo deseo de llevar la batuta, Franco sobrevivió como vicepresidente a los tres años de gobierno Collor con posiciones cada vez más divergentes y con la única esperanza de jubilarse rápido. La mayor parte de las decisiones de Gobierno las conozco por los periódicos , decía en su época.

De la noche a la mañana, en septiembre del 92, al vicepresidente le tocó sentarse en la silla presidencial. Lo que pasaba por su cabeza en aquel traumático momento era un misterio para los brasileños, que lo veían apenas como un político de bajo perfil y pocas aspiraciones aunque con una importante virtud: su honradez comprobada.

Se supo rodear A tropezones en el comienzo, y con un estilo de gobierno más emocional que racional, Franco metió el gol de su vida cuando escogió a Fernando Henrique Cardoso primero como Canciller y después como Ministro de Hacienda.

Con precisión de relojero, Cardoso se adaptó al temperamento variable de Franco y de ese matrimonio resultó el plan económico que parece haber sacado al país del caos inflacionario en que estaba sumido hace casi 30 años.

Así como al nuevo presidente le corresponden los méritos de haber diseñado e instrumentado el programa de ajuste económico, a Itamar Franco le cabe el crédito de haber dejado hacer al equipo responsable por la finanzas y haber persistido en un estilo discreto, carente de vanidad y francamente torpe en materia de marketing, tan diferente del de Fernando Collor.

Analistas y periodistas se concentran por estos días en descubrir cómo, en contra de todas las predicciones, el gobierno de Itamar Franco salió bien librado y metió al pueblo brasileño en una especie de cadena de energía positiva que si no cambia la realidad, al menos crea condiciones para que los ciudadanos ayuden a empujar el carro del progreso. Las opiniones, sin embargo, están divididas.

Hay quienes, como el columnista Ricardo Amaral, piensan que no hay duda de que el gobierno acertó, aunque el presidente no tiene ni idea por qué. Otros, como el prestigioso ensayista Roberto Pompeu de Toledo, piensan en cambio que virtudes como la honradez, la humildad y la sincera devoción a la democracia, hicieron de Franco un mandatario excepcional, comparado con muchos de sus predecesores.

En cualquier caso, los resultados están a la vista: la inflación en diciembre estuvo por debajo del 2 por ciento; en el último mes el comercio registró un crecimiento en sus ventas del 40 por ciento con respecto al año pasado y, por si fuera poco, el precio de la gasolina ha bajado dos veces en el último semestre.

En el campo político, Itamar Franco logró nada menos que elegir a su antiguo ministro como sucesor, y aunque dejó hundir una importante reforma constitucional, consiguió gobernar con un Congreso atomizado y boicoteado por la oposición y la corrupción.

Para ser un gris político de provincia, Franco resultó más hábil y afortunado de lo que cualquier brasileño pensaba. Si no, que lo digan sus 82 puntos de popularidad, un récord para cualquier gobierno saliente que está ahí, en las encuestas, digan lo que digan los demás.

Con el 90 por ciento de popularidad El ingeniero Itamar Augusto Cautiero Franco pasará a la historia como el hombre que encaminó a Brasil hacia el desarrollo y el crecimiento en uno de los momentos más críticos de su historia.

Prudente, cauteloso, cálido y de una honestidad incuestionable, el presidente que entregará la faja presidencial mañana culmina su gestión de dos años con una aprobación popular del 90 por ciento, de la que disfrutan pocos gobernantes iberoamericanos.

Dos días antes de entregarle el país a su sucesor, Franco pidió a sus compatriotas que le den todo el apoyo a la tarea de su sucesor, el social demócrata Fernando Henrique Cardoso.

Podemos partir con la conciencia tranquila y la alegría de haber cumplido el deber para con la patria , expresó Franco, ingeniero civil de 64 años, tras destacar la honradez y la eficiencia de su equipo de Gobierno.

Después destacó los beneficios del plan de estabilización económica puesto en marcha en junio de este año con el impulso de Cardoso, quien le acompañó en el gabinete, primero como titular de Relaciones Exteriores, y después como ministro de Hacienda.

Al despedirme de mis compatriotas, quiero pedirles que den todo el apoyo a mi sucesor. El, con su espíritu de liderazgo, su visión del Estado y su innegable patriotismo, fue uno de los grandes responsables de los resultados que obtuvimos , subrayó el presidente saliente.

Cardoso, que será el segundo presidente de Brasil elegido por el voto popular tras el fin del régimen militar (1964-1985) fue descrito ayer por Franco como un hombre con grandes capacidades y muy inteligente.

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