1995, AÑO DE LA DIGNIDAD Y LA PAZ

1995, AÑO DE LA DIGNIDAD Y LA PAZ

El Presidente Ernesto Samper Pizano hizo anoche un llamado a la guerrilla para respete las normas sobre la humanización de la guerra y dijo que esa será una condición básica para que 1995 se convierta en el año de la paz.

31 de diciembre 1994 , 12:00 a. m.

Confió el Jefe del Estado en que pronto llegará el día en que Colombia pueda invertir en la paz todo lo que actualmente se está gastando en la guerra.

Al hacer un análisis de la situación actual de las tasas de interés en el mercado financiero, le dio un tirón de orejas a los banqueros.

Dijo que especular con el dinero, como lo hacen algunos intermediarios financieros, es como jugar con gasolina en la mitad de un incendio.

En una alocución televisada, Samper dirigió al país el siguiente mensaje: Colombianos: Me dirijo a todos ustedes al terminar este año de 1994, un año lleno de avances.

Les confieso que a mí me gustan mucho las celebraciones de esta época, especialmente la Navidad, que es de los niños, de la familia, de los recuerdos gratos.

Como estos son tiempos de confesiones, permítanme entonces confesarles que me siento muy orgulloso de ser Presidente de Colombia, una responsabilidad que estaba buscando, como se lo dije hace algunos días a unos niños que me entrevistaron, desde cuando tenía 6 años de edad.

Los colombianos formamos una nación honesta, trabajadora y dinámica pero sobre todo, una nación digna, una nación que puede mirar con optimismo su futuro inmediato.

Año de la dignidad El año de 1995 lo vamos a convertir en el año de la dignidad nacional.

Colombia, nuestro país, es el mejor país del mundo para que crezcan nuestros hijos, para que se cumplan nuestros sueños y para enterrar a nuestros viejos. Tenemos una nación con grandes posibilidades, con gente buena, gente trabajadora, creativa y honesta, que ha superado con valor y decisión grandes adversidades.

Mi estadía en España, como embajador, me permitió comprobar que no hay persona que critique más su país cuando vive en él que el colombiano, ni persona que lo añore más, cuando está en el extranjero, que ese mismo colombiano.

Yo he visto compatriotas en el exterior llorar escuchando a Carlos Vives y sufrir añorando en estas épocas navideñas un sancocho, un buñuelo, un tamal o un buen plato de ajíaco. Así somos: sentimentales, orgullosamente sentimentales de ser colombianos, sentimentales como un buen bambuco, una cumbia, un joropo o un vallenato.

Tenemos el deber de seguir construyendo ese país digno del cual se puedan sentir orgullosos nuestros hijos. Lo vamos a hacer dejando de lado el egoísmo y la indiferencia. Busquemos en la profundidad de nuestras almas y tomemos el camino de los valores que nos definen como nación y que nos permitirán construir la patria digna y pacífica que todos soñamos: el valor de la tolerancia, el valor de la honestidad, el valor del trabajo duro, el valor de la solidaridad.

Apoyados en todos esos valores, trabajaremos para construir el edificio espiritual de Colombia.

Crecimiento económico En 1995 seguiremos luchando por la gente, pensando en la gente y desarrollando los programas de beneficio social cuyas bases dejamos sentadas en estos primeros meses de gobierno.

La economía creció en 1994 en una cifra cercana al 6 por ciento, un crecimiento que hoy envidian muchos países del mundo. El año entrante creceremos una cifra similar.

De poco o nada nos sirven estos logros de crecimiento, si no conseguimos que se repartan mejor y entre un mayor número de colombianos, que no se queden en pocas manos; si no conseguimos que los campesinos vivan mejor y que haya un mayor número de bachilleres que puedan ingresar a la universidad; si no conseguimos que las madres cabezas de familia tengan un alivio en su difícil condición y que los jóvenes consigan empleo.

Vamos a conseguir que al terminar estos cuatro años de salto social surja en Colombia un nuevo ciudadano, el ciudadano del siglo XXI: más participativo en lo político, más productivo en lo económico, más solidario en lo social y más orgulloso de ser colombiano.

Para repartir mejor el crecimiento, mi gobierno ha diseñado la estrategia del salto social, que ya ha comenzado a funcionar y que empezará a dar sus primeros frutos en el año de 1995.

Pacto social El salto social es más y mejor educación, el salto social es más y mejor salud; el salto social es empleo; el salto social son 600.000 nuevas soluciones de vivienda; el salto social son pensiones para los ancianos indigentes y apoyos nutricionales para los niños.

Dentro de esta nueva política social gobierno, trabajadores y empresarios firmamos en el mes de diciembre el pacto social, que nos permitirá reducir las expectativas inflacionarias para que el salario de los colombianos sí alcance el año entrante.

Si permitimos que cada quien ajuste los precios que dependen de su voluntad, como le venga en gana, la inflación se desbocará como un caballo sin riendas.

Por el contrario, si todos, como lo propone el pacto, nos comprometemos en una meta y la cumplimos, la inflación bajará para todos y nuestros pesos alcanzarán para comprar más y más barato.

En el mes de enero, por ejemplo, no habrá la tradicional y casi diabólica cascada de alzas. El gobierno no elevará los precios de la gasolina, como se hacía tradicionalmente cada primero de enero, desatando una cadena de aumentos en todos los precios. Lo haremos en el curso del año, de manera gradual y por debajo de la tasa esperada de inflación.

El pacto obviamente tiene algunos enemigos. Uno de ellos son las altas tasas de interés.

Estoy pendiente de la efectividad de algunas medidas que debe adoptar el Banco de la República, en coordinación con el Gobierno, en relación con el tema de las tasas de interés. Con tasas como las actuales, no podemos seguir creciendo sanamente.

Especular con el dinero, como se está haciendo por algunos intermediarios financieros, es como jugar con gasolina en la mitad de un incendio. Si estas medidas no operan, o no lo hacen con la efectividad requerida, no vacilaré en intervenir hasta donde sea posible y necesario, el mercado de dinero para que su costo se ajuste a unas condiciones razonables.

No vamos a permitir que el esfuerzo productivo de miles de colombianos sea objeto de esta peligrosa especulación financiera.

Perspectivas de paz Permítanme unas referencias finales a un tema que a todos nos preocupa: el tema de la paz. El año entrante seguiremos trabajando por la paz de Colombia. Si a Colombia le logramos quitar el freno de la violencia, su futuro será el de una de las naciones más dinámicas del mundo.

En 1995 vamos, por ello, a tratar de que la paz deje de ser un sueño, que se convierta en un desafío y ojalá, muy pronto, en una realidad.

En el mes de noviembre presentamos una iniciativa de paz que empieza por invitar a todos los alzados en armas a que, siguiendo los lineamientos del Protocolo II, aprobado por el Congreso de la República, empecemos por humanizar la guerra.

Humanizar la guerra es sacar a la población civil inocente de en medio del conflicto. Humanizar la guerra es evitar que se repitan jamás en nuestra patria hechos como los sucedidos aquí en Cartagena o unas semanas antes en el Cauca, donde perecieron y fueron incinerados niños inocentes.

Humanizar la guerra es evitar que estas circunstancias, en que pagan justos por pecadores, se vuelvan a presentar.

Qué culpa de la guerra tiene la niña cartagenera Estefanía, con su cuerpo de 6 años quemado totalmente, quien hoy se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Bogotá? Si no alcanzamos todavía a conseguir la paz, si la paz se demora, los grupos alzados en armas deberían al menos comprometerse a que no haya más secuestros, ni minas quiebrapatas, ni atentados terroristas, ni niños sacrificados.

El gobierno que presido se ha comprometido a respetar las normas humanitarias de Ginebra, como parte de la nueva política de respeto a los derechos humanos y espera una actitud similar por parte de los grupos subversivos.

Seguiremos trabajando por la paz sin tregua ni descanso. Llegará el día en que todo lo que estamos gastando en la guerra lo podamos invertir en la paz.

La paz es empleo, la paz es seguridad en las calles de las ciudades, la paz es el campo de nuevo trabajando, la paz es educación, vivienda y justicia para un mayor número de ciudadanos.

Colombianos: Dignidad, pacto social y paz son tres motivos de reflexión para el año nuevo que empezará en pocas horas.

Dignidad para que todos nos sintamos y no dejemos de sentir jamás, orgullosos de seguir siendo colombianos.

Pacto social para que nuestros salarios rindan a la medida de nuestras necesidades.

Salto social para que por fin mejoren las condiciones de vida de millones de compatriotas.

Paz para que podamos sentirnos libres del miedo y socios para siempre de la esperanza.

En nombre de Jacquin, Andrés, Miguel y Felipe les deseo a todos y cada uno de ustedes y a sus familiares un año nuevo lleno de prosperidad y de cosas buenas. Que el Dios de Colombia, nuestros propio Dios de fe y de amor, nos ilumine para seguir adelante, para que construyamos juntos, entre todos, el tiempo de la paz, el tiempo de la gente .

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